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El mural en homenaje a los rosarinos muertos en Nueva York

La obra es parte de una serie de homenajes que se desarrollarán el miércoles, cuando se cumpla un año de la tragedia que enlutó a la ciudad.

Con la técnica de mosaiquismo, alrededor de diez personas levantaron ayer un mural que está conformado por el monograma del colegio, el cual se deconstruye para convertirse en una bicicleta que se sostiene bajo el símbolo del infinito; luego, pasan a ser aves que vuelan sobre la Estatua de la Libertad.

Justamente, el símbolo del infinito que sostiene la bicicleta se replica, en distintos colores, en otros sectores de la pared de esa esquina, que fue adornada durante toda la jornada de sábado.

El trabajo fue observado por vecinos y transeúntes que fueron pasando por esa esquina del Politécnico.

Bajo la consigna «Que el amor venza al odio», que también se puede observar en el mural alegórico que se construyó ayer, se desarrollarán una serie de actos y homenajes con la manzana del Instituto Politécnico Superior como escenario.

El miércoles, la ceremonia comenzará a las 18.30 con un acto íntimo en el que se reunirán familiares, ex compañeros, ex alumnos y distintos actores de la comunidad educativa del Poli. Será en el salón de actos de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y será la antesala del homenaje que se realizará puertas afuera del establecimiento educativo.

Manifestación contra la educación sexual de género: «Con mis hijos no te metas»

Familias y grupos religiosos se movilizaron esta tarde por las calles de Rosario para adherir a la jornada nacional bajo la consigna «Con mis hijos no te metas». La movilización se realizó en rechazo a la denominada «educación sexual de género».

El acto comenzó a las 16 en la bajada Sargento Cabral y el río, donde se leyó un manifiesto y se realizaron varias intervenciones artísticas.

A nivel nacional, grupos llamados «provida» se concentraron en el Congreso de la Nación para expresar que la instrumentación de la ley de educación sexual integral (ESI) tiene una visión «ideologizada» y «corrompe la inocencia» de sus hijos.

Un avión de Lion Air con 188 pasajeros se estrelló en el mar de Indonesia

Así lo confirmó el vocero de los equipos de rescate que iniciaron un operativo luego de perder contacto con la nave.

22 robos al club Argentino de Rosario: Ahora se llevaron las puertas y las ventanas

La situación del club Argentino de Rosario es desesperante. Desde que falleció el sereno de la institución, un ex policía que cuidaba las instalaciones, ocurrieron 22 robos en la institución.

Esta vez, como ya no tenían nada para llevarse dentro del inmueble, arrancaron las puertas y las ventanas.

“Es muy triste. Ya no nos queda nada, sólo falta que usurpen el predio”, contó un socio y ex coordinador de fútbol del Salaíto.

Fein y Lifschitz inauguraron obras del «Pan Abre» en barrio Las Flores

El gobernador Miguel Lifschitz y la intendente Mónica Fein inauguraron las obras de pavimento y cloacas que, en el marco del Plan Abre, se realizaron en el barrio Las Flores.

Los trabajos consistieron en la pavimentación, a nivel definitivo, de 700 metros sobre España, desde Battle y Ordoñez hasta Juan Pablo II, e incluyeron bocacalles y badenes, accesos vehiculares, conductos pluviales y 352 conexiones cloacales.

“Esta obra es parte de un gran proyecto de transformación de la zona sur que empezó hace varios años. Vamos a seguir adelante porque este es un programa que no se va a detener, que tiene el objetivo de convertir a toda esta zona en una de las mejores de la ciudad”, explicó el gobernador de la provincia.

«Pro vida» rechazan modificaciones a la Ley de Educación Sexual Integral

Los manifestantes remarcaron que se oponen a que el Estado «imponga un modelo de minoría a la mayoría».

Hamilton salió cuarto e igualó a Fangio

El británico gritó campeón al finalizar cuarto en el Gran Premio de México, donde ganó el holandés Max Verstappen.

Bolsonaro es el nuevo presidente de Brasil

El ultraderechista se impuso al izquierdista Fernando Haddad.

Dujovne va al Senado a exponer el presupuesto

El gobierno intentará que el dictamen se firme el 7 de noviembre para que se vote el 14.

Calor para comenzar la semana

Santa Fe

El SMN prevé una jornada cálida y con cielo despejado. Mirá cómo continuará el tiempo.

«El regalo de mi vida»: qué especial obsequio pidió Maradona para su cumpleaños tras victoria de Dorados de Sinaloa

Cuarto triunfo consecutivo. Quince puntos de 18 posibles. La campaña de Diego Maradona al frente de Dorados de Sinaloa continúa siendo impactante. El equipo venció 2-1  Tampico Madero escaló del último puesto de la tabla de posiciones en la Segunda División de México al séptimo puesto, en zona de acceso a la Liguilla por el ascenso a la Liga MX.

En el vestuario, una vez más, se vio el clásico baile de la victoria, con un Diego con mejor movilidad (aunque volvió a usar un bastón), con menos gestos de dolor en las rodillas, en las que padece artrosis. Fue en la conferencia de prensa en la que se puso nostálgico. El martes, el Diez cumplirá sus 58 años en Culiacán. Y, consultado por los medios si pidió algún regalo en especial, sorprendió con un sentido pedido.

«Me gustaría ver a mi nieto. Sería el mejor regalo, el regalo de mi vida. Ver a Benjamín. Después no me interesan las fiestas, no me interesa cuánto cumplo… Que cumplo un montón. Se me fueron los años… Ayer parecía que tenía 20 años y el martes cumplo 58», dijo sobre el niño, de 9 años, hijo de su hija Gianinna y Sergio Agüero.

Como sucedió en su cumpleaños anterior, cuando estaba en Emiratos Árabes conduciendo al Fujairah, Diego lo vivirá lejos de Argentina y de muchos de sus seres queridos. «Los he vivido muchas veces bien y otras mal, pero puedo salir a la calle con la frente bien en alto».

«En lo único que pienso es en Dorados, en darle la gloria a todos los hinchas que nos vienen a alentar. Todavía no ganamos nada«, concluyó, entendiendo que el regalo mayor desde lo deportivo no es esta racha, sino el ascenso a la elite de México, que recién está al final del camino.

Conflictos que genera la tecnología en la vida diaria

La aplicación WhatsApp es una protagonista de la vida diaria y ayuda en las comunicaciones interpersonales. Sin embargo, su abuso puede generar algunos conflictos, especialmente entre la familia. Muchas personas se sienten atrapadas, sin poder salir o se molestan con algunos comentarios.

Las nuevas tecnologías traen aparejadas una revolución en materia de instantaneidad y velocidad de la información por lo que ya no se debe esperar mucho tiempo para que alguien pueda recibir un mensaje de parte de otra persona. En relación a esto, la aplicación WhatsApp es una protagonista de la vida diaria y del relacionamiento de las personas por lo que es común que muchos la utilicen como medio de comunicación habitual.

La psicóloga Mariana Hernández comenta que “hoy en día muchas familias crearon grupos de Whatsapp para mantener una comunicación fluida pero lejos de lograr ese objetivo, se crean focos de conflicto y disputas familiares que se debaten en la arena virtual”.

Según la especialista, los últimos años han sido una revolución total: “Cuando comencé con mi trabajo profesional, a principios de los 2000, a mi consultorio venían pacientes que tenían disputas o conflictos familiares no resueltos de mucha data, y uno de los motivos principales que se solía encontrar era la falta de comunicación entre las partes ya que cuando algo incómodo acontecía, la principal reacción era no llamarse más”. Luego, continúa: “Hoy por hoy, no es necesario hacer una llamada o encontrarse con los otros para discutir algo ya que muchos utilizan la aplicación para animarse a decir lo que sienten, sin tener que pasar por el momento incómodo de decirlo cara a cara. Allí es cuando comienzan muchos conflictos ya que los grupos de mensajes familiares tienen un componente de historia personal y familiar que se manifiesta allí”.

Experta en cómo tratar las adicciones a la tecnología, la psicóloga Hernández comenta las principales diferencias y etapas de los grupos virtuales: “Al comienzo de la popularización de la aplicación Whatsapp, todos querían participar de ellos porque nadie quería quedar fuera o perderse algo que se discutiera internamente. En el principio, estar en un grupo virtual era una forma de identificación y pertenencia a algo, aunque sea en el mundo de lo virtual. Sin embargo, hoy en día ya hay una proliferación de grupos muy marcada por lo que muchas personas se sienten atrapadas en esos conjuntos, sobre todo en los familiares”.

El dolor y la felicidad según Sara Rus, sobreviviente del Holocausto y madre de un desaparecido

Sara se sienta en el sillón de siempre. Coloca un almohadón sobre su espalda que le sirve de reparo. Hay tulipanes frescos en un gran florero sobre la mesa ratona, tulipanes pintados en el cuadro que se ubica ahora detrás de ella y un tulipán al lado de la foto de su hijo. El sol del mediodía ingresa por las ventanas del noveno piso de su departamento en Belgrano. Ilumina el ambiente y su rostro. Sara se puso aros, un collar y se pintó los labios. Eligió una blusa de manga larga para esconder las huellas de su edad: un equipo de gasa, algodón y cinta le cubre la zona donde horas antes le habían sacado sangre. «Tengo 91 años. ¿Pueden creerlo ustedes?», dice y sonríe. El andador -a estrenar: aún no perdió el papel celofán y las burbujas de plástico- quedó lejos. Lo necesitará después.

Sara se presenta en tercera persona. Es su primera oración cuando la cámara se enciende: «Sara Rus es una sobreviviente del Holocausto y una madre de un hijo desaparecido. Esta es Sara Rus, que sigue contando su historia porque se siente obligada a hacerlo, para nunca olvidar lo que pasamos». El relato intentará ser cronológico. Las vicisitudes de su historia confabulan contra el orden de su testimonio. Su narración, sin embargo, está entrenada. Su hija Natalia confesó que enseñar su vida es lo que le sostiene el espíritu. Recordar, repetir y transmitir le rejuvenece el alma, le inyecta vida.

