Para Donato Mastroianni, los XIII Juegos Suramericanos Santa Fe 2026 tendrán un componente diferente al de cualquier otra competencia. El patinador, nacido en Merlo y radicado actualmente en Rosario, tendrá la posibilidad de representar a la Argentina prácticamente en casa, rodeado de familiares, amigos y personas que fueron parte de su recorrido deportivo.
Será, además, su tercera participación en los Juegos Suramericanos, una competencia que reúne cada cuatro años a los principales atletas de la región. Esta vez, el escenario será Santa Fe, con competencias en Santa Fe, Rosario y Rafaela, entre el 12 y el 26 de septiembre.
Para Mastroianni, el patinaje artístico tiene una particularidad que lo diferencia: no se trata solamente de ejecutar movimientos técnicamente complejos, sino también de transmitir una historia frente al público.
“Logramos crear un espectáculo y contar una historia con una música”, explicó. Cada patinador, además, incorpora su propia personalidad y estilo, lo que hace que una misma disciplina pueda ofrecer presentaciones completamente diferentes.
El desafío de mostrar el patín artístico
En los Juegos Suramericanos habrá dos modalidades de patinaje artístico: danza y libre. Mastroianni competirá en la modalidad libre, que contempla un programa corto y otro largo. El resultado final surgirá de la suma de los puntajes obtenidos en ambas presentaciones.
Más allá de la competencia, el patinador considera que uno de los grandes atractivos será la posibilidad de contar con un estadio lleno y acercar la disciplina a personas que quizás nunca tuvieron contacto con ella.
“Que se llene el estadio y que todo el público nos pueda ver va a ser algo increíble y a la vez nos va a ayudar mucho a que el deporte crezca”, sostuvo.
La presencia del público tendrá, así, un doble valor: será un respaldo para los atletas y, al mismo tiempo, una oportunidad para que el patinaje artístico gane visibilidad y pueda despertar nuevas vocaciones.
Una carrera que creció en Santa Fe
Mastroianni se puso los patines por primera vez a los nueve años. Apenas dos años después ya estaba representando a la Argentina. Nacido en Merlo, desarrolló buena parte de su carrera deportiva en la provincia de Santa Fe, especialmente en Armstrong.
Desde comienzos de este año está radicado en Rosario, donde intensificó su preparación de cara a los desafíos internacionales. Por eso, la posibilidad de competir en suelo santafesino adquiere una dimensión particular.
Esta vez no tendrá que viajar miles de kilómetros para representar al país. A pocos metros de la pista estarán familiares, amigos y muchas de las personas que acompañaron su crecimiento deportivo. Ese respaldo será parte del contexto con el que llegará a una competencia que también significa una nueva oportunidad para consolidar su trayectoria.
Un embajador dentro y fuera de la pista
Además de su participación deportiva, Mastroianni asumió el rol de embajador de los Juegos Suramericanos, una responsabilidad que le permitirá acercar su experiencia a las nuevas generaciones.
Para el patinador, ser embajador implica mucho más que representar una competencia. Es también transmitir valores y mostrar que detrás de un deportista de alto rendimiento existe un camino marcado por la disciplina, los sacrificios y la perseverancia.
“Brindar nuestras experiencias y contar nuestros valores como deportistas es algo increíble para poder ayudar y fomentar un poco más el deporte”, destacó.
Ese contacto con chicos y jóvenes aparece como una de las grandes oportunidades que ofrecen los Juegos: que puedan conocer de cerca a atletas de alto rendimiento y encontrar en ellos una referencia para comenzar su propio recorrido.
Un legado que no termina con las medallas
Mastroianni también mira más allá de la competencia. Considera que uno de los principales legados de los Juegos estará relacionado con la infraestructura deportiva que quedará en la provincia y que permitirá mejorar las condiciones de entrenamiento y formación de nuevos atletas.
Pero para el patinador existe otro legado, quizá menos visible y tan importante como el material: la inspiración.
La posibilidad de que un niño vea competir a un atleta de su país, conozca una disciplina y descubra que puede practicarla puede ser el primer paso de una historia deportiva. El propio Mastroianni representa ese proceso: comenzó a patinar a los nueve años y, con el tiempo, llegó a vestir la camiseta argentina en competencias internacionales.
“Cuando algo te apasiona, hay que hacerlo con el corazón y seguir los sueños”, afirmó.
Y agregó: “El camino no es fácil: exige mucho, tanto física como mentalmente, y llegar al alto rendimiento lleva tiempo”. En ese recorrido, consideró fundamental rodearse de personas que acompañen y valoren tanto la vida como el deporte.
“Al final, uno siempre vuelve a lo que lo hace feliz, y lo fundamental es no olvidarse por qué empezó”, reflexionó.






