En el marco de la Semana Santa, y en un contexto social marcado por hechos de violencia y preocupación tanto en Santa Fe como en el país, el padre Axel Arguinchona compartió este Viernes Santo una profunda reflexión en diálogo con EME.
El sacerdote, que actualmente se encuentra en reposo domiciliario mientras se recupera de un accidente, contó que atraviesa este tiempo con serenidad y disciplina. “Estoy convaleciente, pero hay que obedecer a los médicos para sanar. Estoy haciendo los deberes, rezando y obedeciendo a los médicos”, expresó.
Arguinchona remarcó que la Semana Santa no es solo una conmemoración de un hecho del pasado, sino una vivencia actual para los creyentes. En ese sentido, sostuvo que el triduo pascual invita a reencontrarse con la presencia viva de Jesucristo en la vida cotidiana.
“Nosotros rememoramos la Semana Santa, pero no estamos solo recordando algo que pasó, sino que se hace realidad en cada una de nuestras jornadas. Creemos en un Dios hecho hombre, Jesucristo, que no está muerto sino presente entre nosotros. Su palabra es una palabra viva”, afirmó.
Al referirse especialmente al significado del Viernes Santo, el sacerdote destacó que Jesús asumió el dolor humano, la injusticia y el sufrimiento como parte de su entrega por la humanidad. Para Arguinchona, allí se encuentra uno de los mensajes centrales de esta fecha: la respuesta del amor frente a la violencia.
“Jesús, ante la injusticia, responde con justicia; ante el odio y la violencia, responde con la paz y el perdón para toda la humanidad”, señaló.
Finalmente, el padre Axel invitó a reflexionar sobre el mensaje que deja Cristo en la cruz y a trasladarlo a la realidad actual del país y del mundo. Según indicó, la salida a los tiempos difíciles no pasa solamente por decisiones estructurales, sino también por una transformación interior.
“Jesús nos vuelve a decir: ‘Caminen conmigo’. Desde la cruz nos muestra algo muy claro: la salida de nuestras dificultades no son solo proyectos o programas, sino corazones abiertos. La salida a nuestras oscuridades es abrir los brazos del corazón a Dios y al prójimo”, concluyó.