Cuando se acordó que había sido Clorinda, en Formosa, la primera ciudad argentina que pisó, cuando rememoró que en Austria un joven enamorado le había arrojado un saco para que se abrigara, cuando desempolvó de su vigorosa memoria que en Mauthausen le había arrebatado a una persona una cuchara con manteca para dársela a su mamá hambrienta, cuando las historias mínimas reviven en su memoria ríe y festeja. «Me acuerdo de ésto ahora, mirá. Ni me acordaba que me había pasado», dice y se sorprende de lo que aún sabe. Son evocaciones felices y significativas que se revuelven en un relato dominado por el drama y el dolor.

Sara no cuenta todo: clasifica el tenor de sus vivencias y discierne la crueldad del espanto. «Yo no cuento grandes tragedias porque no es mi estilo. Algunos sobrevivientes cuentan cosas terribles que ni yo quiero creer. Me parece que son hechos que no son creíbles, que no se pueden entender. Jamás contaría algunos detalles, porque ya con la historia es bastante». Lo bastante de su historia empieza en 1927, en Lodz, Polonia. Bajo el nombre de Schejne María Laskier nace Sara. Dijo que su niñez estuvo colmada de cariño y que no conoció las mieles de la adolescencia. Su infancia avanza hasta sus primeros grandes recuerdos, hacia la anécdota de los alemanes y de su violín.

«Hay momentos que siempre los cuento porque fueron muy fuertes en mi vida. Como cuando tenía 12 años y los alemanes entraron a Lodz como si fuera su casa, sin luchar ni nada: no rompieron ningún edificio, solo destruyeron el templo judío. Yo de chiquita quería tocar el violín porque un amigo de papá que era violinista dijo que tenía muy buen oído. ‘Yo te enseño a tocarlo pero te tienen que comprar uno’, me dijo. Mis padres entonces me compraron el violín. Yo lo adoraba y lo empecé a tocar de oído, todo de oído. ¿Las notas? Qué voy a saber las notas. Esto fue antes de que estallara la guerra. Justo entraron los alemanes a mi casa y vieron el violín en la mesa donde trabajaba mi papá que tenía un taller de costura. Preguntan en alemán ‘¿de quién es este violín?’. Le contesta mi madre también en alemán, porque en mi casa todos hablábamos alemán. ‘A mi nena le gusta tocar el violín’. ‘Ah, ¿te gusta tocar el violín?’, dice y lo rompe a pedazos en la mesa. Esa fue la primera impresión que tuve de los alemanes. Pensábamos que podían ser personas normales, aunque ya se sabía lo que eran, pero yo al ser tan chiquita no podía apreciar tanta maldad. Así los conocí».

La invasión alemana fue en 1939. Con vallas de maderas y alambres de púas, sellaron una zona de fábricas para aislar a judíos y gitanos del resto de la civilización. El gueto de Lodz fue el hogar de la familia Rus durante cuatro años. Más de 165.000 judíos quedaron confinados en la segunda reclusión más grande de la ocupación nazi. Se conformaron con una habitación asignada. «Fueron momentos muy difíciles. Yo siempre quise tener un hermano. Justo mi mamá se quedó embarazada cuando estalló la guerra. Esas cosas que no debían haber pasado y pasaron. Mi mamá tuvo un nene en el gueto. Fue un varón hermoso. Vivió tres meses nada más. Falleció de desnutrición porque mi madre no tenía leche. Yo era chiquita y salía corriendo a buscar un poco de leche para él, porque la repartían en un jarrito a las mujeres embarazadas. Me ponía en la fila a las cinco de la mañana para que me dieran un poquito de leche para mi hermano y las mismas mujeres embarazadas me sacaban porque creían que la quería para mí. ‘Vos nena andate de acá’, me gritaban. El hambre hace cualquier cosa -reflexiona-. Al año mi madre queda embarazada otra vez. Creo que fue un nene. Los alemanes lo mataron al nacer. Y ya no tuve más hermanos».

Sara y Bernardo, una historia de amor en tiempos de guerra
Sara y Bernardo, una historia de amor en tiempos de guerra

Sara dice que hubo cosas que no debieron haber pasado y pasaron. Y sabe también que hubo otras cosas que el destino había preparado para ella. Como el sol en la tempestad o la flor en la sequía, es la historia de amor en tiempos de barbarie. «Trabajaba en una fábrica de sombreritos para niños. Tenía mucha cancha para coser porque en mi casa ya cosía. Los domingos eran libres. Nos podíamos encontrar con familia, con amigos. Un día mi papá salió a pasear un poco, a tomar un poco de aire, y se encontró con un joven, un lindo joven. Bernardo se llamaba. Empezaron a charlar y lo invitó a casa. Era un muchacho bien vestido, usaba botitas, era canchero. Muy bonito, muy linda cara. Cuando se emocionaba, empezaba a tartamudear, se atragantaba con sus palabras. No sé si mi hija alguna vez lo notó -desvía la vista hacia Natalia, que le reconoce que sí con la cabeza-. Yo ya me sentía una mujer adulta. Tenía quince años pero trabajaba, cuidaba a mi mamá. La verdad es que lo miraba mucho, me gustaba. Pero tenía que disimularlo porque al lado mío él era un señor. Mi madre se dio cuenta que no lo disimulé bien. Cuando el muchacho se fue, le avisó a mi padre: ‘La nena miró demasiado a este muchacho. Acordate, que no traiga cosas raras a casa’. Y él empezaba a venir cada vez más seguido. Ya teníamos confianza, pero no éramos novios ni nada parecido. Un día estábamos charlando y nos pregunta a dónde nos gustaría ir cuando terminara la guerra. Nosotros teníamos dos ideas: Palestina o Argentina, porque un hermano de mi mamá ya estaba en Argentina. Este muchacho en el gueto me pregunta si tenía una libretita. En esa época todas las nenas teníamos una. ‘Sí, tengo’, le dije. Él la agarra. Escribía y dibujaba muy bien. Era prácticamente un pintor. Con lápiz hacía retratos increíbles. Dibuja la clave de sol y hace rayas como si fuera a escribir una partitura. ‘Yo te pongo una fecha para que nos encontremos en Buenos Aires’, me dijo. Anotó una fecha: 5 del 5 del ’45. Estábamos en el ’44. Yo la guardé como un tesoro. Claro, cuando llegamos a Auschwitz nos sacaron todo y a mí esta libreta. Pero yo ya tenía la fecha en la cabeza. Pero la guerra no terminó muy pronto».

En 2007, la escritora Eva Eisenstaedt publicó su biografía: “Sobrevivir dos veces, de Auschwitz a Madre de Plaza de Mayo”. En 2008, recibió el premio Azucena Villaflor por su trayectoria en defensa de los derechos humanos. En 2009, el Colegio Nacional Nº9 “Justo José de Urquiza” realizó un homenaje a la memoria de uno de sus egresados: Daniel Lázaro Rus. En 2010, la Defensoría del Pueblo de la Nación Argentina le entregó una placa en reconocimiento a su lucha por los derechos humanos y la Legislatura la declaró Ciudadana Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires. En 2012, volvió a Auschwitz a participar de una nueva edición de “Marcha por la Vida”.

En julio de 1944, Sara, su padre y su madre fueron deportados al campo de concentración de Auschwitz-Birkenau. Se quedaron en Auschwitz los que habían sido designados para trabajar. Ellos siguieron hacia Birkenau. Caminaron los tres kilómetros que se conocieron como «las Marchas de la muerte». Birkenau fue un campo de exterminio, una fábrica de muerte: en 18 meses mataron a 850 mil personas. Ellos desconocían su destino. Vivían escenas de desconsuelo, terror y miserias. El dolor eternizado revaloriza los momentos felices. Los cotiza. Los deconstruye. «Salvé a mi madre y después la encontré. Esos fueron dos grandes momentos de alegría. Los alemanes no tenían sentimientos, no les importaba nada. Cuando llegamos a Birkenau desde Auschwitz, los hombres ya no salieron con nosotras, los llevaron a otras barracas. Esa fue la última vez que vi a mi padre. Yo estaba con mi madre, pero de repente nos separaron porque ella parecía muy débil. A mi madre la llevaron a la izquierda y a mí a la derecha. Yo estaba con las mujeres, pero no conocía a ninguna. En ese momento solo existía mi madre para mí. Al verme sola sin mi mamá, me atrevo a acercar a un alemán gordo, con un rebenque así de grande. Las otras mujeres me tiraban para atrás y me decían ‘no, nena, te va a matar’. Les dije: ‘Bueno, que me mate, yo quiero estar con mi mamá’. Me acerco al alemán: ‘¿Cómo te atrevés a presentarte frente mío?’. Me lo dice en alemán y yo le entiendo todo. Le contesto: ‘Vos me sacaste a mi mamá’. Así nomás, no lo traté de usted. ‘¿Y vos hablás alemán?’. Le dije que sí. ‘Andá a buscar a tu madre’, me dice y me la traje para mi lado. Las otras mujeres desaparecieron: seguramente fueron gasificadas o de cualquier manera liquidadas. Pero yo seguía con mi madre. Esa fue una felicidad tremenda».

