Perú volvió a sacudirse políticamente con la destitución de su presidente José Geri, quien dejó el cargo tras ser acusado de reiterados hechos de corrupción. La decisión fue tomada por el Congreso de la República del Perú, que consideró que las pruebas hacían inviable su continuidad en el poder.
Con esta salida, el país suma siete presidentes en una década y atraviesa un nuevo período de transición: mientras el 12 de abril se celebrarán elecciones presidenciales. En ese contexto, Perú llega a los comicios con 38 candidatos y un marcado desgaste de la dirigencia política.
En diálogo desde Lima, la periodista y analista política Luz Cunyarache explicó que, pese al caos institucional, “la economía peruana parece no enterarse de los vaivenes políticos”. Según detalló, uno de los pilares de esa estabilidad es la autonomía del Banco Central de Reserva del Perú, conducido desde 2006 por Julio Velarde.
A ello se suma el peso de la economía informal, que representa cerca del 70% de la actividad y funciona como un amortiguador frente a las crisis políticas, además de sectores estratégicos como la minería, que continúan operando sin sobresaltos. “Hoy es un día normal en Perú: los bancos, los mercados y el comercio funcionan con normalidad”, remarcó Cunyarache.
No obstante, la analista advirtió que la inseguridad, el avance del sicariato y la desconfianza ciudadana marcan el clima cotidiano. El nivel de aprobación del Congreso ronda apenas el 3% y el hartazgo se refleja también en el creciente ausentismo electoral, pese a que el voto es obligatorio.
En medio de este escenario, el Congreso deberá definir a la próxima presidenta interina, con Maricarmen Alba como una de las figuras con mayores posibilidades, por su perfil considerado más neutral en plena campaña. Mientras tanto, Perú vuelve a transitar un capítulo de incertidumbre política.
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