El nacimiento de David, hijo de una mujer de 62 años oriunda de San Nicolás, volvió a poner en el centro del debate los límites de las técnicas de reproducción humana asistida en Argentina.
La mujer se convirtió en la madre primeriza de mayor edad del país luego de realizar un tratamiento de fertilización asistida con óvulos donados en Rosario. El bebé nació mediante una cesárea en el Hospital San Felipe, con un peso de 2,7 kilogramos.
Por su edad y al encontrarse en la menopausia, la mujer recurrió a la ovodonación, una técnica mediante la cual se utiliza un óvulo de una donante para realizar la fecundación y posteriormente transferir el embrión.
El caso generó interrogantes que exceden la cuestión estrictamente médica: ¿qué límites establece la legislación argentina?, ¿qué sucede cuando una práctica es técnicamente posible pero no está expresamente prohibida?, ¿qué riesgos deben evaluarse en una maternidad a edades avanzadas? y ¿cómo se ponderan los derechos de la madre y los del niño?
La abogada y magíster en Bioética Carolina Caputto abordó estos interrogantes durante su visita a los estudios de EME.
Qué dice la ley sobre la edad
Caputto explicó que la legislación argentina establece límites vinculados con la cobertura de los tratamientos de fertilización asistida.
“Límites que establece la ley en cuanto a la edad: 44 años si es con óvulos y material propio, y 51 años si es con ovodonación”, explicó.
Sin embargo, la especialista remarcó una diferencia fundamental: esos límites no funcionan necesariamente como una prohibición absoluta para realizar un tratamiento.
“La ley obliga a obras sociales, Estado, prepagas a dar estos tratamientos con cierta frecuencia y cierto límite, pero no prohíbe si la mujer supera determinada edad”, señaló.
En ese punto aparece uno de los principales aspectos jurídicos del caso. “Al no prohibir, ahí hay un vacío legal que permitió que esta mujer vaya a una clínica”, sostuvo Caputto.
Ante la consulta sobre si la mujer incurrió en alguna infracción legal al realizar el procedimiento, fue contundente: “Totalmente” no transgredió la ley.
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¿Qué es la ovodonación?
La técnica utilizada resulta particularmente relevante en este caso porque, a determinada edad, la calidad y disponibilidad de los óvulos propios disminuye considerablemente.
Caputto explicó que la ovodonación permite utilizar material genético de una donante cuando los óvulos de la mujer no son aptos para una fecundación.
“Mis óvulos no son potables para una fertilización, no son buenos, no son de buena calidad, si es que los tengo todavía, o no, como en el caso de esta mujer que era menopáusica”, explicó.

El procedimiento puede incluir una técnica de alta complejidad denominada ICSI, mediante la cual un espermatozoide es introducido directamente en el óvulo para favorecer la fecundación.
“Es una técnica muy sofisticada donde un óvulo se ve fecundado por un espermatozoide. De ahí puede ser que esa fecundación se dé y que se produzca un embrión. Esos embriones son crioconservados”, detalló.
Para Caputto, allí aparece inevitablemente una dimensión bioética: “Tema bioético total, sin duda”.
La pregunta que plantea la Bioética
Más allá de determinar si un procedimiento está permitido por la legislación, la especialista planteó una cuestión más profunda.
“La pregunta que acá prima es si todo lo científica o médicamente posible es éticamente válido. ¿Vale todo porque se puede hacer?”, sostuvo.
Y agregó: “Hay un límite en eso y el límite lo encontramos desde la ética”.
La Bioética, explicó, es una disciplina relativamente reciente que analiza dilemas vinculados con la vida, la salud y las decisiones médicas desde diferentes perspectivas.
“No tiene más de 50 años”, señaló, y explicó que incorpora aportes de la filosofía, la psicología, la sociología, el derecho, la medicina, la religión y la antropología, entre otras disciplinas.
En ese marco, Caputto cuestionó una lógica social en la que la posibilidad técnica parece convertirse automáticamente en justificación.
“Estamos en una época de la sociedad líquida… la ausencia o la indiferencia por el cuestionamiento moral de nuestros actos. Es posible, lo hacemos”, reflexionó.
Los riesgos para la salud de la madre
Uno de los principales interrogantes planteados por la especialista está relacionado con los riesgos médicos de una maternidad a los 62 años.
“¿Alguien evaluó los riesgos en la salud de esta mujer a futuro?”, preguntó.
Caputto sostuvo que el cuerpo humano está naturalmente preparado para atravesar la maternidad dentro de determinados períodos biológicos y mencionó, entre otros aspectos, los cambios hormonales y la descalcificación de los huesos.