Sara estaba con su madre, pero en Birkenau, un campo de exterminio. Lo que pasó después esconde en un escenario de atrocidades otra pequeña gran felicidad. «Al llegar nos hicieron desnudar a todas para controlarnos y ver nuestra higiene. En ese momento tenía pelo largo. Mi madre estaba al lado mío. Entramos a un lugar y vemos escrito en alemán ‘Eine Laus dein Tod‘, ‘un piojo, tu muerte’. Yo pensaba que mi pelo debía tener miles de piojos. Mi madre pensaba que me iban a matar. Llegamos a la revisión. A mi madre con otras personas la llevaron a empujones no sabía hacia dónde. Con el pelo largo, me sacan de la fila, me sientan en una silla y me empiezan a revisar el pelo. No encuentran un piojo. Fue mi salvación. Me cortaron las trenzas, me dejaron el pelo cortito y me llevaron a empujones a un lugar lleno de vapor. Había mujeres desnudas y peladas. Ni me daba cuenta que las estaban pelando porque estaba muy ocupada con mi pelo corto. Entré y no sabía dónde estaba mi mamá. De repente no tenía más mamá. Empiezo a gritar ‘mamá, mamá’. Había una persona chiquitita, pelada, que parecía muy viejita, sentada en un escalón. Agarro a esta señora y le pregunto: ‘¿Usted no vio a mi mamá?’. La señora me dice: ‘Hija, te estaba esperando. Yo soy tu madre‘. Este fue un momento feliz».

Después de Auschwitz y Birkenau llegó Mauthausen, otro campo de concentración pero en Austria. Eran los primeros meses de 1945. Ella tenía por entonces 17 años. Sara narra una historia de resurrección. «Llegamos, nos bajaron de los vagones. Estaba con mi madre totalmente sin fuerzas. No podíamos ni ponernos de pie. Teníamos que caminar desde la estación hasta el campo. Era terrible. Mi mamá se caía: yo creía que estaba muerta y no tenía fuerzas para arrastrarla. El grupo ya se había alejado bastante de nosotros. Las guardias alemanas estaban furiosas con nosotras. Una le dijo a la otra: ‘Vos arreglate con la señora que yo me voy con la niña’. Yo sabía lo que querían decir: la iban a matar. ‘Yo no voy a dejar a mi madre. Si querés podés hacer conmigo lo que se te antoje’, les dije en alemán. En ese interín, viene un hombre del ejército alemán sin la SS y pregunta qué es lo que estaba pasando acá. Les dice a las alemanas que se vayan a cuidar al grupo de gente. Él me pregunta qué había pasado: le dije que no sabía si mi madre vivía o no porque ya no abría los ojos. Teníamos un tapadito y nos habían dado un jarrito. Me dijo que fuera al arroyo que pasaba por ahí cerca y que agarrara un poco de agua para tirárselo a mi madre. Podía ser que se haya desmayado por el cansancio. Le tiro un poco de agua y le empiezo a hablar. Ella abre los ojos. ‘Mamá, ¿me vas a ayudar?’. ‘Bueno vamos, vamos’, me dice y comienza a moverse. Podés imaginar mi alegría al verla otra vez con vida. De a poco empezamos a llegar al campo. Allá nos agarraron, nos metieron en un galpón. Había mucha gente tirada ya, no sabíamos si estaban muertos o si seguían vivos. Llegamos y empezamos a escuchar lo que decían ahí. ‘No tomen agua’, nos decían y nosotras moríamos de sed. ‘Nos van a dar agua envenenada’, nos avisan. No sé qué pasó que salí un minuto de la barranca, pasó una persona con una cuchara con manteca. Se la saqué y se la metí a mi madre en la boca».

Cuenta sucesos que no sabía que su memoria conservaba. Y lo celebra. Era mayo del ’45: se palpita la avanzada de los Aliados y se acerca la fecha que le había escrito Bernardo en su libreta. La historia, créase o no, concede algunas coincidencias sugerentes. «Los alemanes empiezan a entrar y decirnos ‘¿quién viene con nosotros?’ porque se acercaban los americanos. Podés imaginarte quién quería ir con ellos. ¿Sabés qué día vinieron los americanos? Entraron el 5 del 5 del ’45. Cuando ven esta escena de personas sin fuerzas y con un aspecto espantoso, desde el oficial con el rango más alto hasta el soldado empiezan a llorar. No podían creer lo que estaban viendo. Para nosotros había terminado la guerra».

Sara era libre. La vida se había normalizado. Ya no necesitaba resolver cómo sobrevivir un día más. Quería dedicarle tiempo a sus pasiones. «Desde Austria empecé a pensar en Bernardo. Gente que pasaban por el campo decía que lo habían matado y yo sufría mucho. Una chica viajó a Lodz a buscar a su hermana y volvió a Austria con una carta. En Polonia se había encontrado con una amiga suya que conocía a Bernardo. Estas cosas que tienen que ocurrir, viste… Bernardo sabía que yo había sobrevivido con mi madre y me mandó una carta a través de esta chica que decía ‘te estoy esperando, si no te encuentro nunca me voy a poder casar’. Yo no lo podía creer».

A pocas cuadras de su casa, se encuentra el Museo del Holocausto de Buenos Aires, donde Sarenka -así la llaman- es casi una eminencia. El Museo conserva piezas originales de los campos de concentración, relata la historia de los nazis en Argentina y expone los testimonios de los sobrevivientes que recalaron en el país

Se dirigieron a Lodz donde su madre consiguió empleo temporal. Bernardo estaba en Katowice trabajando como investigador. Sara fue en su búsqueda: era una joven inquieta y arriesgada. Viajó en tren sin saber dónde encontrarlo. Se instaló con un grupo de refugiados judíos que fundaron una agrupación. Allí conoció un chico que la orientó: le dijo en qué edificio podía estar su novio y le informó que la jornada laboral terminaba a las seis de la tarde. Hizo guardia allí. El resto es testimonio de Sara: «No veía a ningún conocido hasta que de repente aparece el hermano de Bernardo, que yo había conocido en el gueto de Lodz. Casi me descompongo. Empiezo a gritarle ‘Miete, Miete’. Se llamaba Maximiliano pero le decíamos Miete. Se da vuelta, me ve y enloquece. ‘Mi hermano te está esperando’, me dice. Él lo llama por teléfono. Me cuenta que escuchaba ruidos de sillas, gritos, que era como una revolución de alegría. Me llevó a la casa donde estaba Bernardo. Y el encuentro fue increíble. Perdimos el habla, no podíamos hablar de la emoción«.

No fue desde el 5 del 5 del ’45 pero fue para siempre. Enamorados y juntos volvieron a Lodz. Se casaron para tranquilidad de su madre. A él le habían prometido un pseudo puesto de gobernador de una ciudad. Se trasladaron hacia allí: «Vivimos en una casa que no se podía creer. Estaba llena de alfombras, tenía una recepción grande, un living comedor y dormitorios arriba». Pero el sueño duró poco. Los polacos empezaron a rebelarse ante la autoridad de Bernardo. Ellos se paseaban con lujos en una época crítica de posguerra. El disparo de una carabina hacia su dirección fue suficiente amenaza para huir. Se dirigieron a un campo de refugiados en Berlín donde Sara se convirtió en una reconocida actriz. Su tío los esperaba en Argentina: les avisó que por decisión política los judíos tenían prohibida la entrada al país, pero que podían ingresar vía Paraguay. Después de algunos meses en Alemania, decidieron abandonar Europa. Era 1948 y empezaba otro capítulo de su vida.

Sara y la dictadura

«No sabíamos hablar el español. Entendíamos todo al revés. En Paraguay nos llevaron a un hotel, nos sirvieron el desayuno. Estuvimos varios meses hasta que pasamos hacia Argentina de manera ilegal. Acá nos pusieron presos porque cruzamos el río Paraguay en un bote todo roto en el que casi nos hundimos, pagando para que nos hicieran entrar. Éramos diez personas en total. Llegamos a Clorinda con una lluvia tremenda. Se ve que desde una choza le avisaron a la policía. Vino un policía a caballo y vio el grupo de gente. No entendíamos nada. Miró a mi madre toda mojada y creo que le dio lástima. La sentó arriba del caballo y nos llevó a su casa. Nos dieron de comer, nos dieron calor, y al otro día vino un colectivo y nos llevó a una cárcel de Formosa. Los carceleros también nos atendieron de manera increíble pero no nos entendíamos. Llamaron a alguien para que pudiera hablar con nosotros. Vino una familia de judíos de Formosa que nunca vamos a olvidar. Pusieron plata para que pudiéramos salir. Nos llevaron a una iglesia que estaba llenos de judíos que habían pasado por lo mismo que nosotros. Nos avisaron que nos iban a mandar de vuelta a Paraguay. Pero mi esposo no quería volver. Dijo que le iba a mandar una carta a Eva Perón. En ese momento se empezaba a decir que Evita ayudaba a la gente. Le escribió una carta en polaco. Se ve que ella la hizo traducir porque nos respondió que no nos preocupáramos, que no nos iban a mandar a Paraguay, que nos iban a llevar a Buenos Aires».

Se asentaron en Villa Lynch, en la casa de su tío, en 1948. Le habían construido una casilla especial a ella y a su marido. «Nos moríamos de calor pero no importaba», describió. Bernardo aprendió el oficio de anudador textil. Comenzaban a progresar. Sara había tenido un accidente en una fábrica de aviones durante su confinamiento en Mauthausen. En un turno nocturno, no divisó un riel en el piso, se tropezó, cayó hacia atrás y casi muere, desangrada por las heridas y afectada por las infecciones. Le habían asegurado que no iba a poder ser madre. Solía llorar por las noches. En Argentina, un médico le juró que iba a hacer todo lo posible para que tuviera un hijo. El embarazo fue traumático pero eficiente. El 24 de julio de 1950 nacía Daniel Lázaro Rus, el sueño de Sara.

Su hijo hablaba solamente el idish porque sus padres todavía no se habían aprendido el castellano. Cinco años después llegó Natalia, la segunda hija de Sara y Bernardo: «Fueron unos años increíbles, una felicidad absoluta«. Daniel se convirtió en uno de los alumnos más destacados de su colegio, hacía natación en un club de San Martín, era hincha de Boca y quería aprender a tocar el piano. «Desgraciadamente mi hijo soñaba con ser físico nuclear. Estaba en séptimo grado y el maestro estaba enloquecido porque ya le había dicho que quería ser físico nuclear. Nosotros ni siquiera sabíamos lo que significaba. Terminó la facultad y entró a trabajar en la CNEA (Comisión Nacional de la Energía Atómica) en el ’76. En el ’77 ya se había muchos amigos. Yo no sabía que estaba de novio con una chica».

