Osvaldo Laport se fue de un restaurante sin pagar la cuenta

El testimonio de Alejandra Camargo, tanto el que radicó en su denuncia en una comisaría de San Luis como en las palabras que acercó en un móvil televisivo, se centra en el hecho de que Osvaldo Laport dejó su restaurante (La Española) negándose a pagar la cuenta de los tragos consumidos por sus acompañantes, entre vasos de whisky y coñac de primera marca.

La dueña del local también hizo foco en el argumento que esgrimió el actor: como le habían solicitado varias fotos (incluso una con Camargo), a las cuales accedió gentilmente, dio por abonado el importe, a modo de canje. Ni los 3500 pesos originales, ni los 1500 a los que llegó tras pedir un descuento: Laport entendió que sus instantáneas valían lo que estableciera la cuenta.

No obstante, Alejandra narra -casi como al pasar- que Laport la sujetó de un brazo en el fragor de la discusión, cuando ella le exigía que abonara lo que correspondía. Ese entredicho se dio a los gritos, con insultos: “Yo tengo huevos y no voy a pagar”, habría dicho el actor; “Yo tengo ovarios más grandes que tus huevos”, habría sido el retruque de Camargo, quien además aseguró que Laport estaba borracho.

Es el abogado de la mujer, Alfonso Verges, quien introduce la figura de violencia de género. Luego de haber adelantado que ampliarán la denuncia en la fiscalía, solicitando además una audiencia con el actor, Verges dijo que tenían pruebas: las imágenes tomadas por la cámaras de seguridad del negocio. Una captura de esas filmaciones fue mostrada en el programa Pamela a la tarde, de América. Si bien es difusa y en blanco y negro, allí efectivamente se observa a Laport tomándola del brazo.

Luego de varios días (el hecho sucedió en la noche del sábado y se hizo público este martes), Laport rompió el silencio. “No hay ninguna denuncia sobre violencia de sexo porque además no existió. Es una brutalidad todo eso”, empezó advirtiendo el actor.

Pese a aclarar que debía medir sus palabras (“Mucho no puedo hablar”, dijo), y que estaba a disposición de la Justicia (“¡Qué tremendo tener que decir esto…!, pero bueno, es así”, lamentó), explicó que inició una demanda por calumnias e injurias contra Camargo y su marido, quien también estuvo involucrado en el episodio. Según Laport, “hay muchas contradicciones” en sus testimonios.

También repudió el accionar que esa noche tuvieron “los patovicas” del local, a quienes describió como “40 monos en jaque”. Y contó que luego de lo ocurrido, regresó al hotel con sus acompañantes (parte del equipo de la obra Rotos de amor, en cuya gira lo llevó a San Luis) de manera absolutamente tranquila. “Vinimos por la calle, sorprendidos y hasta haciendo chistes”, afirmó, y pidió que antes de que se emitiera un juicio público contra su persona, se evaluaran “cuáles son los antecedentes de un artista de muchos años”. “A veces, transitar por la vida haciendo el bien, hace mucho ruido”, concluyó.