Candela Cerrone volvió de las Islas Malvinas con mucho más que una medalla. La atleta y docente logró imponerse en la maratón que se corre en el archipiélago y transformó su llegada en una escena que recorrió todo el país: el grito de “¡Argentina!” al cruzar la meta, seguido de una dedicatoria a los veteranos y caídos de la guerra.
La corredora, oriunda de Pinamar, contó que la idea de participar en esta prueba comenzó a gestarse en 2023, cuando descubrió la existencia de la competencia, conocida como la maratón más austral del mundo. Desde entonces, el deseo de correr en Malvinas se convirtió en una meta personal y simbólica.
“Yo quería ir, como sea tenía que ir”, relató sobre la preparación de un viaje complejo y costoso, que finalmente pudo concretar este año. Pero una vez en las islas, una regla de la organización la golpeó: no podía portar colores, insignias ni remeras argentinas durante la carrera.
Lejos de desanimarse, esa limitación se convirtió en combustible.
“¿Cómo voy a hacer para que sepan que Argentina está corriendo ahí?”, recordó. La respuesta apareció casi como una promesa compartida con su entrenador y compañero Alexis Casco: había que ganar para que se escuchara el nombre del país en la meta.
Y así fue. Candela no solo se quedó con la prueba femenina, sino que terminó cuarta en la clasificación general, detrás de tres soldados británicos. En los últimos metros, acompañada por un grupo de argentinos que registró la llegada con un celular, descargó toda la emoción acumulada durante las más de tres horas de esfuerzo.
“Lo único que tenía muy guardado era que quería cruzar el arco y gritar Argentina”, confesó.
Ese instante se volvió viral y le dio a su triunfo una dimensión que superó lo deportivo. Para Cerrone, la victoria sirvió para “malvinizar” desde otro lugar: el del deporte, la memoria y las nuevas generaciones.
La experiencia en las islas también la atravesó profundamente. Visitó el cementerio de Darwin, recorrió trincheras, restos de fuselajes y antiguos puntos de combate.
“No se puede defender lo que no se conoce”, repitió, tomando la frase que le compartió un veterano y que hoy se convirtió en uno de los ejes de su mensaje.
Candela aseguró que volverá a Malvinas, no solo para correr otra vez, sino para seguir conociendo el territorio y transmitiendo esa experiencia desde su rol docente.
“La victoria sirvió para que haga 20 días que se esté hablando del tema”, sostuvo, convencida de que el deporte puede abrir puertas impensadas y mantener viva la causa de la soberanía.
Su historia conmovió actos escolares, homenajes y entrevistas en todo el país. En uno de esos encuentros, dos niños se le acercaron con una pregunta que la marcó: qué había que estudiar para recuperar las Malvinas.
Para Candela, allí estuvo el verdadero triunfo.
Porque más allá de la maratón ganada, su paso por las islas dejó sembrada una idea poderosa: la soberanía también se construye desde la memoria, la educación y el deporte.





