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sábado, agosto 22, 2026
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El Niño ya está presente y anticipan un escenario de fuerte impacto sobre lluvias y ríos

La agroclimatóloga Stella Carballo advirtió que la temperatura del Pacífico ecuatorial ya se encuentra 2,2 °C por encima de los valores normales y señaló que el fenómeno podría superar los 3 °C. Para Santa Fe, destacó la necesidad de reforzar los sistemas de protección, bombeo y drenaje y preparar caminos y logística rural ante un escenario de lluvias persistentes.

Además

El fenómeno El Niño ya se encuentra instalado y comienza a generar preocupación entre especialistas por la velocidad con la que aumenta la temperatura del océano Pacífico ecuatorial. La agroclimatóloga Stella Carballo explicó que actualmente la anomalía térmica alcanza los 2,2 °C y advirtió que los pronósticos contemplan la posibilidad de que supere los 3 °C.

La especialista, vinculada al ámbito agroclimático del INTA, señaló que la intensidad de El Niño se determina a partir de la temperatura del Pacífico. Un grado por encima de lo normal corresponde a un fenómeno débil; dos grados, a uno fuerte; y por encima de ese valor, a uno muy fuerte.

«El Niño ya está entre nosotros, porque la temperatura en el océano ecuatorial del Pacífico ya está en 2,2», explicó Carballo.

Además, remarcó que la evolución resulta particularmente llamativa por la velocidad del calentamiento. «Hay semanas que sube medio grado y eso es mucho para un sistema», señaló, al tiempo que indicó que algunos pronósticos proyectan que la temperatura podría superar los 3 °C.

 

¿Puede ser el El Niño más fuerte de la historia?

Carballo pidió cautela a la hora de hablar de un fenómeno «sin precedentes». Según explicó, los registros sistemáticos disponibles abarcan aproximadamente el último siglo, por lo que las comparaciones deben limitarse a ese período.

«Desde que hemos estudiado este fenómeno y lo tenemos computado con diferentes grabaciones, este sería en potencial, el más fuerte. Pero el más fuerte en los últimos 100 años», aclaró.

En ese sentido, agregó: «De lo registrado, que no quiere decir de lo existido».

La especialista recordó que la variabilidad es una característica propia del clima y que los registros instrumentales no permiten conocer con precisión cómo fueron todos los fenómenos ocurridos antes de que existieran sistemas de medición modernos.

 

 

Los antecedentes de las grandes crecidas del Paraná

El impacto de El Niño suele asociarse a períodos de lluvias abundantes y a crecidas importantes de los grandes ríos de la región.

Como antecedentes, Carballo mencionó las inundaciones de 1982-1983, consideradas las más importantes del Paraná por su duración, altura y extensión territorial. También recordó los episodios de 1997-1998 y 2015-2016.

La especialista explicó que existen registros históricos que demuestran que el Paraná alcanzó niveles similares en otros períodos, incluso antes de que existieran mediciones sistemáticas.

«Los suelos son una especie de testigo mudo de lo que el clima fue», sostuvo.

En el caso del Paraná, además, destacó que su amplio valle de inundación no es producto de episodios recientes, sino de miles de años de procesos naturales.

«El río Paraná tiene un plano de expansión enorme que no fue hecho ahora con estas inundaciones, sino que fue constituido en miles de inundaciones desde el principio de la Tierra«, explicó.

 

El riesgo para Santa Fe no es solamente la crecida de los ríos

Carballo marcó una diferencia importante entre las crecidas de los grandes ríos y el riesgo generado por las lluvias locales.

Según explicó, una parte importante del caudal que reciben los ríos de la región proviene de las precipitaciones registradas en Brasil, donde los efectos de El Niño pueden ser particularmente significativos.

«La crecida del río obedece mayormente a las lluvias que vienen de Brasil, al caudal que viene de Brasil, porque allí las lluvias en este fenómeno son muy superiores a las que se desarrollan en Argentina», señaló.

Pero para Santa Fe, el foco también debe estar puesto en las precipitaciones que se producen dentro del propio territorio.