Además, recordó que la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva establece un límite de 50 años como recomendación médica.
“Es un consejo médico, no vale como ley. La ley adopta ese consejo y establece esos límites”, explicó.
Por eso, para la especialista, el hecho de que exista un vacío legal no elimina la necesidad de analizar los riesgos médicos y las consecuencias a largo plazo.
El futuro de David también forma parte del debate
Otro de los aspectos que Caputto considera necesario discutir es el impacto que una maternidad a los 62 años podría tener sobre el niño.
“¿Qué va a pasar con ese chiquito? A la edad de adolescencia, juventud, va a tener que hacerse cargo del cuidado de su madre probablemente”, planteó.
La especialista también mencionó las consecuencias psicológicas que pueden surgir en determinadas situaciones de maternidad tardía.
“Tengo amigas que fueron madres a los 40 y pico, van a las reuniones de padres y se encuentran con papás de 20 y pico”, relató.
Según explicó, esas diferencias generacionales pueden tener impacto “en la psicología, en el amor propio, en el proyecto de vida”.
No obstante, Caputto aclaró que su análisis no pretende realizar una condena moral sobre la mujer.
“No estoy haciendo tampoco una calificación moral de si está bien o mal. No nos vamos a poner en dueños de la moral ni en los dueños de la única verdad”, remarcó.
La importancia de los comités de Bioética
Frente a casos complejos como este, Caputto consideró fundamental la intervención de equipos interdisciplinarios. “Lo deseable es la constitución de comités de bioética”, afirmó.
Estos organismos permiten analizar cada situación desde distintas disciplinas y contemplar aspectos médicos, jurídicos, psicológicos y sociales antes de adoptar una decisión.
“Los comités de bioética son un organismo súper interesante porque lo que hacen es analizar cada caso concreto, que son casos difíciles, complejos y dilemáticos muchas veces”, explicó.
Sin embargo, aclaró que sus decisiones no son vinculantes. “Lo que un comité de bioética hospitalario o institucional puede sugerir es una mera sugerencia o consejo. No es obligatorio, pero sirve un montón”, señaló.
En relación con el caso de la mujer de 62 años, Caputto cuestionó que pudiera no haber existido una instancia interdisciplinaria previa.
“A mí me da la sensación de que el médico se presenta como un logro personal”, sostuvo, y agregó que no tiene la impresión de que haya intervenido “tentativamente un equipo interdisciplinario” que analizara el caso desde las diferentes perspectivas.
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Consentimiento informado
Otro elemento central en los tratamientos de fertilización asistida es el consentimiento informado.
Caputto explicó que las clínicas especializadas suelen realizar procesos exhaustivos para explicar a los pacientes los alcances y riesgos de los procedimientos.
“El consentimiento es larguísimo, tiene como 80, 100 páginas porque se le explica absolutamente todo y son muy cautos estas clínicas para delimitar bien el ámbito de responsabilidad”, afirmó.

Sin embargo, para la especialista, el consentimiento informado no reemplaza necesariamente una evaluación bioética integral cuando se presenta un caso excepcional.
El derecho del niño a conocer su origen
El nacimiento mediante técnicas de reproducción asistida también genera consecuencias jurídicas vinculadas con la identidad del niño.
Caputto explicó que estos nacimientos cuentan con un régimen registral particular. “El niño que nace producto de estas técnicas de fertilización asistida no es anotado con una partida de nacimiento común y corriente”, indicó.
En el caso de la donación de gametos, además, existe un régimen de anonimato para el donante. “Hay anonimato sobre la persona donante, del esperma y del óvulo”, explicó, aunque aclaró que existen determinadas circunstancias en las que la cuestión puede quedar sujeta a la interpretación judicial.
Esto genera una tensión entre dos principios: por un lado, el anonimato establecido para los donantes y, por otro, el derecho del niño a conocer sus orígenes.
“Tenemos una convención, es un derecho del niño en este caso, pero tenemos una ley que garantiza el anonimato”, planteó Caputto.
El debate sobre los límites de la reproducción asistida
El caso también permite discutir hasta dónde deberían llegar las posibilidades de selección y manipulación vinculadas con las técnicas de reproducción asistida.
Caputto trasladó el interrogante a la selección genética y planteó: “Estamos buscando un hombre que no tenga ninguna enfermedad, ninguna. ¿Cuál es el límite en buscar que tenga ojos claros, que sea de determinada edad, que tenga determinado coeficiente intelectual?”.
Y dejó una pregunta abierta: “¿Y quién dice cuál es el mejor?”.
En ese sentido, el debate no se limita a la edad de una mujer que decide ser madre mediante fertilización asistida, sino que involucra una discusión mucho más amplia sobre los límites de la ciencia y la medicina.
Un debate que va más allá del caso puntual
La maternidad a los 62 años vuelve a poner en discusión los límites entre lo legal, lo médico y lo éticamente aceptable.
Para Caputto, la legislación argentina presenta zonas grises que permiten la realización de determinadas prácticas sin que exista una prohibición expresa, mientras que la Bioética plantea la necesidad de analizar cada caso más allá de lo estrictamente permitido.
El caso también abre interrogantes sobre la salud de la mujer, el bienestar y los derechos del niño, el consentimiento informado, el anonimato de los donantes y el rol que deberían cumplir los equipos interdisciplinarios.
Finalmente, la especialista incorporó una perspectiva de género al debate y cuestionó los diferentes criterios con los que la sociedad suele juzgar la maternidad y la paternidad tardías.
“¿Por qué se juzga a la mujer por ser mamá a los 62 años y no se juzga a los varones que son padres a los 80?”, planteó.
Así, el nacimiento de David no solo representa un nuevo caso de reproducción asistida de alta complejidad, sino también un escenario que vuelve a poner sobre la mesa una pregunta central para la sociedad: que algo pueda hacerse desde el punto de vista científico, ¿significa necesariamente que deba hacerse?






