La discusión sobre la apertura de la economía argentina y sus efectos sobre la industria nacional volvió a instalarse con fuerza en el debate público. El ingreso de productos importados —con China como uno de los principales protagonistas— genera tensiones entre la necesidad de ofrecer precios más accesibles a los consumidores y la defensa del empleo y la producción local.
El docente universitario y especialista en comercio internacional Gustavo Scarpetta sostuvo que la Argentina nunca logró resolver de manera equilibrada esta disyuntiva. “Los países suelen moverse en un péndulo entre abrirse completamente o cerrarse del todo. El desafío es encontrar un justo medio: cómo abrir sin romper y cómo cuidar la industria sin castigar al consumidor”, explicó.
Scarpetta señaló que el país viene de una etapa de economía “extremadamente cerrada”, lo que vuelve más brusco cualquier proceso de apertura. En ese contexto, recordó que durante años los argentinos debieron pagar productos mucho más caros que en países vecinos, lo que afectó directamente el poder adquisitivo. “Duele el bolsillo, pero también duele el corazón, porque cuando compramos afuera sabemos que eso impacta en el empleo local”, resumió.
Según el especialista, el fenómeno importador se intensificó en 2025 luego de un 2024 con niveles muy bajos de ingreso de mercadería. Sin embargo, advirtió que en el segundo semestre se observa cierta estabilización, en parte por la caída del poder de compra y por una baja de precios en algunos rubros locales como el textil y el calzado. “Importar hoy es más fácil, pero muchos importadores se encontraron con que no hay quién compre”, indicó.
En relación con el empleo industrial, Scarpetta reconoció que hubo cierres de empresas y caída en algunos sectores, aunque aclaró que todavía no se alcanzaron niveles de “alerta roja”. No obstante, advirtió sobre riesgos a mediano plazo si continúan creciendo las importaciones y si avanza el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea. “Hay sectores que van a sentir el impacto más rápido y otros que tendrán entre cinco y diez años para adaptarse”, señaló.
Respecto de la presión impositiva, consideró que se habló más de reducción de impuestos de lo que efectivamente se hizo, tanto a nivel nacional como provincial y municipal. Además, remarcó que en algunos sectores, como el textil, aun con menos impuestos resulta muy difícil competir en precios con China debido a la escala de producción. “Ellos producen para miles de millones de personas; nosotros, para 45 millones. Competir solo por precio es casi imposible”, afirmó.
En ese sentido, explicó que la ventaja china no se limita a salarios bajos, sino a una enorme eficiencia logística, industrial y comercial. Incluso recordó que gran parte de la producción textil ya se trasladó a países aún más baratos, mientras que China mantiene su fortaleza en bienes industriales, maquinaria y tecnología.
Finalmente, Scarpetta calificó como “una muy buena noticia” el acuerdo Mercosur–Unión Europea, aunque subrayó que representa un enorme desafío. “Habrá sectores ganadores y otros muy exigidos. Es una oportunidad, pero obliga a prepararse, invertir y repensar la industria sector por sector”, concluyó.