«Lo que nosotros tenemos para el campo y para las distintas regiones y ciudades es el riesgo de la lluvia local», explicó.

Como ejemplo, recordó los aproximadamente 400 milímetros registrados en Goya durante el episodio de 1997-1998, que generaron una inundación rápida con consecuencias directas sobre la población.

 

Sistemas de protección y bombeo: el desafío para Santa Fe

La especialista también puso el foco en las ciudades que cuentan con defensas contra las inundaciones.

En Santa Fe, explicó, no alcanza con contar con sistemas de protección frente a la crecida de los ríos. Es indispensable que esas estructuras estén acompañadas por sistemas de bombeo capaces de evacuar el agua que se acumula dentro de las zonas protegidas.

«Todos los sistemas de protección que se hacen para defenderse del río tienen que tener acompañado un sistema de bombeo para lo que llueve adentro del sistema de protección», advirtió.

Frente al escenario que plantea El Niño, Carballo llamó a pasar de la preocupación a la preparación.

«Más que asustarse, hay que actuar», afirmó.

En ese sentido, consideró necesario mantener limpios los canales, verificar las defensas, controlar el funcionamiento de los sistemas de bombeo y garantizar que las estructuras de protección estén completas y operativas.

 

Vera y los bajos submeridionales, bajo atención

El escenario también genera preocupación en el norte santafesino, particularmente en las zonas bajas y los denominados bajos submeridionales.

Carballo señaló que las lluvias persistentes ya generan encharcamientos en sectores de Vera y otras localidades de la región.

«Los bajos como los que ustedes comentaban de Vera y todas las regiones que son los famosos bajos submeridionales, allí la lluvia local que ya está siendo persistente en esa zona ya está provocando encharcamientos», explicó.

El exceso de agua también puede afectar directamente a la actividad productiva. La especialista mencionó dificultades para ingresar con maquinaria, retrasos en las cosechas, inconvenientes para retirar la producción y problemas vinculados al transporte de leche.

Una situación similar, recordó, se registró durante el episodio de 2015-2016.

Por eso, consideró fundamental anticiparse con la reparación de caminos rurales y la planificación de la logística.

«Hay que estar preparados, los caminos tienen que estar reparados, toda una serie de logística que siempre nos acordamos después que llovió», planteó.

 

El otoño podría ser el período más complicado

De acuerdo con Carballo, los fenómenos de El Niño y La Niña suelen desarrollarse durante aproximadamente un año, comenzando hacia la mitad de un año y extendiéndose hasta mediados del siguiente.

El período que mayor preocupación genera para el sector agropecuario es el otoño.

«Estos fenómenos empiezan siempre a mitad de un año y terminan a mitad del año que sigue», explicó.

La razón está relacionada con la capacidad de absorción de los suelos. Después de meses de precipitaciones, los campos pueden llegar al otoño con los perfiles de humedad saturados, lagunas llenas y menor capacidad para incorporar nuevas lluvias.

«Siempre el otoño, en todos estos fenómenos, ha sido el momento más complicado», sostuvo.

El exceso de agua puede traducirse entonces en encharcamientos, pérdida de transitabilidad, dificultades para ingresar a los establecimientos rurales y complicaciones para movilizar cosechas y producción.

 

Prepararse antes de que lleguen las lluvias

El mensaje central de la especialista apunta a la prevención. Frente a un fenómeno que podría alcanzar una intensidad muy elevada, la clave no pasa solamente por determinar cuánto lloverá, sino por contar previamente con la infraestructura y la logística necesarias para responder.

Para Santa Fe, esto implica revisar defensas, canales y estaciones de bombeo, mientras que en las zonas rurales resulta fundamental anticipar el mantenimiento de caminos y prever alternativas para el traslado de animales, cosechas y producción.

El Niño todavía se encuentra en una etapa inicial de desarrollo, pero la temperatura del Pacífico y la velocidad de su incremento ya constituyen señales de atención. La evolución durante los próximos meses será determinante para conocer el alcance concreto que tendrá el fenómeno sobre las lluvias, los ríos y las actividades productivas de la región.

 

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