El hambre crece en los barrios de Santa Fe y la necesidad de alimentos ya no afecta solamente a los niños, sino también a familias enteras que recurren a comedores, copas de leche y ollas populares para conseguir un plato de comida. Así lo advirtió Andrea Cuevas, coordinadora de estos espacios del Movimiento Los Sin Techo, en EME.
“Es una cosa que se recibe la ayuda, se recibe la ayuda del gobierno provincial, se recibe la ayuda nacional, pero no alcanza. No alcanza. Lo que es alimentario, la gente corre y la desesperación hoy es la comida. Es la comida, necesitan algo sólido. El pan no alcanza”, sostuvo.
Cuevas describió una situación que se vuelve cada vez más difícil de contener y explicó que la demanda desborda incluso los mecanismos de organización que habitualmente utiliza la entidad. Según relató, muchas veces deben asistir a personas que no están anotadas en los listados, pero que llegan con una necesidad urgente.
“¿Qué hacés cuando te llega un abuelo con el bastoncito ahí, con la tacita, a pedirte una taza de leche? ¿Le decís: ‘No, no estás anotado’? Ese abuelo tiene hambre”, expresó. Y agregó: “Hoy el hambre es terrible que se vive”.
Una red de asistencia que alcanza a 4.000 personas
El Movimiento Los Sin Techo sostiene una amplia red de asistencia alimentaria en distintos barrios de la ciudad. De acuerdo con Cuevas, actualmente funcionan 17 jardines que brindan desayuno y comedor de lunes a viernes, además de 32 copas de leche. En algunos de estos últimos espacios también se organizan ollas populares para ofrecer comida.
A esa tarea se suman las meriendas para mujeres que asisten a cursos y espacios educativos, el acompañamiento escolar de niños y la entrega de módulos alimentarios en determinados barrios. En conjunto, la organización calcula que llega a unas 4.000 personas.
La coordinadora remarcó que la asistencia no se limita a cubrir una comida, sino que busca sostener un acompañamiento cotidiano, especialmente en los sectores más vulnerables.
“Hay gente comiendo en los contenedores y antes veías uno, miembro de la familia, revisando si había aluminio, algún cobrecito o algo para vender. Hoy está comiendo la familia escarbando qué hay en un contenedor, con todo lo que eso implica”, relató. “Yo lo veo, lo vivo y me duele todos los días”, agregó.
La caída de las changas golpea a los sectores más pobres
Cuevas vinculó el aumento de la necesidad con el deterioro de los ingresos familiares y la reducción de los trabajos informales. Según explicó, actividades ocasionales como cortar el pasto, podar árboles, barrer veredas o realizar tareas domésticas representan una fuente de ingresos fundamental para muchas personas.
“Bajó la changa. Porque la clase media, que es la que daba la changa, la que te daba para cortar el árbol, el pasto, que le barras la vereda, la empleada doméstica la llamaba cuatro días y ahora capaz que la llama uno cada quince. Todo bajó, y repercute en el más pobre, repercute en el que menos”, señaló.
También advirtió que la reducción de materiales que algunas personas recolectaban para vender, como el cartón, afecta otras estrategias de subsistencia. En ese contexto, la asistencia alimentaria se vuelve cada vez más necesaria y, al mismo tiempo, más difícil de garantizar.
“Me duele tener que decir que no hay más”
La demanda creciente también representa una carga emocional para quienes sostienen los espacios comunitarios. Cuevas contó que, aunque intentan responder a las necesidades que reciben, muchas veces los recursos se terminan y deben comunicarles a las personas que no hay más comida disponible.
“Terminás siendo malo, terminás poniéndote, como decía mi abuela, cara de perro. Porque, ¿cómo le das corte? A mí me duele, pero tengo que decir ‘no hay más’. Y soy yo la que tengo que decir ‘no hay más, no alcanza’”, relató.
La coordinadora también habló de la situación de quienes deben hacer fila para recibir un plato de comida y de la importancia de preservar su dignidad. “Es humillante ir con un tupper, hacer cola, esperar que te den un plato de comida. La necesidad básica del ser humano la tenés que ir a buscar”, afirmó.
Por eso, destacó que el trabajo de quienes sirven en los comedores debe incluir un trato respetuoso y cercano. “Trato de darle amor y trato de hablarles también, para servirles y no atenderlos, porque uno va roto a esos lugares. Uno va triste, vas mal”, explicó.
Menos donaciones y más necesidad
La organización se sostiene con aportes de programas nacionales y asistencia del Gobierno provincial, además de donaciones particulares. Sin embargo, Cuevas señaló que también perciben una reducción en las contribuciones de personas que colaboraban habitualmente.
“Muchas donaciones de gente que le pone nombre a su donación, que hoy, en un tiempo también de mucha desconfianza, quiere que la donación vaya, por decirte, ‘Andrea Cuevas, cinco kilos de fideos’, y que confía que esos cinco kilos de fideos van a llegar al lugar que tenga que llegar”, explicó.
En ese marco, remarcó que los aportes de alimentos, incluso en pequeñas cantidades, pueden ser útiles para organizar las comidas de los distintos espacios. “Todo sirve, todo suma, todo ayuda. Si vos me decís: ‘Yo tengo dos de arroz’, capaz que no alcanza para una copa de leche, pero capaz que alcanza para hacerle un arroz con leche el sábado a los de primero de primaria, que son menos”, ejemplificó.
Quienes quieran colaborar pueden acercarse al Colegio Mayor Universitario, ubicado en San Jerónimo 3328, donde se reciben y organizan las donaciones para distribuirlas en los barrios.
El compromiso de quienes sostienen los comedores
Cuevas destacó que gran parte del trabajo cotidiano depende de mujeres voluntarias que dedican su tiempo a preparar y servir alimentos, organizar las actividades y mantener abiertos los espacios comunitarios.
“No hay sueldo, hay que dedicar tiempo, hay que darlo todos los días, no importa lo que nos pasa, si estamos enfermos o no, el estómago del chico no lo sabe, así que el salón se tiene que abrir igual, se tiene que dar el servicio igual”, sostuvo.
Finalmente, subrayó que la tarea requiere tanto organización como compromiso con las personas que reciben la asistencia. “El tema de la comida se hace con el mismo amor que vos le vas a servir a tu hijo. Vos tenés que pensar que esa comida la va a comer tu hijo, la vas a comer vos, esa leche, ese pan. No es solamente llenar el estómago, aunque hoy es lo más urgente”, concluyó.