El 15 de julio de 1977 a las 14.30 se llevaron a Daniel Rus de la puerta de su lugar de trabajo. «Me acuerdo que era un viernes. Él ayudaba a su padre en el trabajo. Habíamos comprado un auto y él tenía que venir a repartir las telas. Pero no venía y no sabíamos qué pasaba. Llamamos a la comisión y nos dijeron que ya se había ido. Empezamos a llamar a la policía para saber si lo habían arrestado casualmente y a todos los hospitales por si había tenido un accidente. Después me contaron que pasó una camioneta y se llevó a 16 ó 17 personas».

«Sabíamos que una semana antes se habían llevado a un amigo de él, a Jorge Badillo. Nosotros ya sabíamos lo que pasaba: queríamos mandarlo a Uruguay, a cualquier lado, con tal de sacarlo del país. Y él nos decía: ‘¿Qué hago yo? No hago nada. A mí no me van a llevar’. Seguro que no lo iban a llevar. Y seguro que lo llevaron», precisó Sara. Había sostenido estoica e incólume el crudo relato de su supervivencia al Holocausto. La historia sin definición de su hijo la descubre permeable, vulnerable. Contó que el año pasado en un homenaje de la CNEA a los desaparecidos conoció a una mujer especial: «Mientras preparábamos los mosaicos y los azulejos, se acerca una señora diciendo que quería conocer a Sara Rus. Me la presentan. ‘¿Usted sabe que yo fui la novia de su hijo?’. Me descompuse, me tuve que sentar. Él nunca me la había presentado. Ella me contó que estaba muy enamorada de él: ‘Nunca lo olvidé, nunca’. Fue muy fuerte escuchar esto después de tantos años, desde el ’77 hasta hoy».

Sara Rus: “El momento más feliz de mi vida fue cuando me dijeron que iba a poder tener hijos. Y el más triste fue cuando me di cuenta que nunca iba a recuperar a mi hijo”.

La búsqueda fue absoluta, obstinada y exhaustiva. Recorrieron países, instituciones, agotaron todas las vías de información. Bernardo les escribió una carta a Jorge Rafael Videla, a Emilio Eduardo Massera y a todos los directivos de la Junta Militar. Recibieron respuestas de evasión: decían desconocer la condición de «desaparecido» y asumían el compromiso de la búsqueda. «No sé si lo mataron enseguida. No creo, seguramente estuvo detenido mucho tiempo. Es terrible pensar qué tortura le hicieron. Ellos copiaron el modelo de los nazis. No se puede entender que exista tanta maldad en un ser humano. Los que sobrevivieron contaron que recibían electricidad en los pies, en los cuerpos. Estaban tan preparados para hacer sufrir…». Es lo último que dice antes de entrar en llanto.

A Sara la vence la pérdida de su hijo. Llora y pierde contra su propia consigna: «Hay momentos que viví y son muy fuertes, y por dentro es difícil contener las lágrimas. Pero trato de no llorar. La gente me mira: ellos lloran, yo veo que están emocionados y me mantengo con fuerzas para no lagrimear. A veces me sale. Pero hay otras veces que la cuestión de mi hijo me remueve mucho». La mujer que soportó el frío, el hambre, la guerra y el horror se vuelve frágil cuando reconstruye la historia de Daniel.

En el proceso de investigación sobre el paradero de su hijo, Sara cruzó la Plaza de Mayo para dirigirse al Ministerio del Interior donde tal vez le provean datos. No tuvo respuestas pero en el trayecto halló consuelo y resguardo. «Cuando estaba llegando ya veía unas mujeres raras sentadas en los bancos de alrededor. Yo en la fila para entrar al Ministerio escuché que ellas tenían el mismo problema que yo. Me senté en uno de esos bancos, hablé con una y me dice que son de las primeras que empezaron a andar por ahí. Les dije: ‘Yo me quedo con ustedes. Todo lo que hagan, voy a hacer yo'». Se afilió: es una Madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora. Su tarea consiste en perpetuar la historia y estimular la memoria. «Estamos por una finalidad: destacar las maldades que le han hecho a nuestros hijos y decirles a los chicos que no se olviden lo que vivimos. Porque nunca se olvida a un hijo». Para una mujer que sobrevivió al Holocausto y que es madre de un hijo desaparecido, los parámetros del dolor no son los convencionales. «El dolor es algo que te queda adentro, instalado en tu cuerpo y que jamás vas a poder sacar, más allá de todo lo que hagas y de todo lo feliz que puedas ser». Su táctica para engañar o paliar la pena es también lo que la mantiene activa: «El dolor se cura hablando, sacándolo y compartiéndolo con gente que me quiere escuchar».

Sara se levanta del sillón y vuelve a tomarse del andador: había terminado de narrar su leyenda. Quiere traer de su habitación el pañuelo blanco, la carta dirigida a Videla escrita por su marido y su álbum de fotos donde conserva sus historia: hay imágenes de sus años de actriz, hay recortes periodísticos de sus obras de teatro, hay retratos de Bernardo y de Daniel. Las rememora con nostalgia y felicidad. Tiene 91 años y cree que nunca se va a negar a relatar lo que vivió: «Conozco personas que jamás podrían contar su historia. Algunos sí pueden contarla porque sienten que sobrevivieron para eso: yo quedé viva para contar mi historia y para que jamás se repita».

En los intervalos de su relato, Sara cuenta chistes y se ríe. Son las veces en que la comedia le gana a la tragedia. La sonrisa es su antídoto contra la angustia. Su testimonio suele viajar acompañado por una risa, por un gesto feliz. «Quisiera que me recuerden con alegría. No quiero que haya tristeza. Porque algunos no tienen ni idea de lo que yo pasé. Mi deseo es que no haya más sufrimiento, que no haya más campos de concentración, que no haya más desaparecidos y que se hable de estas cosas para que no vuelvan a suceder. La memoria es lo que importa«.

Granadas, bombas, cuatro revólveres y dos muertos: el día que intentaron secuestrar a Xuxa en Río de Janeiro

Xuxa estaba grabando su programa en un teatro de Río de Janeiro. Se llamaba El Show de Xuxa, probablemente todos lo hayan visto alguna vez. Ella, con su sonrisa de siempre, presentaba los musicales, las exhibiciones de circo y jugaba con los niños. El lugar estaba colmado, con el color de casi 200 chicos eufóricos, gritando y cantando al ritmo de las canciones de la popular presentadora.

Xuxa, en los primeros años de su carrera
Xuxa, en los primeros años de su carrera

Afuera, a metros de la puerta, había un auto mal estacionado con dos hombres a bordo, granadas, bombas de fabricación casera, dos revólveres y seis escopetas, cuatro de ellas fijas en el maletero, que se podían disparar desde los asientos delanteros por control remoto. Tenían un objetivo: secuestrar a «la Reina de los Bajitos». Y estaban dispuestos a liquidar al que se interpusiera en su camino.

Ocurrió el miércoles 7 de agosto de 1991. Maria da Graça Meneghel ya era toda una estrella en su país y en gran parte del mundo. Había comenzado su carrera como modelo y su romance con Pelé la catapultó a la fama. Luego la convocaron a conducir en televisión y su programa fue todo un éxito. Por aquel entonces, la revista Forbes la ubicaba como una de las 40 personalidades más ricas del planeta; y en su país ocupaba el primer lugar.

En Brasil -y principalmente en Río de Janeiro- la delincuencia y la inseguridad eran temas centrales de la agenda política y social desde mediados de los 80. Xuxa ya había recibido varias amenazas de muerte, por eso no iba a ningún lado sin la compañía de sus seis guardaespaldas. Muchos pensaban que era una exageración, pues no esperaban lo que ocurriría aquel miércoles.

Ahora bien, Xuxa estaba haciendo su programa en el teatro del barrio Jardín Botánico y estaba el auto estacionado en la puerta. Mal estacionado. Al notarlo, un agente de la policía militar se acercó para pedirle que se corriera. A bordo del vehículo se encontraban los hermanos Douglas y Alberto Louriquio, de 18 y 23 años, que vivían en San Pablo. Asustados por la presencia del oficial, le respondieron a los tiros.

Una imagen de Xuxa en 1991
Una imagen de Xuxa en 1991

Otro agente de la policía que se encontraba en el lugar intentó repeler el ataque, pero también fue impactado por la balacera. A metros de distancia los vigilantes de un camión de caudales, blindado, fueron testigos de lo que ocurrió y se dirigieron a toda marcha hacia donde se encontraban los delincuentes, que no dudaron acelerar y darse a la fuga.

La persecución duró algunos minutos, hasta que Douglas y Alberto chocaron de frente contra otro vehículo al ingresar a una calle en contramano. Para evitar que se escaparan a pie, los ocupantes del camión de caudales usaron sus armas y, en el tiroteo, uno de los delincuentes murió y el otro fue herido de gravedad.

En la puerta del teatro, los dos agentes de la policía atacados fueron trasladados hacia un centro médico cercano: uno murió antes de llegar, y el otro se recuperó al tiempo.

La popular conductora, con uno de sus pequeños seguidores
La popular conductora, con uno de sus pequeños seguidores

En el auto de los delincuentes fueron hallados un plano del teatro de Río de Janeiro y otro del edificio donde funcionaba la empresa Xuxa producciones, además del arsenal con el que pensaban enfrentarse, en caso de que fuera necesario, con los guardaespaldas de la conductora.

Al días siguiente la noticia repercutió en los medios de todo el mundo. Según el diario ABC de España, Xuxa, conmocionada por el hecho, manifestó sus deseos de establecerse fuera del país.

El intento de secuestro afectó profundamente a la animadora infantil. Muestra de ello fue la aterradora historia que contó al comienzo de un programa en 1993. Ante su público infantil, la «Reina de los Bajitos» habló sobre el caso de una niña que había sido secuestrada, asesinada y descuartizada.

