Dos de cada tres jóvenes que trabajan en la ciudad de Santa Fe no realizan aportes jubilatorios, una de las principales señales de informalidad laboral detectadas por un informe del Centro de Estudios DEMOS. El trabajo analiza la situación de las personas de entre 18 y 29 años a partir de datos del Observatorio Social de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) correspondientes al período 2022-2025.
El estudio, denominado “Juventudes y trabajo precario. Radiografía de jóvenes trabajadores en la ciudad de Santa Fe”, fue elaborado por Agustín Bagilet, Luciano Litterio, Joaquín Rosas y Sol Pecorari, integrantes del Monitor Político y Social de DEMOS.
La investigación plantea que la precariedad laboral juvenil dejó de ser una situación exclusivamente vinculada a una etapa de la vida y se convirtió en un fenómeno con impacto sobre los ingresos, la protección social y las posibilidades de continuar los estudios.
“Lo que nos resulta llamativo en este contexto es que la forma de ingreso al trabajo de estos jóvenes en la ciudad de Santa Fe se está dando fundamentalmente a partir de la informalidad”, explicó Joaquín Rosas, integrante de DEMOS, en diálogo con EME.
Solo cuatro de cada diez jóvenes trabajan
Según el relevamiento, durante el período analizado cerca del 40% de los jóvenes de 18 a 29 años se encontraba trabajando, mientras que alrededor del 60% no tenía empleo.
Entre quienes sí trabajaban, aproximadamente el 65% no realizaba aportes jubilatorios. Para DEMOS, este indicador permite dimensionar la magnitud del empleo informal y la falta de acceso a derechos asociados al trabajo registrado, como obra social, aportes previsionales, vacaciones pagas y aguinaldo.
“Dos de cada tres jóvenes no acceden a un empleo formal, sino a un empleo informal. No cuentan con obra social, no cuentan con aportes jubilatorios, con vacaciones pagas, con aguinaldos”, sostuvo Rosas.
El investigador advirtió que esta situación tiene consecuencias que van más allá del presente laboral.
“Estamos hablando de toda una generación que no goza de los derechos laborales que otras generaciones tuvieron en el recorrido laboral”, afirmó.
La educación aparece como una barrera de acceso
Uno de los principales ejes del informe es la relación entre nivel educativo e inserción laboral.
Los datos muestran que completar la escuela secundaria mejora las posibilidades de participar del mercado de trabajo, aunque no garantiza por sí solo conseguir un empleo. Entre los jóvenes que finalizaron el secundario, alrededor del 85% está ocupado o busca activamente trabajo.
La situación cambia entre quienes alcanzaron estudios terciarios o universitarios completos, que presentan niveles de participación laboral todavía mayores.
“Las personas que finalizan el secundario logran insertarse de alguna manera al mercado de trabajo, pero no en su totalidad”, explicó Rosas.
Y agregó: “Los que finalizan los estudios de grados superiores, sobre todo universitarios y terciarios, se encuentran activos en el mercado de trabajo sin ningún tipo de inactividad, de falta de empleo”.
Sin embargo, el acceso a esos niveles educativos sigue siendo limitado. Según el estudio, aproximadamente uno de cada tres jóvenes logra finalizar estudios de nivel medio o superior, mientras que dos de cada diez no completan la secundaria.
“Cuando hablamos de terciarios o de universitarios graduados estamos hablando de una minoría muy específica de la ciudad”, señaló Rosas.
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Menos estudios, más dificultades para insertarse
Para los autores del informe, los datos permiten observar una relación directa entre la trayectoria educativa y las posibilidades laborales.
Quienes cuentan con estudios universitarios, terciarios o de posgrado completos no solo presentan mayores niveles de participación en el mercado laboral, sino que también acceden a mejores ingresos.
“Aquellos que tienen universitario completo, posgrado completo, terciario completo, ganan mejor que el resto de los jóvenes”, explicó Rosas.
En ese sentido, la interrupción de los estudios secundarios aparece como una de las principales barreras para quienes buscan incorporarse al mercado laboral en mejores condiciones.
