Hay derrotas que duelen por el resultado y otras que preocupan por las formas. La caída de Colón frente a Chaco For Ever reúne ambas sensaciones. En una noche gris en Resistencia, el conjunto dirigido por Ezequiel Medrán perdió 1 a 0 ante un rival que llegaba golpeado, ubicado en el fondo de la tabla y con una extensa racha sin triunfos.
El resultado dejó al descubierto varios problemas que el equipo santafesino todavía no logra resolver. Si bien tuvo mayor posesión de la pelota y asumió la iniciativa durante buena parte del encuentro, nunca encontró los caminos para transformar ese dominio en situaciones claras de gol.
Desde el arranque, Colón intentó hacerse dueño del trámite. La intención estuvo, pero el juego nunca apareció. El partido se volvió cortado, friccionado y con escaso ritmo. En ese contexto, Ignacio Lago fue el futbolista más activo y desequilibrante, aunque demasiado solo para sostener el peso ofensivo del equipo.
Las aproximaciones más peligrosas llegaron en los primeros minutos. Julián Marcioni tuvo una acción anulada por fuera de juego y luego estuvo cerca de abrir el marcador con una definición que pasó muy cerca. Sin embargo, con el correr de los minutos, el Sabalero se fue apagando y comenzó a repetir una imagen que ya se vio en varios pasajes del campeonato: mucha voluntad, pocas ideas.
La segunda etapa mostró un escenario similar. Colón avanzó metros, empujó a su rival contra su campo y generó la sensación de que el gol estaba al caer. Pero cuando parecía atravesar su mejor momento, llegó el golpe más inesperado. A los 28 minutos, una desafortunada acción terminó con Mauro Peinipil marcando en su propio arco y decretando el 1 a 0 para los chaqueños.
El tanto cambió por completo el desarrollo del encuentro. La tranquilidad pasó al lado local y la desesperación se instaló en el conjunto rojinegro. Medrán buscó respuestas desde el banco, movió piezas y refrescó el ataque, pero el equipo nunca logró reaccionar futbolísticamente.
La última esperanza apareció en el tramo final, cuando Ingravidi conectó un cabezazo que pasó muy cerca del arco defendido por Gastón Canuto. Fue la oportunidad más clara de un equipo que terminó el partido confundido, sin claridad y sin capacidad para revertir una historia que se había complicado sola.
Como si la derrota no fuera suficiente, Federico Rasmussen recibió una nueva tarjeta amarilla, llegó al límite de amonestaciones y no podrá estar presente en el próximo compromiso.
Colón dejó escapar una oportunidad importante para seguir escalando posiciones y, sobre todo, para confirmar la mejoría que había insinuado en fechas anteriores. La derrota no solo representa tres puntos perdidos: también reabre interrogantes sobre el funcionamiento colectivo de un equipo que todavía busca regularidad.
Ahora será tiempo de pasar la página y recuperar confianza. El próximo desafío será el domingo 5 de julio, cuando el Sabalero visite a Deportivo Madryn con la obligación de mostrar una versión mucho más convincente para volver a ilusionar a su gente.