«Saben una cosa que pasó en Brasil: secuestraron a una chiquita muy pequeñita y que estaba llorando mucho porque cuando se despertó estaba en brazos de una persona que no era su familia. Y el hombre se quedó tan mal porque la chiquita no paraba de llorar que la mató», dijo, ante los llantos y el griterío de los niños que se pueden apreciar en el video.

La inseguridad seguiría al acecho en la vida de la popular conductora. En 2002 fue informada por la Policía de Brasil que había un plan para secuestrar a su hija, de tres años por aquel entonces, según el diario O Día.

Después del intento de secuestro, la conductora manifestó sus deseos de irse de Brasil
Después del intento de secuestro, la conductora manifestó sus deseos de irse de Brasil

La versión indicaba que la División Anti Secuestros de la Policía supo del plan por una llamada anónima y, tras una investigación, confirmó que un narcotraficante pretendía secuestrar a la pequeña Sasha y utilizar el dinero del rescate para la financiación de la fuga de un «capo» de su banda preso en Brasilia. Ante esta situación, Xuxa reforzó su seguridad privada y se mudó con su hija.

«Decir que Nisman fue asesinado fue una noticia falsa en un año electoral»

El nuevo libro del periodista y abogado Pablo Duggan lleva por título una una pregunta. «¿Quién mató a Nisman?», tienta el autor a los lectores. La tapa, con las letras del interrogante chorreando sangre oscura sobre fondo blanco, es una puerta que conduce a la respuesta.

Sin embargo, Duggan no juega al misterio. «Nisman mató a Nisman. El complot asesino es una mentira total», asegura a Infobae, porque el misterio no se disuelve con una sentencia, sino desde el andamiaje de pruebas, testimonios, antecedentes, contexto y análisis que sostienen el relato y la hipótesis a lo largo de las 564 páginas en las que el autor trabaja como un arqueólogo penal sobre uno de los expedientes más calientes de los últimos tiempos de historia argentina.

El libro muestra a un fiscal deprimido, atascado en sus propios errores, en «el peor momento de su vida», seguro de que iba a perder su puesto como investigador especial del atentado a la AMIA. Como lo dice el propio autor en el prólogo, «la causa judicial es contundente en cuanto a la existencia de pruebas incontrastables sobre la naturaleza de la muerte» de Alberto Nisman, quien había denunciado a la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Su muerte, el 18 de enero de 2015, hizo temblar al país.

Duggan, además de mostrar pruebas y desarrollar hipótesis, plantea cómo este hecho fue utilizado por la entonces oposición para horadar el poder y la imagen del Gobierno anterior. «¿El homidicio de Nisman es el único magnicidio ocurrido desde la vuelta de la democracia o es, en realidad, la noticia falsa más fantástica producida en un año electoral?», también se pregunta el libro en su contratapa.

(Santiago Saferstein)
(Santiago Saferstein)

A casi cuatro años de aquel episodio, el periodista -autor también de «Perdón María Marta», sobre el caso García Belsunce, donde desde un primer momento avaló la hipótesis que exculpaba a Carlos Carrascosa, como determinó recientemente la Justicia- considera que este es el «momento político» para publicar su libro, editado de forma independiente y financiado por lectores que apostaron al proyecto a través de una plataforma web de apoyo colectivo.

-¿Por qué este es el momento?

-La gente está aprendiendo a escuchar un poco más. Está más dispuesta a escuchar otra versión. Yo sostengo que el Gobierno utilizó el caso Nisman para la campaña de 2015, que Cambiemos utilizó el caso Nisman como una herramienta política para golpear a Cristina Kirchner. No tengo ninguna duda que el invento del asesinato responde a intereses argentinos y geopolíticos de afuera. En el caso de argentino era simplemente sostener el asesinato para perjudicar a Cristina. Para mí es un disparate. Me sorpendí muchísimo cuando leí el expediente porque es contundente. No permite que nadie que lo conozca piense otra cosa, certifique que eso fue otra cosa que un suicidio.

-¿Qué fue lo que te llevó a hacer este libro?

-Lo que me entusiasma en los dos libros que escribí fue lo mismo. Me engancha mucho cuando en un caso, como este, básicamente no se dice la verdad. Cuando la mayoría de los medios dan información que no es la cierta. Tanto en el caso García Belsunce como en Nisman se impusieron versiones falsas, equivocadas. Me entusiasma decirle a la gente «che, pará, todo lo que te dijeron hasta ahora es todo mentira mentira. La verdad es otra. Guarda, te compraste lo que te querías comprar».

-En un contexto de fake news, post verdad…

-Y la noticia deseada, que tal vez es lo más fuerte. En Argentina somos campeones mundiales de la noticia deseada. Eso que nos dicen lo compramos si es lo que pensamos. En un caso policial como este es saber qué pasó. Yo quería saber qué pasó en ese baño el día de la muerte de Alberto Nisman.

El trabajo de Duggan es minucioso cuando expone las pericias realizadas sobre la escena de la muerte y volcadas al expediente. «Lo más loco es que nunca se encontró una sola prueba o indicio de asesinato. Lo único que hay en el expediente que sostiene el asesinato es la pericia de Gendarmería, que va a pasar a la historia como la pericia más trucha que se haya hecho jamás en la historia judicial argentina. Yo invito a todo el mundo a leerla, hago un resúmen donde señalo algunos puntos que son de una inconsistencia absoluta, de una ridiculez total».

-Esa pericia de Gendarmería dice que había dos personas en el baño con Nisman.

-Es un baño de dos por dos donde no hay una sola huella de que ahí hubo dos personas. Te explico, una persona con un agujero en la cabeza sangra profusamente. En el momento del disparo sale sangre para todos lados y después esa cabeza chorrea y chorrea sangre. En un baño tan pequeño es imposible que alguien haya estado ahí en el momento del disparo.

Duggan sostiene en el libro que los peritos de Gendarmería fueron obligados a asegurar que se trató de un asesinato. «Patricia Bullrich, que fue de las grandes impulsoras de la teoría del asesinato, después termina siendo la jefa de Gendarmería cuando Gendarmería hace esta pericia vergonzosa, falsa, mentirosa, por la cual yo creo que algún día alguien de Gendarmería va a terminar preso, y justo se da a conocer en el momento del caso Maldonado, cuando Gendarmería estaba contra las cuerdas y Patricia Bullrich los había bancado mucho. Yo digo en el libro que hay que investigar muy seriamente, porque tengo información sobre eso, la posibilidad de que a los peritos les hayan ordenado que la pericia dijera que fue un asesniato, que para mí suena muy lógico porque es la única manera de entender cómo los peritos cometen errores tan idiotas».

Patricia Bullrich en un acto homenaje a Nisman (Nicolás Aboaf)
Patricia Bullrich en un acto homenaje a Nisman (Nicolás Aboaf)

En sus «Conclusiones», el libro enumera las razones por las que sostiene la hipótesis del suicidio. Que la Junta Médica forense es categórica al decir que «no participaron terceras personas». Duggan escribe «el disparo, su trayectoria, el lugar en donde entra la bala, donde queda el arma y el casquillo, todo indica compatibilidad con un auto disparo» para remarcar que «el complot asesino es una fantasía».

-Cerca del final del libro sos muy contundente y usás esa palabra específica, cuando decís qué opinás de la hipótesis del complot asesino. La pregunta es cuál es la respuesta al título del libro.

-La respuesta es que Nisman mató a Nisman. Mucha gente me pregunta ‘¿y por qué se suicidó?’. Y yo les hago la misma pregunta: ¿y vos por qué te suicidarías? Todos me contestan «yo por ningún motivo». Cualquier respuesta que te dé te va a sonar rara. Porque para una persona normal, nadie es normal, medianamente normal, no hay motivos para el suicidio. Un desengaño amoroso no es un motivo, quedarme sin laburo no es un motivo. Partamos de la base de que es una persona desequilibrada. Nisman dio muchas muestras de que es una persona muy desequilibrada. Los casos de acoso sexual, yo revelo uno terrible que duró ocho años.

-Y mostrás las conversaciones que son espeluznantes.

-Y salen de una causa que existió y la llevó como fiscal Gabriel Cavallo y como juez Martín Irurzun.

-Hoy, por una conversación así hecha pública vas preso.

-Entonces, por qué se suicidó Nisman, yo no lo sé. Lo que sí sé y cuento en el libro es qué momento emocional estaba pasando. El peor de su vida. Un desastre. Y la gente que dice que Nisman estaba bárbaro no sé si mienten o son ignorantes. Hasta la hija le manda un mensaje cuando sabe que está muerto. Le manda tres mensajes con el papá ya muerto. Ella eligió mandarle mensajes cuando aun sabía que su papá estaba muerto. Y le pone: «Papá, vas a estar mejor que acá».

Duggan también plantea como una idea insostenible que Diego Lagomarsino, dueño del arma, haya participado del complot por asesinar a quien era su jefe. «Hay que usar un poquito de sentido común. Más allá de que las pruebas técnicas avalan todo. Un tipo que estuvo nueve años al lado del fiscal, que trabajó siempre con él fielmente, que le convenía trabajar con Nisman porque ganaba buena plata, trabajaba poco, el fiscal lo ayudaba, más allá de que se quedaba con la mitad de su sueldo, pero él nunca pensó que era la mitad de su sueldo, por qué de repente se convierte en un asesino pero el más idiota asesino que haya conocido la historia, porque él provee el arma para que el que lo asesina salga libre y él se le arruine la vida. Lagomarsino hace tres años no se podía ir de vacaciones con sus hijos, perdió el 80% de su clientela. La gente lo mira por la calle como el asesino de Nisman. ¿Cuál era el negocio? ¿Quién puede pensar que alguien va a ser tan tonto de pensar esta estupidez?»

Duggan también revela el lado oscuro del fiscal Nisman, sus gastos astronómicos con prostitutas VIP, sus cuentas no declaradas, su vida de lujo y lo pone en contexto.

