En los últimos años, el vapeo dejó de ser una práctica marginal para convertirse en un fenómeno cada vez más extendido entre adolescentes y adultos jóvenes. La expansión de los cigarrillos electrónicos, vapeadores y otros dispositivos de administración de nicotina encendió alarmas en organismos internacionales, autoridades sanitarias y sociedades científicas de todo el mundo. En Argentina, la preocupación también crece.
La Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) difundió un documento elaborado por su Comité de Neumonología y el Grupo de Trabajo de Consumos Problemáticos, en el que advierte sobre el aumento del consumo de estos productos y sus consecuencias sobre la salud física y mental de niños, niñas y adolescentes.
«No tomen contacto con estos productos, porque son malos»
El Dr. Maximiliano Salim, médico especialista en neumonología infantil y miembro del comité de la SAP, señaló que la alarma tiene respaldo estadístico concreto. Según los últimos datos publicados por el CEDRONAR —organismo dependiente del Ministerio de Salud de la Nación—, cerca del 37 o 38% de los adolescentes ya tuvo contacto con estos dispositivos. El contraste es elocuente: la última Encuesta Nacional de Tabaco, realizada en 2018, registraba apenas un 8,9%.
«Los números han cambiado de manera sustancial y peligrosa», advirtió el especialista.
Salim explicó que la edad de inicio en el consumo de nicotina a través de estos productos se ubica entre los 12 y los 14 años, una franja que genera particular preocupación desde el punto de vista neurológico. «El cerebro no termina de madurar hasta más o menos los 25 años. El consumo de nicotina en la población joven es un efector de daño importante, sobre todo a nivel del sistema nervioso central», sostuvo.
El cerebro adolescente, en el centro del problema
La precocidad del inicio no es un dato menor. Para la SAP, exponer un cerebro en desarrollo a una sustancia adictiva como la nicotina tiene consecuencias que van más allá del daño respiratorio. El especialista remarcó que la adicción generada en esa etapa deja al organismo en una situación de vulnerabilidad prolongada.
«Van a entrar en un ciclo del que va a ser muy difícil salir, porque se van a transformar en adictos en poco tiempo», advirtió Salim, y subrayó que la evidencia científica disponible respalda esa afirmación.
La estrategia de la industria: apuntar a los jóvenes
El médico también puso en foco la responsabilidad de la industria tabacalera en la expansión del fenómeno. Explicó que, frente a la caída sostenida en el consumo de cigarrillos convencionales durante los últimos veinte años, las empresas desarrollaron una nueva estrategia de mercado orientada específicamente a captar consumidores jóvenes.
«Aparecieron estos productos con buena imagen, con sabores variados, con el tema de la reducción del humo como algo saludable, con muy buenas estrategias de influencers, de acciones dirigidas a donde están los jóvenes, que es en las redes», describió. «Lamentablemente esa combinación es muy mala.»
¿Vapear es menos dañino que fumar?
Ante la consulta sobre si el vapeo representa una alternativa más segura al cigarrillo tradicional, Salim fue categórico. «¿Qué es más peligroso, chocar a 150 kilómetros por hora o chocar a 100? Las dos cosas son peligrosas, las dos traen consecuencias malas», comparó.
El especialista también desmontó el argumento de que estos dispositivos funcionan como herramienta para dejar de fumar. «Los estudios estadísticos demuestran que las personas utilizan estos dispositivos como una estrategia para dejar de fumar, nunca dejan de fumar y hacen lo que se llama el consumo dual: terminan consumiendo las dos cosas», explicó. Y agregó que quienes usan vapeadores tienen mayor predisposición a continuar con el cigarrillo convencional: «Quedan con el cerebro como abierto para seguir consumiendo.»
Nicotina, cannabis y mercado sin control
Salim también señaló que el riesgo no se limita a la nicotina. «Los jóvenes también consumen tetrahidrocannabinol —la sustancia psicotóxica de la marihuana— a través de estos dispositivos. Es otra manera de estar enganchado en otra adicción también muy nociva y muy peligrosa», advirtió.
A esto se suma que, hasta principios de mayo de este año, estos productos estaban prohibidos en Argentina, lo que significaba que todo lo que circulaba en el mercado era ilegal y carecía de trazabilidad o control estatal sobre su composición.
El mensaje de la SAP
Desde la Sociedad Argentina de Pediatría, el llamado a familias y adolescentes es directo: «No tomen contacto con estos productos, porque son malos. Yo no diría que son más o menos malos que otros, yo diría que son malos. Y con decirles que son malos les estamos dando un mensaje de alerta.»
La entidad tiene disponible información en sus redes sociales y canales institucionales para orientar a familias y comunidades sobre los riesgos asociados al uso de cigarrillos electrónicos y vapeadores.





