El bullying ya no termina necesariamente cuando suena el timbre de salida de la escuela. Una burla, una exclusión o una humillación que comienza en el aula puede continuar durante horas a través de WhatsApp, redes sociales o plataformas de videojuegos.
La Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) advirtió que actualmente existe una fuerte continuidad entre el acoso presencial y el digital, lo que puede provocar que niños y adolescentes permanezcan expuestos al hostigamiento incluso cuando están en sus casas.
Los números que preocupan
Según las Pruebas Aprender 2023, el 63% de los estudiantes de sexto grado consultados dijo haber atravesado al menos una situación de agresión o violencia durante ese año, ya sea en la escuela o en redes sociales.
Además, el 56% afirmó haber presenciado agresiones entre compañeros, mientras que el 36% manifestó haberse sentido discriminado.
Otros relevamientos también muestran un aumento del acoso entre adolescentes y advierten que una parte importante de las víctimas no cuenta lo que está viviendo.
Qué señales pueden advertir una situación de bullying
Los especialistas señalan que el hostigamiento puede manifestarse a través de cambios de ánimo, ansiedad, problemas para dormir, dolores de cabeza o abdominales, caída del rendimiento escolar y aislamiento.

También pueden aparecer rechazo a asistir a clases, pérdida de interés por actividades habituales, útiles o ropa dañados y una necesidad constante de revisar el teléfono por miedo a nuevas agresiones.
En los casos más graves, el acoso puede derivar en depresión, aislamiento profundo e incluso pensamientos vinculados con la muerte.
Qué hacer ante el ciberbullying
La recomendación principal es que el niño o adolescente no enfrente solo la situación ni responda con violencia.
Ante agresiones digitales, los adultos deben escuchar, contener, conservar capturas o pruebas, bloquear y reportar las cuentas involucradas y trabajar junto con la escuela y las familias.
Desde la SAP remarcan que el bullying no involucra únicamente a quien agrede y a quien sufre la agresión: también forman parte de la dinámica los compañeros que observan, los adultos y las instituciones.
Por eso, la intervención temprana y el acompañamiento resultan fundamentales para evitar que el hostigamiento continúe o se agrave.





