En tiempos donde muchas veces se pone el foco en las dificultades que atraviesan los jóvenes, la historia de Santiago Vigil aparece como un caso que invita a mirar el otro lado: el de la iniciativa, el esfuerzo y la visión a futuro. Con apenas 16 años y cursando el último año de la secundaria, el joven de San Javier ya creó su propia marca de indumentaria y se encuentra a punto de lanzar su segunda empresa.
La entrevista, realizada en EME Medios durante el programa Ponele Onda, permitió conocer en profundidad el recorrido de Santiago, que comenzó a muy temprana edad. “Desde los ocho o nueve años siempre fui muy curioso, me gustaba incursionar en todo”, contó. Ese espíritu lo llevó a dar sus primeros pasos en el mundo de los negocios con la venta de nueces de pecán provenientes del campo familiar.
Lejos de ser un camino sencillo, el joven debió enfrentar prejuicios y desafíos propios de su edad. “Había gente que me apoyaba y otra que no. Existe cierto estigma cuando ves a un chico vendiendo en la calle”, explicó. Sin embargo, esa experiencia no solo le permitió generar sus primeros ingresos, sino también adquirir herramientas clave sobre costos, ventas y responsabilidad.
Con el paso del tiempo, y tras ahorrar parte de esas ganancias, decidió dar un salto mayor: abrir su propio local de indumentaria, Vigil Drip. Para ello, incluso avanzó en un proceso poco habitual para su edad: la emancipación legal. “Lo hice para poder operar tranquilo, asumir mis propios riesgos y no comprometer a mis padres”, señaló.

El inicio del emprendimiento tampoco estuvo exento de obstáculos. Desde la falta de capital para cubrir todos los gastos hasta la necesidad de negociar plazos con proveedores y trabajadores, Santiago atravesó las dificultades típicas de cualquier emprendedor. “Abrí el negocio con deudas, pero con una estrategia clara para sostener las ventas en el tiempo”, remarcó.
Pero su mirada va más allá del crecimiento económico. Uno de los aspectos que distingue su proyecto es el compromiso social. A partir de las primeras ganancias, comenzó a colaborar con clubes e instituciones locales, e incluso a realizar donaciones. “Mucha gente me ayudó cuando empecé, y siento que es importante devolver eso. Si todos aportáramos un poco, podríamos cambiar muchas realidades”, afirmó.
Actualmente, Santiago trabaja en su segundo emprendimiento, vinculado nuevamente a sus raíces: la producción de nueces de pecán, pero ahora con valor agregado. El proyecto incluye la incorporación de maquinaria para procesar el producto y la posibilidad de integrar a otros pequeños productores. “La idea es unificar producción y darle mayor valor, porque la nuez procesada multiplica su precio”, explicó.
En paralelo, el joven combina sus actividades empresariales con el estudio, el deporte —juega al básquet en Santa Fe— y una agenda que exige organización constante. “Antes pensaba que necesitaba 48 horas para hacer todo, pero se trata de no parar y saber organizarse”, resumió.
La historia de Santiago Vigil no solo destaca por su corta edad, sino por una forma de entender el trabajo, el riesgo y la responsabilidad. Un ejemplo de una nueva generación que no espera a terminar la secundaria para empezar a construir su propio camino.





