Un informe técnico elaborado por el Centro de Estudios Sembrar encendió una señal de alerta sobre la situación actual de los reservorios y valles de inundación de la ciudad de Santa Fe.
El relevamiento, realizado a partir de imágenes satelitales, fotografías aéreas y la comparación con registros de años anteriores, detectó que numerosas familias volvieron a instalarse en sectores considerados de riesgo hídrico.
De acuerdo con el diagnóstico, más de 1.000 familias se encuentran actualmente en zonas vulnerables. Se trata principalmente de personas que viven por fuera de los anillos de defensa de los ríos Salado y Paraná o directamente dentro de reservorios destinados a recibir agua ante eventuales crecidas o lluvias extraordinarias.
Al respecto, Carlos Pereira, coordinador del Centro de Estudios Sembrar, explicó en diálogo con EME que el relevamiento busca aportar información para anticipar los posibles efectos de un escenario climático asociado al fenómeno de El Niño.
“Nos acercamos a eventos climáticos severos en materia de crecida de ríos y de lluvias, producto del fenómeno de El Niño. Va a haber afectaciones”, sostuvo.
Sin embargo, aclaró que la situación actual es diferente a la de las grandes inundaciones que sufrió la ciudad en 2003 y 2007.
“Estamos lejos del escenario de afectaciones masivas en materia de evacuados como tenemos en nuestra memoria, que fueron los años 2003 y 2007”, afirmó.
Dónde están las familias con mayor riesgo
Según el relevamiento, las principales situaciones de vulnerabilidad se concentran en sectores ubicados fuera de los sistemas de defensa y en distintos reservorios de la ciudad.
Entre las áreas señaladas aparecen sectores vinculados con La Esmeralda, Alto Verde, la zona de El Pozo, el eje higiénico municipal y distintos reservorios del oeste y noreste, entre ellos Bajos Judiciales.
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Pereira sostuvo que estas familias son las que presentan el mayor nivel de exposición ante una eventual combinación de lluvias intensas y crecida de los ríos.
“Las principales afectaciones se van a dar en aquellas familias que están viviendo donde no tienen que vivir, por fuera de los anillos de defensa, más que nada en la zona del Paraná, pero también algo sobre El Salado, por la zona del frigorífico, y en los reservorios”, explicó.
Y advirtió: “Estas familias tienen un nivel cercano al 100% de probabilidad de tener que ser evacuadas en determinado momento”.
El regreso de los asentamientos a los reservorios
Uno de los aspectos que más preocupa del diagnóstico es el retroceso registrado en los últimos años.
Pereira recordó que durante la década pasada se habían implementado políticas de relocalización que permitieron liberar sectores ocupados dentro de reservorios y trasladar a numerosas familias hacia otros barrios.
Entre los sectores mencionados se encuentran Barranquitas Sur, Villa Oculta, Padre Atilio Rosso, Barranquitas Oeste y Bajos Judiciales.
Según el informe, ese proceso permitió que para 2019 algunos de esos espacios quedaran prácticamente libres de viviendas. Sin embargo, el relevamiento actual detectó nuevamente una importante cantidad de construcciones.
“Vemos con preocupación que un proceso que se había dado durante la década pasada, que es vaciar los reservorios de familias y reubicarlos en zonas como Barranquitas Sur, Villa Oculta, Padre Atilio Rosso, Barranquitas Oeste o Bajos Judiciales, con ayuda de fondos del gobierno nacional y provincial, había quedado vacío al año 2019”, señaló Pereira.
Y agregó: “Hoy vemos que ya hay decenas, algunas cientos de familias nuevamente viviendo ahí”.
Una ciudad mejor preparada que en 2003 y 2007
El informe también destaca que Santa Fe cuenta actualmente con una infraestructura hídrica considerablemente mayor a la existente durante las grandes inundaciones de comienzos de siglo.
Durante la década pasada se construyeron nuevos desagües, estaciones de bombeo y obras de defensa que permitieron mejorar la capacidad de respuesta de la ciudad.
“Las obras que se hicieron fundamentalmente en la década pasada —obras hídricas, desagües, estaciones de bombeo, reservorios— permiten que el escenario actual sea diferente al de las inundaciones históricas», explicó Pereira.
El especialista detalló además que se construyeron más de 45 kilómetros de desagües entubados y que las obras de defensa abarcan distintos sectores de la ciudad.
