La ciudad de San Cristóbal enfrenta ahora una nueva etapa tras el ataque ocurrido en la escuela: cómo reconstruir el regreso a clases después de un trauma colectivo que dejó una marca profunda en estudiantes, docentes, familias y en toda la comunidad.
En ese marco, distintos profesionales comenzaron a plantear la necesidad de abordar lo sucedido no solo desde la urgencia emocional, sino también desde una discusión más amplia sobre la violencia escolar, la convivencia en las instituciones y las herramientas reales de prevención con las que cuenta hoy el sistema educativo.
Uno de ellos fue el magíster criminólogo en ciencias forenses Marcelo Torok, quien analizó en EME el caso y señaló que el episodio expone problemas de fondo vinculados al manejo de la frustración en adolescentes y a la falta de preparación institucional para escenarios de extrema violencia.
“Dos cuestiones son fundamentales. Por un lado, el manejo de la frustración de los adolescentes. Hay cosas que exceden el manejo normal de las cuestiones en los colegios, porque no está contemplada la gran violencia dentro de los colegios”, sostuvo.
En esa línea, remarcó que muchas veces los establecimientos educativos no están preparados para detectar o anticipar situaciones de esta magnitud. “Hay lugares que tienen para detectar metales. También ahora se piensa que hay pandillas. Incluso, del agresor no teníamos pensado, ya que hace poco había sido elegido como mejor compañero”, advirtió.
Para Torok, lo ocurrido no debe quedar reducido a un episodio aislado ni ser silenciado. “Hay una cuestión de planteo. No solo de las autoridades del colegio, sino a nivel nacional. No es un hecho que hay que guardar abajo de la alfombra, sino que tiene que servir para un debate”, afirmó.
El regreso a la escuela, entre la contención y la reflexión
En este contexto, el eventual retorno a las aulas en San Cristóbal aparece atravesado por múltiples desafíos: acompañar a chicos y chicas que fueron testigos directos del ataque, asistir a docentes y familias, y reconstruir condiciones mínimas de seguridad y confianza para volver a habitar el espacio escolar.
Los especialistas coinciden en que ese proceso no puede resolverse solo con una fecha de regreso, sino que requerirá tiempo, escucha activa y dispositivos concretos de contención psicológica y pedagógica.
Convivencia escolar y acceso a armas, dos debates de fondo
Torok también planteó que la tragedia obliga a revisar los acuerdos de convivencia vigentes en las escuelas, porque muchas veces no alcanzan a contemplar hechos de esta gravedad. “Muchas veces está el fenómeno de la imitación. Es decir, alguien lo hizo y alguien lo repitió. Pero por eso no hay que frenar el debate. Tiene que estar y ser serio. Hay normas de convivencia que se fueron estableciendo en los colegios que no pueden contemplar estas agresiones”, expresó.
Además, puso el foco en otro aspecto sensible: la circulación y el acceso a armas dentro de la sociedad. “Y el otro hecho fundamental es el manejo de las armas. Estamos en una sociedad que lamentablemente nos viene alertando en los últimos tiempos, por la crisis económica, sobre el fenómeno de la frustración. Han aumentado los casos de suicidios. Y el debate ante la facilidad del acceso a las armas automáticas realmente es sumamente peligroso”, sostuvo.
Con la comunidad todavía atravesada por el duelo, el miedo y la incertidumbre, San Cristóbal empieza a enfrentar una etapa compleja: cómo volver a la escuela después de una tragedia que cambió para siempre la vida cotidiana de alumnos, docentes y familias.





