La reiteración de episodios protagonizados por adolescentes, algunos de ellos vinculados a amenazas o situaciones de violencia, encendió las alarmas en distintos ámbitos de la sociedad. Para el consultor psicológico Cristian Pablo Speratti, estos hechos deben entenderse como “la punta de un iceberg” que evidencia conflictos emocionales y sociales.
El especialista explicó que lo ocurrido recientemente no es un fenómeno aislado, sino que responde a dinámicas más amplias dentro del mundo adolescente. “Nos sorprende el desenlace, pero hay múltiples señales previas que muchas veces no logramos ver o interpretar”, sostuvo.
En ese sentido, advirtió sobre los llamados “efectos de copia o réplica”, donde otros jóvenes reproducen conductas para llamar la atención o ganar protagonismo. “Hay una necesidad de ser vistos dentro de un contexto de fuerte inestabilidad emocional y búsqueda de identidad”, indicó.
Speratti remarcó que uno de los principales desafíos para adultos —padres, docentes y referentes— es aprender a detectar esas señales. Entre ellas, mencionó cambios en la conducta, el aislamiento, la forma de comunicarse, el lenguaje no verbal, los vínculos sociales y hasta elementos como la vestimenta o la música. “El 90% de la comunicación es no verbal. Hay que observar más allá de lo que dicen”, enfatizó.
Asimismo, subrayó que la clave no está en juzgar, sino en desarrollar una “observación sin juicio de valor” y una escucha activa que permita intervenir a tiempo. “Lo peor que podemos hacer es no intervenir. El silencio o la indiferencia agravan los procesos”, afirmó.
El especialista también puso el foco en el rol de las instituciones educativas, a las que definió como espacios fundamentales de contención, aunque advirtió que hoy enfrentan múltiples limitaciones. “El sistema educativo cambió y los docentes no pueden solos. Se necesitan equipos interdisciplinarios y políticas públicas que acompañen”, señaló.
Finalmente, insistió en evitar la búsqueda de culpables y promover una respuesta colectiva. “No se trata de señalar a la familia o a la escuela, sino de construir acuerdos sociales. Todos tenemos una parte de responsabilidad”, concluyó.
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