El cierre de kioscos en la Argentina avanza a un ritmo alarmante. Según datos de la Unión de Kiosqueros de la República Argentina, alrededor de 50 comercios del rubro bajan la persiana cada día, lo que equivale a unos 1.500 cierres mensuales. La estadística refleja el impacto directo de la crisis económica en uno de los sectores más tradicionales y extendidos del país.
La realidad se siente con fuerza en los barrios. Así lo contó Sandro Kogan, kiosquero desde 2008 y trabajador en Caballito, quien aseguró que el desplome del consumo es evidente: “La gente no tiene dinero en el bolsillo y no te compra en tu kiosco”. En diálogo con EME Medios, explicó que incluso en zonas con alto tránsito la situación es crítica: “Estoy en pleno barrio Caballito, con cinco paradas de colectivos, y no compra nadie”.
Kogan detalló que las ventas actuales no alcanzan para cubrir los gastos básicos del negocio. “Cajas de menos de 100.000 pesos, trabajando 12, 14 o hasta 16 horas por día. Uno sale sin siquiera estar hecho”, afirmó, y remarcó que el problema se agrava por la suba de tarifas y costos fijos: “Al levantar la persiana ya tenemos un gasto fijo, y la luz subió muchísimo”.
El kiosquero también puso el foco en el deterioro del entramado comercial barrial: “Todos los días me entero de un comercio nuevo que cierra. No hablo de cadenas ni franquicias, hablo del kiosquero de barrio, del comerciante de toda la vida”. Según describió, la caída de actividad se percibe incluso fuera del rubro: “Las calles están vacías, a las seis de la tarde ya no camina nadie, cosa que nunca pasó”.
Finalmente, Kogan resumió el clima social que atraviesan los pequeños comerciantes: “Estamos trabajando para pagar gastos. No hay plata circulando en la calle y no hay esperanza de que cambie el rumbo económico”. Un diagnóstico que explica por qué, día tras día, los kioscos —símbolo del comercio de cercanía— se suman a la lista de persianas bajas en todo el país.