-Para mí es evidente que Nisman era un corrupto.

-¿Qué se encontró en la caja fuerte de Nisman?

-Plata.

-¿Cheques extraños?

-Sí, unos cheques extraños que él tenía que depositar. Nisman tenía toda una situación extraña. A Nisman le denuncia su ex mujer Sandra Arroyo Salgado una cuenta de 600 mil dólares que estaba oculta, que nunca había declarado, con plata mal habida. Tenía otras propiedades: dos terrenos en unas chacras muy caras en Punta del Este, dos departamentos en la calle Dorrego, todos a nombre de testaferros, tenía un auto que no se sabe de quién era, era de un amigo de él, pero no está claro si lo había comprado o qué.

(Santiago Saferstein)
(Santiago Saferstein)

-¿El estaba aterrado por sus propios errores? 

-Toda la vida de Nisman era una gran mentira. No era fiscal. Hacía que trabajaba y no hacía nada. La causa (AIMA) nunca avanzó nada (…) Su vida con modelos, prostitutas VIP muchas de ellas, a las cuales les hacía regalos impactantes, gastaba muchísimo dinero en ellas, tenía una relación muy cercana con Leandro Santos, acusado de manejar prostitutas, pero bueno, esa es su vida privada, el problema con eso es cómo lo financiaba. De dónde salía la plata.

Y cómo se sentía él si su figura se desmoronaba, que todo eso podía salir a la luz.

-El sabía, él se dio cuenta que había cometido un error tremendo de evaluación política. Lo que él creía que era su salvoconducto para quedarse en la fiscalía y quedar bien con las personas para las cuales trabajaba, que no eran argentinos, se le vino como un boomerang. Stiuso lo deja solo, por una simple razón: Cristina piensa que la denuncia (de Nisman, por el Memorándum con Irán) contra ella venía de (el agente secreto Jaime) Stiuso. Y Stiuso se iba de la SIDE con cierto pacto de no agresión por obvias razones, de una relación muy cercana. Esto le caía pésimo. Es más, Stiuso, tengo dos fuentes que me dicen que Nisman les contó que Stiuso le pidió que no presentara la denuncia, que era una locura, encima con una presidenta en ejercicio. Y después el kirchnerismo, que con toda razón reacciona con mucha virulencia frente a una acusación aberrante.

Albert Nisman murió el 18 de enero de 2015 (Reuters)
Albert Nisman murió el 18 de enero de 2015 (Reuters)

«¿Quién mató a Nisman?» desarrolla la trama de una muerte que, a juicio de su autor, fue aprovechada en un año electoral para llevar a Cambiemos al poder. Previo a morir, Alberto Nisman, asegura Duggan, hizo una jugada política con su acusación a Fernández de Kirchner sin medir las consecuencias, lo describe «fanatizado» en busca de «lograr su salvación y buscar su éxito».

-La denuncia contra Cristina es una gigantesca mentira que él sabía perfectamente que era una mentira. Le dedicó mucho tiempo a la denuncia contra Cristina. El le comenta a no menos de ocho personas que lo van a echar. Repite a todo el mundo. A Arroyo Salgado, a sus secretarias, a secretarios letrados, a algunos agentes de la SIDE, «me van a echar, lo acaban de echar a Stiuso», él dice «vienen por mí», por eso interrumpe el viaje con su hija, se viene a Buenos Aires a presentar esta denuncia, que el único objetivo era que no lo echaran; si yo te denuncio no me podés echar porque estás confirmando el encubrimeinto. Con esto quería blindarse.

Duggan asegura que Nisman «estaba hecho mierda» y veía «un futuro nefasto donde seguramente se hizo a la idea de que terminaba preso. Porque con todo el kirchnerismo en contra no le iban a perdonar que tuviera cuentas con plata (no declarada). Y a Nisman lo investigabas un poquito así y te encontrabas con un personaje nefasto detrás».

«El complot asesino es una mentira total», afirma el periodista, y concluye: «Digo que es la peor fake news (noticia falsa) de la vuelta de la democracia. Porque gracias a esa mentira, en parte, cuánto no lo sé, es el triunfo de Macri de 2015. Lo dice el New York Times: un articulo de marzo de 2015 que dice con toda claridad ‘el asesinato de Nisman va a afectar el resultado electoral de octubre’. El New York TImes. No Pablo Duggan».

La entrevista completa

Un hombre llamado Gokú decidió cambiarse el nombre en Colombia

¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué cambiarse el nombre del ídolo, del verdadero salvador de la humanidad? Quedan al menos los muchos otros que se llaman Gokú en Colombia.

Colombia – Para muchos se llama Jesús, para otros puede ser Krishna, o en otras partes del mundo lo conocen como Buda. Cada religión tiene su salvador y para cada uno de ellos hay altares y grandes lugares de veneración a lo largo del mundo. Pero los que crecimos viendo Perubólica, sabemos que el gran ídolo y verdadero protector de la humanidad se llama Gokú, nació en el planeta Vegeta y aunque fuera un saiyajin de nacimiento, decidió dedicar su vida a defender el planeta a punta de genkidamas y kamehamehas.

Toda la gloria sea para Gokú, nuestro inalcanzable salvador.

En honor al más grande guerrero saiyajin de todos los tiempos, hace unos años se creó en Internet el grupo de los Testigos de Gokú, que incluso tienen sus 10 mandamientos entre los que están «No importa cuantas veces sean, llorarás cada vez que muera Krillin» o «Amarás Dragon Ball sobre todos los cómics» y que en 2015 fueron acusados por el mismísimo Padre Chucho por supuestamente «agredirlo» en medio de una de sus misas. El amor por Gokú es real y por eso, hay personas en este país que le han puesto a sus hijos como el gran salvador.

Así lo confirmó la misma Superintendencia de Notariado y Registro que en un comunicado publicado este lunes 22 de octubre, confirmó que un ciudadano llamado Gokú optó por cambiar su nombre en lo corrido del año. «Encontramos el caso, por ejemplo, de un ciudadano que se llamaba Consuelo Alfonso; él pidió eliminar su primer nombre. Otros son de personas llamadas Gokú, Ponopono, Carsito y Zubarra, quienes optaron por un nombre más común», dijo el superintendente Rubén Silva Gómez.

Una noticia dura que nos deja con muchas preguntas y que se dio con el anuncio de que solo entre enero y agosto de este año, 8.462 personas completaron el trámite para cambio de nombre en Colombia. Además, se reveló que las ciudades donde más hubo cambios de nombre fueron Bogotá (1640), Cali (550) y Barranquilla (239).

¿Por qué lo hiciste compañero? ¿Ya no te sentías lleno con el amor de Gokú? ¿Acaso fue que te obligaron?

Recordemos la vez que Gokú nos salvó de las garras del malvado Freezer y recemos.

Publicado originalmente en VICE.com

La vida austera y el triste final de Ramón Valdés, el entrañable «Don Ramón»

Don Ramón
Don Ramón

Cuenta la leyenda que el vestuarista tenía poco trabajo con Ramón Valdés: la remera desteñida por tantos lavados, los jeans gastados y las zapatillas viejas ya las traía el actor desde su casa. Todo puesto, claro. Era su ropa habitual. Pero había una prenda que el vestuarista debía tener ahí, preparada, junto a los zapatos de El Chavo, el delantal de Doña Florinda y el traje de marinero de Quicoel clásico gorrito añejo de Don Ramón. Y eso que al terminar cada jornada de grabación el actor se lo llevaba a su casa, también puesto. Si casi era suyo.

Pero cada mañana, camino al estudio, Valdés solía acercarse a los chicos que encontraba en la calle. «Nací niño y sigo siendo chavito: tengo el carácter de niño y los chavitos me entienden bien», había declarado el actor en varias ocasiones. Es por eso que siempre se detenía a conversar con ellos. Les firmaba autógrafos, les hacía bromas. Y uno solía llevarse de regalo el gran premio: el gorrito de Don Ramón.

Don Ramón con un pequeño admirador, en una de las tantas fotos que su nieto Ramón Valdés Casstillo suele compartir en las redes sociales con los admiradores del actor (Twitter: @RamnValdsCasti1)
Don Ramón con un pequeño admirador, en una de las tantas fotos que su nieto Ramón Valdés Casstillo suele compartir en las redes sociales con los admiradores del actor (Twitter: @RamnValdsCasti1)

Minutos después el actor se encontraba con el vestuarista antes de salir a escena para grabar El Chavo del 8, y se disculpaba por haberse olvidado la prenda en su casa. Todos los días lo mismo. Pero no había reto posible. Con Monchito —como lo conocían desde su infancia— nadie podía enojarse.

Ocurre que Don Ramón no era uno más dentro de la bonita vecindad de El Chavo. Malhumorado y cascarrabias, pero noble, humilde y de gran corazón, el personaje le debía mucho más al propio Ramón Valdés que al ingenio creativo de Roberto Gómez Bolaños. Empezando por el nombre, siguiendo por su ropa y concluyendo en ciertos rasgos de su personalidad: uno y otro eran lo mismo. «Con permisito, dijo Monchito», «¡Si serás, si serás!», y tantas otras frases más fueron improvisadas por el actor, sin haber estado incluidas originalmente en los libretos.

El mérito de Chespirito —no menor, por supuesto— fue haber notado un personaje en potencia en este hombre nacido el 2 de septiembre de 1923 en Ciudad de México, pero criado en una familia numerosa y de bajos de recursos de Ciudad Juárez. Gómez Bolaños les contaba a sus amigos que Monchito era el único que lo hacía reír. Y destacaba, además, su capacidad para aprenderse los guiones, aunque luego sumara las frases y muletillas propias. El día que le propuso ser Don Ramón, Chespirito le dio una sola indicación: «Sé tú mismo».

