El río Paraná comenzó a mostrar señales de una nueva crecida y las proyecciones indican que su nivel aumentará de manera progresiva durante las próximas semanas en la ciudad de Santa Fe. Según Juan Borus, investigador asociado al Instituto Nacional del Agua (INA), el cauce podría ubicarse entre los 4,50 y los 4,80 metros entre fines de octubre y comienzos de noviembre, aunque la evolución dependerá de las lluvias en las principales cuencas de aporte.
“No es para preocuparse, es para ir siguiéndolo”, sostuvo Borus en EME al analizar el escenario hidrológico y las versiones sobre una posible subida abrupta del Paraná. El especialista explicó que la crecida se encuentra en una etapa inicial y que, por el momento, se espera un ascenso sostenido, pero no demasiado pronunciado.
La altura registrada en la mañana de este viernes era de 3,45 metros en la escala del puerto de Santa Fe, en el Dique 2. De mantenerse la tendencia prevista, el nivel podría terminar octubre en torno a los 4,50 metros y comenzar noviembre con valores de entre 4,50 y 4,80 metros.
El nivel de alerta mencionado durante la entrevista es de 5,30 metros. Borus advirtió que el río podría acercarse a esa marca si continúan las precipitaciones con la intensidad actual, aunque aclaró que las lluvias presentan una distribución irregular y que el pronóstico debe actualizarse de manera permanente.
El efecto de las lluvias en la Cuenca del Plata
El especialista vinculó el escenario con las condiciones climáticas asociadas al fenómeno de El Niño, que favorecen las precipitaciones en distintos sectores del país. La atención está puesta especialmente en el noreste argentino y en varias áreas de la Cuenca del Plata, donde las lluvias persistentes generan pulsos de crecida en los ríos.
Entre las zonas bajo seguimiento mencionó la cuenca media del río Paraguay, el Alto Paraná en Brasil y los sectores que aportan caudal al sistema de Itaipú. Se trata de regiones que pueden responder rápidamente a las precipitaciones, en especial cuando los suelos ya se encuentran saturados.
“No es un solo evento, es un tren de eventos”, explicó Borus, al señalar que las lluvias se vienen registrando en diferentes momentos y lugares, con especial incidencia en la cuenca de aporte directo de Itaipú y en la provincia de Misiones.
También advirtió sobre la situación del río Iguazú, cuyo caudal en la zona de las Cataratas se mantenía en torno a los 8.000 metros cúbicos por segundo, aproximadamente cuatro veces su valor habitual.
“Al estar los suelos de esa región saturados, cualquier lluvia que cae es como si cayera sobre un vidrio. Cada gota de esas va a parar a los afluentes y de ahí al gran río”, graficó.
Qué puede pasar con el Saladillo-Setúbal y el río Salado
Además del Paraná, el INA mantiene bajo observación otros sistemas hídricos de la provincia. Uno de los interrogantes es en qué medida la crecida podría recargar, a través de la conexión Leyes, el sistema Saladillo-Setúbal.
“Por ahora no hay una definición muy clara del corto plazo”, aclaró Borus, quien remarcó la importancia de continuar con el seguimiento para determinar cómo evolucionará esa conexión.
El panorama también está condicionado por las perspectivas climáticas para el trimestre octubre-diciembre. Según lo analizado en una reunión del Servicio Meteorológico Nacional, se esperan lluvias superiores a los valores normales en toda la provincia de Santa Fe, posiblemente sin grandes excesos, pero con precipitaciones frecuentes.
Ese escenario podría favorecer una crecida en el sistema Saladillo-Setúbal y en el Salado Inferior. Borus señaló que estos cursos deben monitorearse, aunque aclaró que, por el momento, no hay indicios de que en el corto plazo se repita un episodio de la magnitud del registrado entre el 14 y el 16 de abril.
En el caso del Salado, el especialista planteó que será importante observar qué ocurre en los sectores inferiores de la cuenca y en los Bajos Submeridionales. Si allí se acumulan lluvias significativas, podría configurarse una crecida de mayor magnitud. Sin embargo, insistió en que ese escenario no está previsto para el corto plazo.
La prevención y el seguimiento oficial, las claves
Borus destacó que la información hidrológica resulta fundamental para las poblaciones ribereñas y para actividades como la ganadería de isla, que requiere una logística compleja para trasladar animales ante una eventual crecida.
También advirtió que, después de varios años de sequía y bajante, algunas personas se acercaron al río y ocuparon sectores más bajos y vulnerables, que pueden verse afectados cuando aumenta el nivel del agua.
Por eso, pidió que los municipios mantengan la atención sobre los pronósticos y que la población consulte los canales oficiales, en particular las alertas tempranas del Servicio Meteorológico Nacional y las actualizaciones de corto plazo conocidas como nowcasting.
“Estar siempre alerta, siempre preparado para responder a una emergencia, de tal manera que la emergencia, aunque las lluvias puedan llegar a ser intensas localmente, no se transforme en un desastre”, sostuvo.
En relación con Santa Fe capital, Borus destacó la preparación de la ciudad para afrontar eventos hidrológicos y valoró el papel de la información oficial durante las inundaciones de abril. No obstante, remarcó que el monitoreo debe ser constante: “Todos los días se sigue. No se puede abandonar el tranco todos los días”.
Por el momento, el escenario previsto para el Paraná es de una crecida gradual, sin una subida intempestiva. La evolución de las lluvias en las próximas semanas será determinante para establecer hasta dónde llegará el río y si será necesario adoptar medidas preventivas adicionales.





