El sistema de transporte automotor interurbano de pasajeros en Santa Fe atraviesa una situación crítica, con un marcado desfasaje entre costos y tarifas que, según estimaciones del sector, alcanza el 45%. Así lo advirtió Rodolfo Wagner, tesorero de la Asociación de Transporte Automotor de Pasajeros (ATAP), en diálogo con EME.
“El sistema venía complicado desde hace años. Desde la pandemia hasta hoy cambió el uso del transporte por parte del pasajero”, explicó Wagner, al tiempo que señaló que la caída en la demanda y los cambios en los hábitos de movilidad impactaron de lleno en la sostenibilidad del servicio.
Uno de los principales problemas que enfrenta el sector es el fuerte incremento de los costos operativos, especialmente el combustible. “Hoy el precio del boleto está en 1.200 pesos, mientras que el combustible ronda los 2.000 pesos. Vamos muy atrasados”, remarcó.
En ese contexto, Wagner aseguró que las empresas no pueden ajustar las tarifas con la rapidez necesaria. “Nosotros no tenemos la posibilidad de modificar precios en relación a las variaciones económicas. Dependemos de la autorización de la provincia, que demora entre tres y cuatro meses. Hoy estamos con la misma tarifa de hace ocho meses”, sostuvo.
A este escenario se suma la quita de subsidios nacionales, que, según el empresario, agravó la crisis estructural del sistema. “El golpe fatal fue con Milei cuando quitó el fondo compensador al transporte del interior. Eso fue devastador”, afirmó. Y agregó: “El sistema tenía tres patas: tarifa, subsidio nacional y subsidio provincial. Al caer una, se desmoronó todo”.
-
Lee más: Colectivos en Santa Fe: pagaron los salarios a los choferes y se evitó el paro en la ciudad
Menos pasajeros y un sistema al límite
Además, Wagner advirtió que la cantidad de pasajeros transportados cayó considerablemente. “La carga media se redujo a un 35% respecto de los niveles previos a la pandemia. Cada vez viaja menos gente en colectivo”, explicó, y vinculó esta tendencia al crecimiento de alternativas como el uso de vehículos particulares o viajes compartidos.
Otro factor que genera preocupación es el esquema de gratuidades y tarifas sociales. “Hoy, de cada 10 pasajeros, 6 no pagan. Hay una distorsión del sistema”, indicó, y cuestionó que los subsidios “compensan al usuario, pero no a la empresa”, lo que genera una fuerte desfinanciación.
Frente a este panorama, las empresas ya comenzaron a ajustar su operatividad. En los últimos meses, las frecuencias se redujeron entre un 6% y un 7% para sostener el servicio y evitar un colapso mayor.
En paralelo, el sector reclama una mayor intervención del Estado y la apertura de mesas de trabajo para redefinir el sistema. “Necesitamos discutir qué transporte quiere la provincia y qué podemos ofrecer los empresarios”, planteó Wagner.
Finalmente, advirtió sobre las dificultades para renovar las unidades y mantener la calidad del servicio. “La mayoría de las empresas no puede invertir en nuevas unidades. Las flotas se mantienen como se puede”, señaló.
“Estamos ante un sistema colapsado. Hay una emergencia y no le vemos salida”, concluyó.







