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Glaucoma: la enfermedad silenciosa que puede causar ceguera y que muchos argentinos aún desconocen

Especialistas alertan que gran parte de la población no se realiza controles oftalmológicos y destacan la importancia de detectar a tiempo esta patología

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El glaucoma es una enfermedad ocular que avanza de manera silenciosa y puede provocar pérdida irreversible de la visión si no se detecta a tiempo. A pesar de su gravedad, en Argentina persiste un alto nivel de desconocimiento: la mitad de la población no sabe qué es esta patología y una proporción significativa no se realiza controles oftalmológicos periódicos.

La advertencia surge en el marco de la Semana Mundial del Glaucoma, que se desarrolla entre el 8 y el 14 de marzo, una iniciativa que busca concientizar sobre la detección temprana de una enfermedad que representa la principal causa de ceguera irreversible en el mundo.

El glaucoma afecta al nervio óptico, encargado de transmitir al cerebro las señales que permiten la visión. Al tratarse de una enfermedad progresiva y generalmente sin síntomas en sus etapas iniciales, muchas personas llegan al diagnóstico cuando el daño ya es permanente.

Según estimaciones internacionales, más de 80 millones de personas viven con glaucoma en todo el mundo. Sin embargo, aproximadamente la mitad de quienes lo padecen no lo sabe. En Argentina, más de un millón de personas conviven con esta enfermedad, que afecta a más del 6% de la población mayor de 40 años y a cerca del 10% de los mayores de 70.

“El glaucoma es una enfermedad crónica y progresiva que daña el nervio óptico y provoca una pérdida gradual del campo visual. El problema es que generalmente no produce dolor ni señales tempranas, por lo que muchas veces el diagnóstico llega tarde”, explicó el oftalmólogo especialista en glaucoma Gabriel Bercovich, vicepresidente de la Asociación Argentina de Glaucoma.

Los especialistas remarcan que la edad es uno de los principales factores de riesgo, por lo que recomiendan realizar controles oftalmológicos anuales a partir de los 40 años. En algunos casos, incluso se aconseja comenzar antes, especialmente si existen antecedentes familiares, presión intraocular elevada, miopía o hipermetropía alta, o enfermedades como la diabetes.

“Lo ideal es detectar la enfermedad antes de que el paciente perciba cualquier cambio en su visión. Actualmente existen tratamientos eficaces que permiten preservar la visión cuando el glaucoma se diagnostica a tiempo”, señaló la oftalmóloga Anahí Lupinacci, especialista en glaucoma.

Entre las herramientas terapéuticas disponibles se encuentran gotas que reducen la presión ocular, tratamientos con láser y, en algunos casos, intervenciones quirúrgicas. El objetivo principal es controlar la presión dentro del ojo y evitar que el daño en el nervio óptico continúe avanzando.

Uno de los datos que más preocupa a los especialistas está relacionado con los controles preventivos. En Argentina, el 40% de la población no se tomó la presión ocular en los últimos cinco años, una medición clave para detectar el riesgo de glaucoma.

“La presión intraocular elevada es el principal factor de riesgo para esta enfermedad. Si no se controla, el daño progresivo del nervio óptico puede provocar pérdida del campo visual, discapacidad visual e incluso ceguera”, explicó la oftalmóloga María Angélica Moussalli.

Los valores normales de presión ocular suelen oscilar entre 10 y 21 milímetros de mercurio (mmHg). Valores superiores pueden indicar la presencia de glaucoma o un riesgo elevado de desarrollarlo.

Existen distintos tipos de esta enfermedad, entre ellos el glaucoma congénito, el juvenil, el del adulto —que puede ser de ángulo abierto o cerrado— y el secundario, que puede aparecer luego de traumatismos o por el uso prolongado de determinados medicamentos como los corticoides.

El tipo más frecuente es el glaucoma primario de ángulo abierto, que suele manifestarse a partir de los 35 o 40 años. Por ese motivo, los especialistas insisten en la importancia de los controles oftalmológicos periódicos, que incluyen la medición de la presión ocular, el examen del fondo de ojo y estudios específicos para evaluar la función del nervio óptico y el campo visual.

En los casos en que el diagnóstico ya está confirmado, los pacientes deben mantener controles regulares —al menos una o dos veces por año— y seguir estrictamente el tratamiento indicado por su médico. La constancia en la medicación y el seguimiento especializado resultan claves para evitar la progresión de la enfermedad y preservar la calidad de vida.

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