Una investigación científica desarrollada durante varios años en San Javier y su zona de influencia encendió una señal de alerta sobre la presencia de plomo y sus posibles implicancias ambientales y sanitarias. El estudio detectó niveles elevados de plomo en la sangre de más de la mitad de los niños analizados, de hasta 13 años, y sus resultados fueron publicados en una revista científica internacional.
Tras conocerse la investigación, representantes del equipo científico mantuvieron reuniones con autoridades provinciales de distintas áreas para poner a disposición los resultados y analizar posibles medidas. Andrea Caselli, docente e investigadora de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires, explicó que el trabajo tiene una historia mucho más extensa y que comenzó en 2007, cuando el grupo se instaló en la provincia para investigar la posible presencia de influenza aviar.
Aquellas primeras investigaciones terminaron abriendo una línea de trabajo inesperada. Según Caselli, no encontraron influenza aviar, pero sí observaron que determinadas especies de fauna estaban consumiendo municiones. “Particularmente los anátidos estaban consumiendo municiones y fue el primer diagnóstico”, relató.
Ese hallazgo llevó al equipo a ampliar la mirada y aplicar el concepto de “Una Salud”, que relaciona la salud humana, animal y ambiental. “Si la fauna está contaminada o está consumiendo, en este caso, municiones y también nos da presencia de plomo en hueso, bueno, es de pensar que también el ambiente esté contaminado y que, finalmente, las personas que consumen esa carne de caza puedan tener un problema”, explicó.
Cómo puede llegar el plomo a las personas
Uno de los puntos centrales de la investigación está relacionado con el comportamiento de las aves y la presencia de municiones en los ambientes donde se desarrolla la actividad cinegética. Caselli explicó que muchos anátidos buscan pequeñas piedras en el fondo de los humedales para ayudarse en la digestión y que, en ese proceso, pueden ingerir accidentalmente municiones de plomo.
La investigadora lo comparó con lo que ocurre con las aves domésticas: “Muchas veces cuando uno ve el estómago muscular de una gallina tiene piedritas y eso hace que se pueda moler el grano que consumen”. En el caso de los anátidos, esa misma conducta puede llevarlos a ingerir municiones que quedaron en el ambiente.
Pero la exposición no necesariamente se limita a la fauna. Cuando un animal es cazado con municiones de plomo, pueden quedar proyectiles o pequeñas esquirlas en la carne que posteriormente es consumida. Según explicó Caselli, “la carne que consumen, según sea lo que vimos en las encuestas, puede estar directamente contaminada, ya sea con las municiones o con las esquirlas de plomo que quedan”.
La preocupación por los niños
El hallazgo de plomo en sangre adquiere una relevancia particular cuando se trata de población infantil. Caselli explicó que la exposición al metal puede generar múltiples efectos y que uno de los principales motivos de preocupación está relacionado con el desarrollo del sistema nervioso central.
“Lo de mayor interés tiene que ver, además de estos síntomas digestivos u otros, con lo que es sistema nervioso central en los niños, en el momento en que se está formando”, señaló.
Según la investigadora, la literatura científica internacional ha documentado efectos sobre el desarrollo cerebral. “El plomo produce una pérdida de volumen cerebral que puede verse en las tomografías de los adultos que estuvieron sometidos a plomo de pequeños”, explicó.
Caselli precisó que esa pérdida de volumen puede producirse particularmente en los lóbulos frontales y afectar áreas vinculadas con la cognición y la conducta. Por eso, advirtió, “son problemas de cuidado para la población infantil”.
Sin embargo, insistió en que no debe utilizarse el estudio para atribuir automáticamente otros problemas de salud al plomo. “Algo que no nos gusta para nada es que los estudios científicos, con la mejor intención, se usen a veces como con un enfoque amarillista”, advirtió, porque eso podría llevar a afirmar cuestiones que el equipo no investigó específicamente.
San Javier es el área estudiada
Otro aspecto que Caselli buscó aclarar es el alcance geográfico de los resultados. La investigación se concentró en San Javier y su zona, y la decisión respondió a una cuestión metodológica: obtener una cantidad importante de muestras que permitiera sacar conclusiones con mayor respaldo científico.
“Lo que siempre caracterizó a nuestro amplio grupo de trabajo es enfatizar la cantidad de muestras sobre la cantidad de lugares”, explicó. En ese sentido, remarcó que “no se pueden hacer dos muestras de cada sitio y hablar de que hay un problema”.
Por eso, los resultados obtenidos no permiten afirmar que toda la provincia de Santa Fe presente necesariamente la misma situación. Sí existe, según la investigadora, la posibilidad de que otros departamentos tengan problemas semejantes, razón por la cual considera necesario fortalecer los mecanismos de monitoreo.
Después de la publicación de los resultados, el equipo de investigadores fue recibido por representantes de distintas áreas del Gobierno provincial. Caselli detalló que se ofrecieron a compartir la información con el Ministerio de Educación, el Ministerio de Salud Pública, el Ministerio de Ambiente y la Secretaría de Turismo.
En las reuniones mantenidas con autoridades provinciales surgió justamente la posibilidad de avanzar en nuevas estrategias de vigilancia. Caselli destacó como una “muy buena respuesta” del Ministerio de Salud Pública la propuesta de analizar mecanismos de monitoreo y pesquisas que permitan determinar si el problema está generalizado.
Hay alternativas al plomo
La sustitución de las municiones de plomo, según explicó Caselli, es técnicamente posible. La investigadora recordó que en 2011 el equipo invitó a especialistas daneses que analizaron diferentes alternativas.
“Demostraron que había posibilidades de cazar con tungsteno, con bismuto, con un polímero inyectado y con acero”, relató. Entre esas opciones, el acero era la alternativa cuyo costo más se acercaba al de las municiones tradicionales.
Los especialistas también realizaron pruebas para evaluar su funcionamiento. Según Caselli, demostraron que “tanto en penetrabilidad como en dispersión y eficiencia el acero podía cumplir con las mismas prestaciones que las municiones de plomo”.
Incluso hubo empresas que comenzaron a desarrollar municiones alternativas. Para 2019, recordó la investigadora, ya estaban disponibles. El inconveniente apareció en la falta de demanda: “Lo que particularmente nos comunicaron es que no tenían suficiente demanda”.