Las excusas de Don Ramón para el Señor Barriga por no pagarle la renta, en una escena de «El Chavo del 8»

Eso fue en 1971. Un año antes Gómez Bolaños lo había convocado para un programa llamado Los supergenios de la Mesa Cuadrada (era el Ingeniebrio Ramón Valdés). Significó su debut en la pantalla chica ya con 47 años, aunque para entonces Monchito había participado de ¡70 películas! En varias trabajó con Cantinflas, en muchas otras lo hizo con su célebre hermano Germán Tin Tan Valdés.

Pero esa trayectoria no había redundado en una estabilidad económica. Por el contrario, quien tuvo 10 hijos con tres parejas distintas debía trabajar en otros oficios (sí, al igual que Don Ramón) para mantener a su familia: en distintas épocas fue comerciante, fabricó muebles de madera y se desempeñó como chofer, entre otras ocupaciones. Y cuando de todos modos no llegaba a fin de mes, era su hermana Rosalía Valdés o el exitoso Tin Tan quienes lo ayudaban, prestándole dinero.

Ramón Valdés en sus años mozos, cuando buscaba abrirse camino en el cine (Twitter @RamnValdsCasti1)
Ramón Valdés en sus años mozos, cuando buscaba abrirse camino en el cine (Twitter @RamnValdsCasti1)

El notable suceso de El Chavo del 8 —y también de El Chapulín Colorado, donde tuvo la posibilidad de interpretar otros personajes— le permitió a Ramón olvidarse de las preocupaciones monetarias por casi una década, hasta que en 1979 decidió presentarle su renuncia a Gómez Bolaños. No fue personal: a diferencia de otros actores, Valdés no tenía ningún inconveniente con Chespirito. Al igual que sucedía en la ficción, el problema era con Doña Florinda, la mamá de Quico.

A esa altura Florinda Meza, la mujer de Gómez Bolaños, ya se encargaba de la dirección artística del ciclo, generando cierto resquemor en el elenco. Ramón tampoco estaba de acuerdo: quería responder directamente al creador del programa, es decir, a quien había confiado en él. Pero la partida de Carlos Villagrán terminó por convencerlo: consideró injusto que fuera despedido por los celos que Quico, su personaje, le generaba a Chespirito.

Entonces un día Don Ramón se fue, sin más, haciendo a un lado la fama y el dinero. Con el gorrito puesto. Y la dignidad también.

Volvieron entonces lo tiempos de zozobra, de rachas buenas y no tanto. En dupla con Quico probó suerte en la tevé venezolana; no funcionó. Se incorporó a un circo que empezó a recorrer distintos países de América Latina, utilizando su clásica vestimenta. Y siguió con la actuación, compartiendo escenas con un joven cantante en pleno ascenso: un tal Luis Miguel. ¡Y en un papel a lo Luisito Rey!

Un video pocas veces visto: Ramón Valdés y Luis Miguel (Youtube)

En 1987 Ramón volvió a la televisión azteca con el programa ¡Ah, qué Kiko! junto a Villagrán, quien no contaba con los derechos de Quico. A Valdés, en cambio, Chespirito nunca le impidió ser Don Ramón. No tenía por qué: sabía que ese personaje no le pertenecía. Pero esta nueva apuesta televisiva no resultó: ¡Ah, qué Kiko! permaneció al aire apenas unos meses.

Para entonces su salud ya estaba muy deteriorada. Todo se debía al cigarrillo. En los pasillos de los estudios de Televisa, donde se grababan los ciclos de Chespirito, nadie fumaba: la prohibición era taxativa. Menos para Monchito, claro, quien incluso solía despertarse a la madrugada con la única intención de encender un cigarrillo. La primera consecuencia fue un cáncer de estómago. Lo operaron. Y los médicos le aconsejaron —le pidieron, le rogaron…— que abandonara ese mal hábito. ¿La respuesta? Ramón también fumaba en su habitación del hospital.

Pese a la cirugía el tumor se terminó expandiendo, afectando su columna vertebral. El pronóstico fue cruel: le quedaban seis meses de vida. Ramón Valdés murió el 8 de agosto de 1988 a los 64 años, en la misma ciudad que lo vio nacer y también consagrarse. Pero lo hizo casi cuatro años después de que los médicos le hubieran dado aquel pronóstico fatídico.

Su entierro congregó a una multitud. Asistió su gran amigo Carlos Villagrán, por supuesto. Pero también el Señor Barriga y el Profesor Jirafales (para los puristas, Édgar Vivar y Rubén Aguirre, respectivamente). Frente al cajón una mujer lloró sin consuelo durante dos horas; se llamaba Angelines Fernández, la conocían como la Bruja del 71.

En cambio, María Antonieta de las Nieves no pudo concurrir: se encontraba trabajando en Perú. Durante años lamentaría no haber acompañado a Ramón Valdés en sus últimos días, y en su adiós. Porque en la ficción, la Chilindrina hubiera despedido a su padre; en la vida real, María Antonieta casi que haría lo mismo…

A nadie le extrañó que Florinda Meza no se acercara a dar el pésame. Su cuñado, Horacio Gómez Bolaños (Godinez en la ficción), sí lo hizo. Y Roberto Gómez Bolaños también podría haber asistido… Tiempo después el propio Chespirito reconoció como un gran error no haber ofrecido sus respetos a quien hizo por él lo máximo que uno puede hacer por el otro: provocarle una sonrisa.

Para la nostalgia: El Señor Barriga, Doña Florinda, El Profesor Jirafales, La Chilindrina, La Bruja del 71 y El Chavo del 8, en la vecindad más famosa
Para la nostalgia: El Señor Barriga, Doña Florinda, El Profesor Jirafales, La Chilindrina, La Bruja del 71 y El Chavo del 8, en la vecindad más famosa

Hoy, cuando ya transcurrieron más de tres décadas, a la par de las frases que Valdés popularizó en El Chavo del 8 todavía se escucha la advertencia de Doña Florinda: «¡No te juntes con esa chusma!». Pero a diferencia de Quico, quien esto escribe hubiera desobedecido aquella orden una y otra vez para ir a divertirse del lado de Don Ramón. Es que allí nadie reparaba en la vestimenta y cualquiera podía mostrarse tal cual es, sin montar ningún personaje. Y estaba permitido jugar como un niño, más allá de algún que otro grito de este hombre cascarrabias pero de gran corazón.

Porque la de Don Ramón —y la de Ramón Valdés, la de Monchito— era la vereda correcta de la vida.

Ramón Valdés (Twitter: @RamnValdsCasti1)
Ramón Valdés (Twitter: @RamnValdsCasti1)

«Quedate con ella porque no pasa la noche»: la nueva vida de la beba que llegó a pesar 380 gramos

Era apenas más que una adolescente cuando quedó embarazada por primera vez pero la noticia no la tomó por sorpresa: hacía más de un año que ella y su entonces pareja estaban buscando un hijo. Desearon y buscaron el segundo embarazo, y ahí sí, cuando llegó, la vida que tenían se dio vuelta. Brisa nació a los cinco meses de embarazo y, durante su primer mes de vida, llegó a pesar 380 gramos. Las chances de sobrevivir eran mínimas.

Fue el 15 de junio, el mismo día en que Nulpi Kronebeger cumplía 22 años, que la ecografía mostró que algo estaba mal. «La frase fue: ‘Andá a ver a tu obstetra ya’. Un hematoma me había desprendido el 68% de la placenta».

El médico le dijo que la situación era muy riesgosa y que podía llegar a morirse, por eso podía optar por interrumpir el embarazo legalmente. Era una ruleta rusa: en casa la esperaba su hija Francesca, de 2 años y medio. Nulpi decidió seguir adelante.

«No se bien por qué -piensa ahora-. Pero yo decía ‘no nos vamos a morir’. Fue muy riesgoso, ahora me pongo a pensar y digo ‘uh, estuve al borde'».

Brisa, cuando ya había cumplido tres meses.
Brisa, cuando ya había cumplido tres meses.

Le dieron reposo absoluto pero, con los días, la situación se volvió «tortuosa»: lloraba de dolor. En la semana 20 de gestación tuvo una hemorragia que la dejó tendida en el suelo: ya se había desprendido el 85% de la placenta.

«Me internaron y me dijeron: ‘Bueno Nulpi, si nace ahora no tiene ninguna chance. Tampoco sabemos cómo se alimentó y si le llegó oxígeno así que, aunque nazca viva, no sabemos en qué estado puede llegar'». Si llegaba a la semana 24, en cambio, existía una posibilidad de supervivencia.

El 26 de octubre de 2017, cuando acababa de alcanzar la semana 24, Nulpi entró al quirófano en medio de un ataque de pánico. «Recién ahí caí y empecé a gritar ‘me voy a morir y tengo una hija de 3 años’«. A quien era su marido no le permitieron entrar: «Le dijeron ‘sabemos que entra pero no sabemos si sale. Tenés que ser consciente de que esto es complicadísimo, no sabemos con qué nos vamos a encontrar'».

La jefa de neonatología del Policlínico Neuquén trató de calmarla. Le dijo que iban a hacer la cesárea y que era importante hacer silencio. Si la nena lloraba, iban a ponerle oxígeno y correr a neonatología para tratar de salvarla. Si no, con ese tamaño, no iban a reanimarla.

El dedo de Nulpi y el pie de su hija, mientras estaba en estado crítico
El dedo de Nulpi y el pie de su hija, mientras estaba en estado crítico

«De repente, en todo ese griterío escuché un sonido suave. Un ‘bua’, como hace un gatito recién nacido». Brisa no pesaba, como habían calculado con las ecografías, 550 gramos. Pesaba 470. «Es más chiquita que un paquete de sal», le contó el padre de su hija.

A la mañana siguiente, Nulpi fue a verla. «La enfermera me dijo ‘respirá profundo y entrá’. Brisa estaba en estado crítico, su piel no había terminado de formarse, no se habían despegado los ojos ni madurado los pulmones. Dijeron que era muy probable que no pasara las 48 horas».

