Las exportaciones de la provincia de Santa Fe crecieron en el primer trimestre de 2026, pero ese dato alentador esconde una tendencia que preocupa a los economistas: la industria manufacturera pierde peso y el complejo agropecuario consolida su predominio. Así lo advierte el último informe del Monitor del Sector Industrial elaborado por el Centro de Estudios DEMOS.
La industria pierde terreno
Entre enero y marzo, las exportaciones de manufacturas de origen industrial (MOI) acumularon una caída del 16,3% en valor y del 7,6% en peso neto, con retrocesos en productos químicos, metales comunes, cueros, maquinarias y equipos, autopartes y material de transporte terrestre. Luego de promediar niveles superiores a los 250 y 300 millones de dólares mensuales, las ventas industriales al exterior se mantienen hoy en torno a los 150 millones.
La pérdida de participación de las MOI dentro del total exportado es uno de los datos más significativos del informe: su peso cayó al 8%, cuando el promedio histórico rondaba el 15%. «Más allá del buen dato del aumento en cantidades y valor exportado, hay un deterioro y menor valor agregado en esos elementos que se exportan», señaló la economista Florencia Camusso, una de las autoras del informe, en EME.
La fuerte caída registrada en el cierre de 2025 —con descensos interanuales cercanos al 35%— no muestra señales claras de reversión, lo que indica una persistente debilidad en la inserción externa del sector.
El campo lidera, pero con límites
En contraste, las exportaciones de manufacturas de origen agropecuario (MOA) tuvieron un desempeño positivo: crecieron un 9,8% en volumen y un 17,1% en valor, impulsadas por aceite de girasol, harina de soja, carne bovina, productos de molinería, lácteos y miel.
Camusso reconoció que el incremento de las exportaciones agropecuarias es una buena señal, pero advirtió sobre sus límites: «No hay que perder de vista que las manufacturas industriales son las que agregan mayor valor y pasan por mayor entramado productivo dentro del territorio provincial». Y agregó: «Hay que tener ojo en no solamente mirar los números grandes, sino también hacia adentro de cómo se comporta y cómo va evolucionando esto en el tiempo».
La economista también marcó el impacto sobre el empleo. «El agro en forma directa no genera muchos puestos de trabajo en sí. Hay cierto agregado de valor en productos como el aceite de girasol, la harina de soja o los productos de molienda, pero no se llega a productos procesados de alto valor agregado, que generaría mayor procesos industriales dentro del territorio», explicó.
Un modelo con ganadores y perdedores
De cara a lo que viene, Camusso anticipó que la próxima campaña agrícola será positiva: «Nuestro motor, que es el agro, va a seguir funcionando». Sin embargo, advirtió que ese dinamismo no alcanza para compensar las dificultades del sector industrial: «Los indicadores de consumo interno, salario, demanda interna, junto con la apertura de las importaciones, muestran que es cada vez más difícil para el industrial y el comerciante que sólo se dedica a la venta de productos internos».
La conclusión del informe es clara: «Lo que estamos poniendo sobre la lupa es que hay un sector que está pasando más dificultades, que está relacionado con el sector industrial y con la demanda interna sobre todo, que se ve muy afectada y muy deprimida», cerró Camusso.





