El episodio ocurrido esta semana en la Escuela Normal N.º 40 Mariano Moreno de San Cristóbal volvió a poner bajo la lupa el estado de la comunidad educativa, luego de que varios alumnos se arrojaran desde las ventanas del primer piso al escuchar una fuerte explosión provocada por la rotura del neumático de un camión.
El hecho generó escenas de desesperación entre estudiantes, docentes y familias. Según relató María José Berger, madre de una alumna de 4° año, hubo estudiantes que resultaron lesionados durante la huida y una adolescente tuvo que ser retirada del establecimiento en brazos luego de desmayarse.
“A las 7:20, 7:30 de la mañana me llama mi hija desesperada, que no sabía qué estaba pasando, pero había chicos que se estaban tirando del primer piso”, relató Berger en EME.
La mujer señaló que el episodio debe ser analizado dentro del contexto de la tragedia ocurrida el pasado 30 de marzo en la institución y consideró que la comunidad todavía no logró dimensionar su impacto en los adolescentes.
“Yo creo que ninguno de nosotros entendemos la magnitud de lo que sucedió. Todavía no entendimos en realidad la magnitud de lo que sucedió en marzo, ni los padres, ni los directivos, ni nadie de nosotros. Solamente los chicos, que me parece que los estamos subestimando un montón”, afirmó.
Berger sostuvo además que no se trata del primer episodio que genera temor dentro de la escuela. “Más allá de esta rotura de cubierta, ha habido otros episodios atrás: explotó la cubierta de una bicicleta adentro. También nos pasaron un montón de cosas”, manifestó.
Estudiantes lesionados y familias desesperadas
La madre describió el momento posterior a la explosión como una situación de caos, con estudiantes fuera del establecimiento y familias intentando saber qué había ocurrido.
“Se rompieron las ventanas, se tiraron por las ventanas. Fuimos, era un caos, todos los padres, los chicos afuera, dentro de la escuela. Había una nena que la sacaban en brazos porque estaba desmayada”, relató.
Según su testimonio, varios adolescentes sufrieron lesiones durante el episodio.
“Había una chica con una fractura en la nariz, fractura en la muñeca, otro chico tuvo la cara toda golpeada, los padres muy desesperados”, afirmó Berger.
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Para la madre, lo ocurrido demuestra la necesidad de contar con herramientas específicas para acompañar a los estudiantes. “No estamos tomando dimensión de lo que ellos sienten. No estamos encontrando las herramientas para ayudarlos”, sostuvo.
Reclamo por atención psicológica
Uno de los principales cuestionamientos de Berger apunta a la asistencia psicológica disponible para los estudiantes.
Según explicó, su hija cuenta actualmente con acompañamiento profesional, pero por fuera de la institución y a partir de una decisión familiar.
“Debería toda la escuela tener atención psicológica, pero la tienen solamente los dos cursos que ha pasado: primer año, del chico agredido, y tercero, donde estuvo el agresor. Los demás cursos no”, señaló.
En ese sentido, contó que su hija había intentado impulsar la llegada de profesionales a través del Centro de Estudiantes, aunque, según afirmó, no obtuvieron la respuesta esperada por parte de las autoridades.
“Mi hija tiene atención psicológica porque tuvimos que empezar con eso, ella misma me lo pidió, pero por cuenta nuestra, de manera individual”, explicó.
Berger también describió cómo el episodio de marzo continúa impactando en la vida cotidiana de su hija.
“Yo hace del 30 de marzo que duermo con mi hija de 16 años. En la misma cama tengo que dormir con ella, me lo pide todos los días”, contó.
Y agregó: “Ella hoy hasta le cuesta ir a un boliche, por ejemplo, donde hay mucho amontonamiento de gente”.
Incluso relató una conversación que mantuvo con su hija después del episodio de esta semana. “Justo anoche, hablando con ella, me dice: mamá, yo tampoco logro tirarme del primer piso. Estoy más preocupada por lo que pueda llegar a hacer mi hija en este sentido de desesperación”, expresó.
Más episodios que mantienen la alerta
Berger también mencionó otro hecho ocurrido durante la misma semana en una escuela técnica de la ciudad, donde se habría encontrado a un estudiante con un arma de aire comprimido.
“Amén de que ellos vienen dentro de un contexto, porque esta semana ocurrió en otra escuela que encontraron a un chico con un arma: un arma de aire comprimido, un revólver de aire comprimido. Están todos en alerta”, señaló.
La madre vinculó esa situación con los controles implementados nuevamente en el ingreso a la institución: “Ahora entiendo por qué a nosotros también nos revisaron a la entrada nuevamente las mochilas”.
“Hay que salir un poquito del escritorio”
Berger cuestionó la respuesta de las autoridades y reclamó una mayor presencia en las escuelas para conocer de primera mano lo que atraviesan los estudiantes.
“A esta altura me parece que están todos muy tranquilos, como que nadie quiere que se hable de nada, y estamos medio muy callados. Y en el medio están los chicos”, sostuvo.
“No estamos controlando nada, porque si no, no hubiese habido pibes largados en un primer piso”, agregó.
La mujer también apuntó contra las respuestas institucionales que, según su mirada, no estarían alcanzando para resolver las dificultades que atraviesa la comunidad educativa.
“Detrás de un escritorio somos todos buenos para firmar, para tomar decisiones, pero hay que ver la realidad del otro lado”, afirmó.
Y cuestionó la efectividad de las propuestas de acompañamiento: “Le ponen un montón de moñitos y nombres hermosos a los talleres y las cuestiones interdisciplinarias, pero no están funcionando. Evidentemente no están funcionando”.
En ese sentido, reclamó una mayor presencia de las autoridades: “Si hay gente escuchando, por favor pónganse las pilas. Dejemos de estar dando órdenes atrás de un escritorio, salgamos un poquito, pateemos la calle. Hablemos con los padres, con los directivos”.
La preocupación por la exposición en redes sociales
Otro de los puntos planteados por Berger fue la exposición de los menores en redes sociales después del episodio.
La madre contó que su hija se molestó al observar que una persona estaba filmando a los estudiantes mientras permanecían fuera del establecimiento.
“Mi hija se enojó mucho porque vio a uno de los chicos del canal local filmando el momento donde estaban todos afuera. Le dijo: deja de filmar, ¿no te das cuenta? Somos menores de edad, no tenés idea de lo que estamos pasando”, relató.
Berger sostuvo que la exposición puede profundizar el malestar de los adolescentes: “Las redes son crueles, y ellos leen todos los comentarios”.
Según contó, su hija pidió que, en caso de utilizar imágenes, no se mostrara a los estudiantes menores de edad.
“No subestimar a nuestros adolescentes”
Frente a este escenario, Berger pidió que la comunidad de San Cristóbal tome dimensión de lo que atraviesan los estudiantes y que sus reacciones no sean minimizadas.
“La comunidad de San Cristóbal tenemos que hacer alerta de esto y no subestimar a nuestros adolescentes por lo que sienten o hacen”, concluyó.





