La composición del granizo volvió a generar interrogantes en Funes luego de que un estudio realizado sobre muestras recolectadas tras la intensa granizada registrada en la ciudad detectara la presencia de microplásticos y distintos elementos químicos. Los análisis fueron realizados en tres laboratorios independientes, dos de Rosario y uno de Córdoba, y forman parte de un informe presentado durante 2026.
El episodio que dio origen al estudio ocurrió en abril de 2025. Vecinos y productores de la zona habían observado que algunas piedras de granizo permanecían sin derretirse durante varias horas, incluso después de que la temperatura alcanzara alrededor de 27 °C. A partir de esa situación se decidió recolectar muestras y enviarlas a distintos laboratorios para conocer su composición.
Entre los elementos identificados aparecen calcio, potasio, sodio, aluminio, arsénico, bario, boro, cromo, estroncio, magnesio, nitratos, plata, silicio, yodo y zinc. También se detectaron micropartículas que los autores del informe caracterizaron como microplásticos, entre ellas fibras que podrían corresponder a polímeros de poliéster.
“Lo que tenemos es una muestra singular”
Ramiro Zalazar Cisneros, médico epidemiólogo e integrante de Epidemiólogos Argentinos, explicó que el estudio surgió a partir de la inquietud de productores e integrantes de la organización que participaron de la recolección del material.
“Dijimos, tomemos las muestras y mandemos al laboratorio a ver qué informan. Pensábamos que iba a resultar un estudio con valores normales. Y no, precisamente encontramos muchos componentes que nos llamó la atención”, señaló en EME.
Según explicó, las muestras fueron enviadas a tres laboratorios independientes y los análisis fueron financiados mediante una colecta comunitaria. Los autores del informe son Marcela Sangorrín, Lorena Di Blasi y Juan José Cinalli, mientras que Zalazar participó junto a otros integrantes de la organización en la gestión y logística de las muestras.
Sin embargo, el propio epidemiólogo puso énfasis en los límites del trabajo realizado: “Lo que tenemos es una muestra singular, una muestra. No tenemos una serie de muestras”.
Por ese motivo, sostuvo que los resultados deben ser interpretados como un punto de partida y no como una explicación definitiva sobre el origen de los materiales encontrados.
Microplásticos y minerales en las muestras
El informe identificó fibras sintéticas mediante observaciones microscópicas y análisis espectroscópicos. De acuerdo con el documento, algunas de esas fibras presentaron características compatibles con polímeros plásticos, posiblemente poliéster.
También se detectaron distintos elementos inorgánicos en las muestras. Entre los componentes informados aparecen calcio, sodio, potasio y magnesio, además de otros elementos y metales en distintas proporciones.
Zalazar relacionó la presencia de fibras y determinados minerales con la particular resistencia que, según los productores, presentaron algunas piedras de granizo después de la tormenta.
No obstante, la presencia de estos elementos no permite establecer por sí misma cómo llegaron al granizo. Para determinar su origen sería necesario conocer con precisión las concentraciones, repetir los análisis y comparar los resultados con nuevas muestras.
Las hipótesis sobre el origen
Una de las cuestiones que surgió a partir del estudio es cómo llegaron esas partículas a las piedras de hielo. En términos generales, las precipitaciones pueden incorporar partículas que se encuentran suspendidas en la atmósfera y que quedan atrapadas durante los procesos de formación y crecimiento del granizo.
En ese sentido, la detección de microplásticos y metales constituye un dato sobre la composición de las muestras, pero no demuestra que esos materiales hayan sido incorporados deliberadamente ni permite identificar una fuente concreta. Especialistas consultados sobre el caso remarcaron que se requieren estudios comparativos para establecer su procedencia.
Zalazar mencionó distintas posibilidades, entre ellas partículas provenientes de actividades industriales, agrícolas, combustión, tránsito y otras fuentes que pueden incorporarse a la atmósfera y ser transportadas por las masas de aire.
También planteó como hipótesis la eventual participación de partículas que funcionen como núcleos de hielo y vinculó esa posibilidad con procesos de modificación atmosférica o siembra de nubes. Sin embargo, aclaró que los resultados obtenidos hasta ahora no permiten establecer una relación entre las muestras analizadas y una intervención artificial.
“Estamos hablando de hipótesis”, remarcó el epidemiólogo al referirse a las interpretaciones que pueden hacerse a partir de los resultados.
Qué falta investigar
El próximo paso, de acuerdo con Zalazar, debería ser ampliar el trabajo con nuevas muestras y establecer una vigilancia sostenida.
“Lo que tenemos es una muestra singular”, insistió, al señalar que no cuentan con una serie de registros que permita determinar si los componentes detectados vuelven a aparecer en otras precipitaciones.
Para avanzar sería necesario analizar nuevos ejemplares de granizo, agua de lluvia, aire y suelo, además de incorporar información meteorológica que permita reconstruir las condiciones atmosféricas y el desplazamiento de las masas de aire durante cada episodio.
También sería importante determinar con mayor precisión el tamaño, composición, concentración y características de las partículas encontradas. La comparación entre diferentes tormentas permitiría establecer si los resultados de Funes corresponden a un episodio particular o si forman parte de un patrón que pueda repetirse.
Un resultado que no permite sacar conclusiones definitivas
El estudio realizado sobre el granizo de Funes aporta evidencia de la presencia de microplásticos y distintos elementos químicos en las muestras analizadas. El informe incluso describe fibras compatibles con polímeros plásticos y una matriz con diferentes sustancias disueltas.
Pero esos resultados no permiten determinar, por sí solos, el origen de las partículas ni establecer que hayan sido incorporadas de manera intencional a las nubes. Tampoco permiten concluir que exista una intervención artificial del clima.
Por ahora, el principal reclamo de quienes participaron del estudio es ampliar la investigación con más muestras, nuevos análisis y monitoreo ambiental. La continuidad de esos estudios será la que permita determinar si los componentes encontrados vuelven a aparecer y, eventualmente, establecer de dónde provienen y cómo llegaron hasta el granizo.





