A 31 años de la muerte de Carlos Monzón, su hija Silvia habló desde un lugar íntimo y sereno sobre la relación que los unía. Aseguró que, pese a los altibajos propios de cualquier vínculo entre padres e hijos, nunca quedaron cosas pendientes por decir. “Gracias a Dios no me quedó nada por hablar con mi papá”, expresó, destacando el lazo especial que compartían, potenciado por ser la única hija mujer. Aunque Carlos no era demostrativo, Silvia afirmó que sabía interpretar cada gesto y cada palabra como muestras claras de amor.
Silvia recordó pequeños actos cotidianos que reflejaban el cariño de su padre: regalos guardados especialmente para ella o para su hija, dulces que nadie podía tocar porque tenían destinatario. “Era muy genuina la relación”, remarcó, subrayando una conexión basada más en hechos que en palabras.
El domingo que lo cambió todo
La noticia del accidente que terminó con la vida de Carlos Monzón la sorprendió lejos de Santa Fe, mientras veraneaba en las Cataratas del Iguazú. Entre la confusión, la angustia y la esperanza de que no fuera grave, el viaje de regreso se transformó en una pesadilla. El impacto final llegó al reencontrarse con su familia y confirmar la tragedia. “Fue un shock muy tremendo”, recordó, aún conmovida.
Con el paso del tiempo, Silvia decidió no profundizar en las versiones sobre las causas del accidente. Eligió un camino de aceptación para poder sanar. “Dejé todo en manos de Dios”, explicó, convencida de que insistir en detalles dolorosos solo prolongaba el sufrimiento. Ese proceso la llevó a iniciar una nueva etapa de vida, regresar a Santa Fe y formar una familia, sin dejar nunca de llevar a su padre en el recuerdo.
Monumentos y homenajes pendientes
Silvia también se refirió al estado del monumento ubicado en el paraje Los Cerrillos, lugar del accidente, y explicó las dificultades políticas y administrativas que impidieron su mantenimiento. Contó que la estatua fue retirada por la propia familia ante la falta de acuerdos y que actualmente se evalúan alternativas para recuperar el homenaje, ya sea reinstalándolo o mediante una gigantografía que preserve la memoria del ídolo.
Agustín Monzón y el legado familiar
Otro momento destacado de la entrevista fue su mirada sobre la pelea de su hijo Agustín Monzón frente a Franco Bonavena. Silvia confesó el temor lógico de madre, pero también el orgullo por el desafío asumido. Resaltó la valentía, los valores y la genética familiar que, según ella, se manifestaron en el ring. “Defendió el honor”, afirmó, aclarando que no se trata de una carrera boxística, sino de una experiencia puntual.
Criada en el ambiente del boxeo, Silvia mantiene contacto permanente con referentes históricos del deporte, aunque reconoce que el boxeo actual es muy distinto al que vivió junto a su padre. Observa con distancia el fenómeno del boxeo recreativo y mediático, impulsado por redes sociales y plataformas digitales, y se muestra crítica ante una exposición que, según su mirada, muchas veces antecede al mérito deportivo.
La serie sobre Carlos Monzón: una herida abierta
Consultada por la serie televisiva basada en la vida de su padre, Silvia fue contundente: no le gustó y no la terminó de ver. Explicó que no fue lo acordado y que se priorizó un enfoque policial por sobre la historia deportiva y de superación que ella esperaba. Si bien aceptó que se trataba de una ficción, cuestionó la imagen que se construyó de Carlos y el impacto que eso tuvo en su familia, especialmente en su hijo Agustín.
Pese a todo, Silvia valoró profundamente que, a más de tres décadas de su muerte, Carlos Monzón siga siendo recordado. “Eso es lo que siempre pregoné: que el deportista que fue mi papá siga vigente”, concluyó, emocionada por el cariño de la gente y convencida de que el verdadero legado de su padre vive en los valores, la fortaleza y la identidad que transmitió a las nuevas generaciones.
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