Salarios bajos y necesidad de sumar trabajos
El informe también muestra las dificultades económicas que atraviesan los jóvenes que trabajan. En 2025, el ingreso promedio registrado fue de aproximadamente $540.000 mensuales.
La brecha de ingresos por género también aparece entre los principales resultados: las mujeres percibieron en promedio $444.000, mientras que los varones alcanzaron unos $558.000, una diferencia del 25,7%.
Además, ambos valores se encontraban considerablemente por debajo de los $1.128.398 correspondientes a la canasta básica total utilizada como referencia para una familia de cuatro integrantes durante 2025.
La necesidad de incrementar los ingresos también se refleja en la cantidad de jóvenes que combinan diferentes actividades laborales. El pluriempleo alcanzó al 8,3% de los jóvenes relevados, por encima del 7,3% registrado para esa población a nivel nacional.
Rosas explicó que una parte de los ingresos complementarios proviene de actividades vinculadas con las plataformas digitales.
“Hay un montón de empleos complementarios que desarrollan los jóvenes, como PedidosYa, Uber, algún tipo de economía de plataforma que garantiza esa mejora en los ingresos a partir de estar empleado por más horas”, señaló.
Más horas de trabajo y menos tiempo para estudiar
El informe también analiza la cantidad de horas dedicadas al trabajo. Más de la mitad de los jóvenes ocupados se desempeña bajo alguna modalidad de relación de dependencia y trabaja entre seis y ocho horas diarias o más.
Los asalariados privados sin jerarquía representan el 35,73% de los jóvenes ocupados. En tanto, las ocupaciones inestables o changas alcanzan el 14,19%.
Los comerciantes sin personal remunerado registran un promedio de 44 horas semanales, mientras que los asalariados privados sin jerarquía trabajan alrededor de 34 horas y quienes realizan changas o empleos inestables, unas 18 horas.
Para Rosas, esta dinámica también puede dificultar la continuidad de los estudios.
“Se nos hace difícil pensar que después de esas horas de trabajo pueda continuar su recorrido hasta la universidad o hasta el terciario y estar atento a poder cursar, a poder desarrollar ahí los procesos cognitivos necesarios para sortear con éxito los procesos educativos”, sostuvo.
Una brecha laboral marcada por género
La investigación también detectó diferencias importantes entre varones y mujeres jóvenes.
La participación laboral activa alcanza al 47% entre los varones, mientras que entre las mujeres llega al 31,3%. En sentido inverso, la proporción de jóvenes que no trabajan ni participan activamente del mercado laboral alcanza al 53% de los varones y al 68,7% de las mujeres.
La desigualdad también aparece en los ingresos y en el pluriempleo: el 56,41% de quienes realizan actividades laborales complementarias son mujeres.
Para DEMOS, estos datos respaldan la hipótesis de que el mercado laboral juvenil reproduce determinadas posiciones diferenciadas según género y condiciona de manera desigual las trayectorias laborales.
Una generación atravesada por la precariedad
Además de medir empleo, ingresos e informalidad, el estudio buscó conocer cómo perciben los propios jóvenes su situación económica.
Según los datos analizados, seis de cada diez jóvenes consideran “muy necesario” transformar su realidad económica.
“Los jóvenes expresan sobre su necesidad económica, sobre su situación en términos de vínculo con su trabajo, que seis de cada diez jóvenes consideran que es muy necesario transformar su realidad económica”, explicó Rosas.
Para los investigadores de DEMOS, el conjunto de los datos permite observar una problemática que excede la posibilidad de conseguir un primer empleo. La informalidad, los bajos ingresos, la desigualdad educativa y las dificultades para compatibilizar trabajo y estudio condicionan las posibilidades de los jóvenes de construir trayectorias laborales estables y acceder a mecanismos de protección social.
El informe plantea así un escenario en el que tener un trabajo no necesariamente garantiza ingresos suficientes ni derechos laborales, mientras que el nivel educativo continúa siendo un factor determinante para acceder a mejores oportunidades dentro del mercado laboral de la ciudad de Santa Fe.










