La inestabilidad política que atraviesa Perú sumó en las últimas horas un nuevo episodio de alto impacto institucional. El presidente interino José Jerí, quien asumió hace apenas tres meses con la misión de encaminar una transición ordenada hacia las elecciones previstas para abril, quedó envuelto en un escándalo tras la filtración de dos videos que lo muestran manteniendo reuniones privadas y no oficiales con un influyente empresario chino, en circunstancias que generaron fuertes sospechas.
El caso, revelado en un artículo del periodista Ramiro Pellet Lastra, colocó al mandatario en el centro de la escena política y judicial. La Fiscalía General inició diligencias preliminares para investigar posibles delitos de tráfico de influencias, mientras desde distintos sectores del Congreso y del arco político comenzaron a multiplicarse los pedidos de renuncia.
Las imágenes que desataron la crisis exhiben a Jerí reuniéndose con Zhihua “Johnny” Yang, un poderoso contratista del Estado peruano con múltiples intereses comerciales en el país. En uno de los registros, el presidente aparece ingresando encapuchado a un restaurante de comida china, intentando ocultar su identidad. En el segundo, se lo observa dentro de un bazar perteneciente al empresario, esta vez con lentes oscuros, pese a que el local había sido clausurado por falta de habilitación y reabierto posteriormente tras una norma gubernamental.
Las explicaciones oficiales no lograron contener el impacto político. Jerí aseguró que la cena tuvo como objetivo organizar actividades por el “Día de la Amistad” entre Perú y China, y que la visita al bazar fue una simple compra personal. Si bien pidió disculpas públicas por su ingreso encapuchado y reconoció que el gesto generó “suspicacias”, atribuyó la difusión de los videos a una maniobra de desestabilización en pleno proceso electoral.
Sin embargo, el trasfondo del escándalo profundizó las dudas. Según el análisis difundido, Yang controla al menos once empresas en Perú y ha sido beneficiado con contratos y licitaciones estatales. Además, las reuniones coinciden temporalmente con el debate de proyectos de ley para exonerar impuestos a cámaras de vigilancia, un rubro directamente vinculado a los negocios del empresario.
El politólogo Carlos Meléndez advirtió que sobre estos vínculos “pesan sospechas de tráfico de influencias y patrocinios ilegales”, en un contexto donde la fragilidad política del presidente es evidente. Jerí cuenta con el respaldo de apenas diez legisladores propios, en un Congreso atravesado por la campaña electoral y con decenas de parlamentarios en busca de la reelección. Incluso dentro de su espacio, las críticas no tardaron en aparecer: el candidato presidencial de su partido, George Forsyth, calificó el episodio como “vergonzoso”.
Lo que debía ser un gobierno de transición breve y ordenado hoy se encuentra al borde del colapso, reavivando la sensación de crisis permanente que atraviesa al país. Con siete presidentes desde 2016, Perú vuelve a enfrentarse a un escenario de incertidumbre política que amenaza con condicionar, una vez más, su estabilidad institucional.