“La ciudad tuvo muchas obras en materia de desagües durante la década pasada. Se construyeron más de 45 kilómetros de desagües entubados que no se ven. Son 10 costaneras completas, desde el Puente Oroño hasta la rotonda de Javier de la Rosa”, indicó.
De todos modos, aclaró que las obras no eliminan completamente el riesgo.
“No es que no va a haber problemas en la ciudad, va a haber problemas si hay lluvias muy intensas, el riesgo de ingreso de agua en algunos domicilios va a estar”, sostuvo.
Según Pereira, la diferencia fundamental está en dónde se concentra actualmente el mayor peligro: “Sabemos que el principal riesgo va a estar ahí”, en referencia a las familias ubicadas fuera de los anillos de defensa y dentro de los reservorios.
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La situación de los reservorios frente a una crecida
Otro de los factores que podría agravar la situación es el comportamiento de la napa freática.
Después de varios años de condiciones de sequía asociadas a La Niña, los reservorios presentan actualmente bajos niveles de agua. Sin embargo, una eventual combinación de lluvias y crecida de los ríos podría modificar rápidamente ese escenario.
“Sí, en un valle de inundaciones. Hoy los reservorios, después de tantos años de Niña, donde tuvimos sequía, están muy vacíos. La napa freática está muy baja”, explicó Pereira.
Y detalló: “Cuando los ríos empiecen a crecer, cuando empiece a llover, esos reservorios se van a llenar de agua, y es probable que incluso no se llenen por la lluvia sino porque la napa crezca”.
Por eso, sostuvo que las familias que viven en esos sectores podrían verse afectadas independientemente de que el ingreso de agua se produzca directamente por las lluvias o por el crecimiento de los niveles subterráneos.
“Esa gente, de una manera u otra, por río o por lluvia, se va a ver afectada en determinado momento”, afirmó.
El desafío de las próximas semanas
El relevamiento plantea que la relocalización de las familias que ocupan los sectores de mayor riesgo debería volver a ocupar un lugar central dentro de las políticas de prevención.
Pereira consideró que, en el corto plazo, ya no existe margen para trasladar a todas las familias antes de un eventual episodio de lluvias intensas o crecidas.
Por eso, ante una emergencia, el objetivo será contar con espacios adecuados para alojar a quienes deban ser evacuados.
El especialista explicó que el municipio ya trabaja sobre la disponibilidad de centros de evacuación y que, una vez superado el período de mayor riesgo, debería retomarse una política sostenida de reubicación.
“Vamos a tener que concentrarnos en hacer de vuelta lo que ya habíamos hecho la década pasada, que es reubicar familias”, sostuvo.
Y agregó: “El Estado va a tener que, en los próximos meses y años, concentrar los esfuerzos de sus presupuestos para políticas de riesgo hídrico fundamentalmente en estos lugares”.
Barranquitas Sur, uno de los puntos a intervenir
Entre los sectores que podrían volver a ser objeto de políticas de relocalización aparece Barranquitas Sur.
Pereira mencionó los trabajos proyectados para elevar terrenos y generar nuevas condiciones urbanas que permitan trasladar a familias que actualmente viven en sectores inundables.
“El intendente Poletti ha retomado ya una vieja tarea que había iniciado la intendencia de José Corral: continuar en Barranquitas Sur”, explicó.
Según detalló, el objetivo es avanzar con el cierre del tramo urbano sobre el río Salado y realizar un alteo de lotes para posteriormente construir viviendas destinadas a las familias que actualmente ocupan el reservorio.
“Construir viviendas junto con los sin techo para reubicar a estas 50, 60 familias”, señaló.
Un retroceso que preocupa
Pereira atribuyó el regreso de asentamientos a zonas de riesgo a un proceso que se profundizó durante la pandemia, cuando se produjeron nuevas ocupaciones de terrenos.
“La ciudad, a partir de 2020-2021, y en medio de la pandemia y de la desaparición del Estado, tuvo muchas intrusiones, muchas usurpaciones”, afirmó.
El coordinador del Centro de Estudios Sembrar consideró que recuperar los reservorios debe convertirse nuevamente en una prioridad de las políticas de prevención.
“Lamentamos este retroceso de políticas que le costaron muchos recursos al municipio, a la provincia y a la nación”, sostuvo.
Para Pereira, la planificación debe apuntar no solo a responder ante una eventual emergencia hídrica, sino también a reducir de manera permanente la cantidad de personas expuestas.
“Va a haber que retomar esto, y es lo que planteamos nosotros: tiene que ser el eje principal de las políticas de prevención del riesgo en los próximos años”, concluyó.







