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Julio dejó otra señal de alerta para las pymes: fuertes bajas en indumentaria, bazar y alimentos

El relevamiento de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa mostró además una baja del 2,1% frente a junio y un retroceso acumulado del 2,7% en los primeros siete meses del año. Alimentos y bebidas fue uno de los rubros que más cayó y preocupa especialmente al sector.

Además

Las ventas minoristas de las pequeñas y medianas empresas volvieron a caer en julio y profundizaron la preocupación entre los comerciantes. Según el último relevamiento de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), las ventas registraron una baja del 3,8% interanual y del 2,1% respecto de junio, mientras que el acumulado de los primeros siete meses del año muestra un retroceso del 2,7%.

El dato marca un nuevo deterioro después de la recuperación registrada en junio, cuando el cobro del aguinaldo y el mayor movimiento generado por el Mundial habían generado un alivio temporal.

Para Salvador Femenía, vocero de CAME, aquella mejora no representaba un cambio de tendencia. “Volvemos a la situación actual donde el consumo está muy restringido”, sostuvo al analizar los números de julio.

 

Salarios, tarifas y endeudamiento: las claves del retroceso

Desde CAME explicaron que el consumo continúa condicionado por la falta de recuperación del salario real, el incremento de las tarifas de los servicios públicos y el endeudamiento de los hogares.

“No vemos la recuperación. La no recuperación del salario real y la mayor incidencia de los costos de las tarifas de los servicios públicos explican en buena medida esto”, señaló Femenía.

 

 

El dirigente también mencionó otros factores que afectan las decisiones de compra: la falta de crédito, el endeudamiento de los particulares con tarjetas de crédito y la incertidumbre sobre el futuro.

“Todo esto está jugando en contra de una recuperación del consumo y, obviamente, al no tener previsibilidad, tampoco tenemos posibilidad de que haya una corriente de inversión”, explicó.

El escenario se traduce en un consumidor cada vez más cauteloso, que concentra sus gastos en productos indispensables y posterga la adquisición de bienes durables, indumentaria y artículos de mayor valor.

 

Alimentos y bebidas, uno de los datos que más preocupa

El relevamiento de CAME mostró que seis de los siete sectores analizados tuvieron caídas interanuales.

Las principales bajas se registraron en:

  • Textil e indumentaria: -5,6%.
  • Bazar, decoración, textiles para el hogar y muebles: -5,5%.
  • Alimentos y bebidas: -5,4%.

La única actividad que mostró una variación positiva fue ferretería, materiales eléctricos y materiales para la construcción, con una mejora del 1%.

Para Femenía, sin embargo, el dato que genera mayor preocupación es el comportamiento de los alimentos.

Lo más alarmante es el nivel de caída de alimentos y bebidas”, afirmó.

El vocero de CAME explicó que detrás de ese retroceso aparece una fuerte adaptación de los consumidores para sostener sus compras básicas.

“Uno se da cuenta de lo ajustado que está todo y de los malabares que tiene que hacer la gente para poder sostener un mínimo de consumo”, describió.

Según detalló, los consumidores recurren cada vez más a segundas marcas, promociones, ofertas y billeteras virtuales, además de fraccionar las compras para administrar los ingresos disponibles.

 

 

Menos consumo, menos margen y menos inversión

El deterioro de las ventas también impacta sobre la capacidad de los comerciantes para proyectar inversiones.

El 61,5% de los comercios relevados por CAME consideró que la coyuntura actual es desfavorable para realizar nuevas inversiones de capital. Solo el 14% la calificó como oportuna, mientras que el 24,5% no tomó posición.

Femenía sostuvo que la lógica debería ser inversa: primero debería consolidarse una recuperación del consumo y luego aparecerían las condiciones para ampliar los negocios.

Hoy a nadie se le va a pasar por la cabeza invertir en algo cuando apenas puede sostener el negocio”, afirmó.

La situación se vuelve todavía más compleja por la reducción de los márgenes comerciales y el aumento de los costos operativos.

“Más allá de la caída, también impacta en los magros márgenes que está teniendo el mercado minorista, acentuado todavía un poquito más porque tienen peso los ajustes de tarifas”, explicó.

En ese contexto, advirtió que los comerciantes no pueden trasladar todos los aumentos a los precios sin profundizar todavía más la caída del consumo.

 

El impacto sobre el empleo

La menor actividad también genera preocupación por el sostenimiento de los puestos de trabajo en el sector.

La combinación de menores ventas, costos crecientes y márgenes reducidos limita la capacidad de los comercios para absorber nuevos gastos.

Desde CAME entienden que, si la tendencia se mantiene, el sector deberá continuar priorizando la supervivencia y el sostenimiento del flujo operativo antes que la expansión o la incorporación de personal.

 

Las ventas online crecen, pero no compensan la caída

El informe también registró un crecimiento de las ventas por internet. Las operaciones digitales realizadas por comercios con locales físicos aumentaron 14,9% interanual.

Sin embargo, Femenía aclaró que la medición de CAME contempla tanto las ventas presenciales como las digitales y que la modalidad online representa aproximadamente una cuarta parte de las operaciones de los establecimientos consultados.

Esto es físico más digital dentro de lo que es el sector minorista pyme a nivel país”, explicó.

Aun así, remarcó que el comercio de cercanía mantiene una fuerte dependencia de las compras cotidianas.

“Vos no vas a comprar un kilo de papa por internet, ni un corte de carne, ni un litro de leche. Esto es la diaria, esto es lo que representa el comercio de cercanía”, señaló.

 

Un consumo que todavía no logra recuperarse

Femenía ubicó la situación actual dentro de un proceso más amplio de deterioro del consumo y recordó que durante los últimos meses hubo períodos de recuperación que luego se agotaron.

“Hubo un impasse entre septiembre y abril (…) que hubo ahí un rebote que se mantuvo en esos meses, pero que creo que también se agotó con la posibilidad del crédito”, explicó.

Según su análisis, el uso intensivo de las tarjetas de crédito permitió sostener parte del consumo durante un período, pero posteriormente el endeudamiento de los hogares comenzó a convertirse en un límite.

“La gente utilizó mucho la tarjeta y después se frenó, porque con la caída de los salarios, evidentemente la gente no pudo pagar saldos y está endeudada”, sostuvo.

Con el retroceso de julio, las pymes llegan al segundo semestre con ventas debilitadas, consumidores cautelosos, costos crecientes y pocas expectativas de inversión, mientras esperan una recuperación del poder adquisitivo que permita reactivar el consumo y mejorar las condiciones para el comercio minorista.

 

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