Cada 14 de febrero se conmemora el Día Mundial de las Cardiopatías Congénitas, principal causa de mortalidad dentro de las malformaciones congénitas, con una incidencia estimada de entre 10 y 12 casos por cada mil nacidos vivos. En Santa Fe, el abordaje se articula a través del Programa de Cardiopatías Congénitas del Ministerio de Salud, con intervenciones que se realizan en los hospitales José María Cullen y de Niños “Dr. Orlando Alassia”, en la capital provincial, y en el Provincial del Centenario y el de Niños “Víctor J. Vilela”, en Rosario.
Más capacidad, menos derivaciones
El fortalecimiento del programa se refleja en los indicadores. En 2023 se realizaron 140 procedimientos; en 2024, 144; y en 2025, 150, de los cuales 76 fueron cirugías a cielo abierto y 74 intervenciones por hemodinamia.
“La decisión del gobernador Maximiliano Pullaro fue no solo sostener, sino ampliar este programa para que cada santafesino acceda a un tratamiento de alta complejidad sin importar dónde viva”, afirmó la ministra de Salud, Silvia Ciancio.
El aumento de la capacidad resolutiva se tradujo en una caída sostenida de las derivaciones a efectores de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires: cinco en 2023, tres en 2024 y solo una en 2025. Las cirugías en adultos, además, pasaron de tres en 2023 y 2024 a nueve el año pasado.
Un punto de inflexión fue la puesta en funcionamiento, en octubre, del angiógrafo digital Philips Azurion 5 en el Hospital Alassia. Su habilitación en el servicio de Hemodinamia, coordinado por Javier Coggiola, evita traslados para la recuperación y amplía las posibilidades de intervención en otras especialidades pediátricas, como electrofisiología, neurointensivismo y accesos vasculares complejos. Desde su instalación se realizaron 20 procedimientos y se incrementaron las interconsultas y ateneos multidisciplinarios.
El equipo de la capital trabaja, además, de manera itinerante, con el objetivo de que los procesos asistenciales se desarrollen lo más cerca posible del entorno familiar. El programa cuenta también con el acompañamiento de la Fundación de Cardiopatías Congénitas.
Un cambio en la vida cotidiana
Nereo fue uno de los primeros pacientes intervenidos con el nuevo angiógrafo. Su tratamiento combinó cateterismo y cirugía, coordinados por el equipo de Hemodinamia.
Tras pasar por terapia intensiva y luego por sala común, recibió el alta a las 48 horas.
“Hasta esta cirugía no tenía una buena calidad de vida. Ahora hace una vida normal”, cuenta su madre. Un mes después de la intervención volvió a andar en bicicleta. “Para otros puede ser algo habitual, pero para nosotros era volver a empezar”, resume.
La diferencia, subraya, no fue solo tecnológica. “No solo le salvaron la vida, le dieron una mejor calidad de vida y esperanza”. También destaca el acompañamiento del equipo médico durante la intervención y la recuperación. “Yo no te voy a dejar sola”, recuerda que le dijo la cirujana mientras aguardaban novedades.
Tras experiencias previas fuera de la provincia, valora especialmente la posibilidad de atenderse cerca de casa. “No tener que viajar tan lejos para un control o una consulta es muy importante”. Hoy sintetiza el presente de su hijo con una metáfora: “Ahora el diagnóstico es como la luz verde del semáforo. Podemos seguir adelante y estar tranquilos”.
Formación continua y abordaje integral
Otro eje del programa es la formación permanente de los equipos locales junto al doctor Pablo García Delucis, quien participa en cirugías complejas con profesionales santafesinos y su equipo procedente de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
La doctora Florencia Núñez subrayó que “es fundamental seguir formándonos, porque surgen nuevas técnicas, métodos diagnósticos y herramientas por imágenes que mejoran la atención”. Y añadió que el programa permite “abordar todas las edades del paciente con cardiopatía, desde la etapa prenatal hasta la adultez, acompañándolo durante toda su vida”.
En 2025, el Hospital Cullen concretó además la primera cirugía de Ross en un adolescente de 17 años. La técnica consiste en utilizar la válvula pulmonar del propio paciente para reemplazar la aórtica enferma y colocar en su lugar una válvula de donante, una solución biológica que crece con el paciente y evita la anticoagulación crónica.