Nulpi la tocó a través de los agujeros de la incubadora. «Era más chiquita que mi mano». Brisa sobrevivió a las 48 horas pero su estado siguió siendo crítico. Había bajado de peso -había llegado a los 380 gramos- y sus pulmones quedaron al borde del colapso. «Me llamaron y me dijeron: ‘Está muy mal, quedate al lado de ella porque no va a pasar la noche'».

Brisa en manos de las enfermeras que la cuidaron en el Policlínico Neuquén.
Brisa en manos de las enfermeras que la cuidaron en el Policlínico Neuquén.

El padre de Brisa entró y se despidió de su hija. No quiso volver a verla. Nulpi quedó sola -no sólo se separó sino que su mamá y sus hermanos viven en Australia- y fue en ese contexto que las enfermeras de neonatología se convirtieron en su familia.

«Nunca me pidieron que me fuera, ni siquiera cuando iba de madrugada. Capaz venían y me decían: ‘Mi amor, andá a descansar, nosotras te la cuidamos’. Si yo salía de la neo siempre alguna salía atrás. Sabían que yo salía a llorar y venían a abrazarme».

Brisa mejoró y empeoró una decena de veces. Le hicieron transfusiones, la operaron para cerrarle el ductus (un vaso que comunica la aorta con la arteria pulmonar) y a los 4 meses, cuando ya respiraba a través de una cánula, los pulmones quedaron otra vez al borde del colapso. A los seis meses tuvieron que hacerle una traqueotomía.

«Puse el grito en el cielo pero no quedó otra. Recién ahí, cuando le sacaron los tubos de la boca, la puse en la teta por primera vez y ella se prendió. Fue un llanterío, hasta los médicos lloraban». Brisa empezó a tomar mamadera -Nulpi se quedó sin leche por el estrés- hasta que una neumonía volvió a dejarla en el punto de partida. Volvió a recuperarse.

Cada mes de Brisa era una victoria en la neo: «El papá ya no estaba, yo había tenido que mudarme. Ahí fue cuando me pegué más a las enfermeras. Brisa ya abría los ojos, se movía, sonreía. Y ellas inflaban los guantes de examinación y jugaban con ella. A veces yo llegaba mal porque no tenía con quién dejar a mi otra hija y ellas se ofrecían a cuidarla en sus francos».

La beba, prematura extrema, tenía una afección ocular llamada «retinopatía del prematuro», y volvieron a operarla. En agosto, cuando le pusieron el botón gástrico, Nulpi volvió a enojarse. Fue una de las enfermeras la que dijo las palabras que Nulpi no se había atrevido ni a imaginar. «Mirá que esto puede abrir una posibilidad llevartela a casa».

En septiembre, la médica la llamó aparte para decirle lo que todas ya sabían: iban a preparar todo para darle el alta. «Me estaban esperando afuera para celebrar, creo que lloraban todas».

El 12 de octubre, después de 361 días de internación, a Brisa le dieron el alta. Nunca antes un bebé había estado tanto tiempo en la neo de ese lugar. Salvo la escasa capacidad pulmonar -por eso usa un soporte respiratorio temporal-, no le encontraron secuelas. No quedó ciega, no tiene hemorragias cerebrales, puede deglutir sin problemas.

«Las enfermeras le hicieron una fiestita de egresada, le regalaron un álbum con fotos de todos esos meses, le pusieron un sombrero de graduación. Cuando nos fuimos, nos aplaudieron». Ellas -que habían hecho una vaquita para regalarle la cuna funcional- fueron las invitadas especiales el viernes, el día en que Brisa celebró su primer año de vida.

Un usuario causó polémica al descubrir que las huellas en la Luna no coinciden con las botas de Neil Armstrong

El 20 de julio de 1969 fue una fecha que la humanidad jamás olvidará. Ese día el astronauta Neil Armstrong pisó la superficie lunar con su pie izquierdo, creando la primera huella en el satélite natural de la Tierra. En ese momento se dio «un pequeño paso para el hombre pero un gran salto para la humanidad».

Recientemente, un usuario en las redes sociales compartió un dato que interesó a miles de personas: las botas de Neil tienen una suela que no coincide con la que quedó impresa en la luna. Lo que hizo fue comparar las imágenes del traje espacial con las fotografías que captó la NASA en el momento del aterrizaje. Alimentaba, así, una de las mayores controversias de la humanidad: si la tripulación del Apolo 11 realmente llegó a la Luna o la expedición fue un montaje.

Las huellas que quedaron en la Luna y la suela de las botas no son las mismas. Es cierto, pero existe una razón. El traje Apollo/Skylab A7L fue el que vistió la tripulación. Es real que las botas no tienen líneas horizontales como las que están marcadas en la superficie de la luna, pero contaban con una protección adicional y por esta razón quedó impresa la huella.

La teoría de este usuario ha quedado descartada, pero lo que ha llamado la atención es que en el museo donde se expone el equipo de Neil, no se encuentran estas protecciones. La NASA explicó, que estas protecciones las dejaron en la luna para aminorar la carga al regreso. Y también que: «Las primeras huellas en la Luna estarán allí durante un millón de años. No hay viento que los arrastre».

Llega Halloween: series y películas de terror que no te podés perder

El 31 de octubre se festeja Halloween en todo el mundo. Este fin de semana es ideal para quedarse en casa y mirar una maratón de series y películas de suspenso y terror. A continuación, algunas interesantes producciones nuevas y clásicas para tener en cuenta y disfrutar:

-La maldición de Hill House (Netflix, 1 temporada, 10 capítulos)  

Basada en la icónica novela que Shirley Jackson publicó en 1959, narra la historia de cinco hermanos que crecieron en la casa embrujada más famosa de los Estados Unidos. Cada uno de ellos vive episodios traumáticos, mientras sus padres se encargan de remodelar la mansión e intentan convencerlos de que no existen los fantasmas.

Tras la muerte de la madre, los integrantes de la familia Crain abandonan la casa, pero quedan marcados por recuerdos horribles. Cuando son adultos se vuelven a reunir tras el suicidio de la hermana menor y deben enfrentar los fantasmas del pasado que siguen atormentándolos. El propio Stephen King elogió esta serie de terror creada por Mike Flanagan.

-El mundo oculto de Sabrina (Netflix, 1 temporada, 10 capítulos) 

Es la historia de Sabrina Spellman, una adolescente mitad bruja, mitad mortal que vive en el pueblo de Greendale. Lleva una vida como cualquier joven que va a la secundaria y tiene novio, pero cuando cumple 16 años debe elegir a qué mundo quiere pertenecer y si quiere continuar con el mandato familiar.

Kiernan Shipka (conocida por su participación en la serie Mad Men) se pone en la piel de la hechicera que afrontará las fuerzas del mal que amenazan a su familia y al mundo de los humanos. Esta adaptación moderna que mezcla el terror y la magia negra, creada y producida por Roberto Aguirre-Sacasa, es muy diferente a la ficción televisiva Sabrina, la bruja adolescente que protagonizó Melissa Joan Hart en la década del 90.

-Lo que vi (Netflix, 1 temporada, 6 capítulos) 

Esta serie, de los productores ejecutivos de 12 horas para sobrevivir y Lore, muestra a diferentes testigos que narran experiencias aterradoras de eventos supernaturales y otros fenómenos inexplicables o extraordinarios. En cada capítulo, con una duración promedio entre 20 y 30 minutos, se mezclan los relatos de los protagonistas con escalofriantes dramatizaciones. La trama abarca diferentes historias sobre fantasmas, espíritus malignos e incluso extraterrestres.

-Stan Against Evil (Cablevisión Flow, 2 temporadas, 16 capítulos)

La comedia de terror, creada por Dana Gould, se desarrolla en un pequeño pueblo de Nueva Inglaterra, donde se quemaban brujas en el siglo XVII. Stan Miller (John C. McGinley) es un alguacil que se asocia con Evie (Janet Varney), su joven reemplazo, para combatir contra fuerzas sobrenaturales. Mientras lucha contra los demonios, él hace un pacto secreto para traer a su esposa de regreso de la muerte.

-The Walking Dead (Cablevisión Flow, temporada 9, 3 capítulos) 

La serie, creada por Robert Kirkman, se emite desde el 2010 y ha batido récords de audiencia. Luego de un apocalipsis zombie, un grupo de sobrevivientes recorre los Estados Unidos para escapar del virus que eliminó a más de la mitad de la población humana. En la novena temporada, Rick Grimes (Andrew Lincoln) y su grupo reconstruyen la civilización, un año y medio después del final de la guerra. Con el paso el tiempo, las comunidades se enfrentan a obstáculos, peligros y caminantes inesperados, pero nada los prepara para la formidable fuerza que están a punto de enfrentar.

-El internado (Cablevisión Flow, 7 temporadas completas)

La historia de esta producción española se desarrolla en el colegio «La Laguna Negra», que está aislado del mundo y oculta un misterio en el bosque que lo rodea. Profesores, alumnos y personal de servicio están aislados en medio de la nada. Allí nada es lo que parece y pocos son quienes dicen ser. Los alumnos encuentran sentido a su existencia en su empeño por desentrañar el misterio que envuelve al colegio.

Películas:

-Halloween 

Pasaron 40 años desde que Laurie Strode (interpretada por Jamie Lee Curtis) logró escapar de la matanza realizada por Michael Myers en la Noche de Brujas. A pesar del paso del tiempo, presiente que él volverá a buscarla y se prepara para enfrentar al asesino del mameluco azul y la máscara blanca. Es la undécima película de la clásica saga de terror que cuenta con la dirección de David Gordon Green, la producción de John Carpenter y Jason Blum.

Además de este estreno, quienes desean revivir clásicos de terror en la pantalla grande podrán disfrutar de la edición de Temporada siniestra, organizada por la cadena Cinemark-Hoyts. Son seis filmes de miedo, que podrán verse desde el 25 hasta el 31 de octubre: Beetlejuice, Evil Dead Diabólico, Pesadilla en la calle Elm, Carrie, Del Crepúsculo al amanecer y El bebé de Rosemary.

Mientras que Cablevisión Flow ofrece una selección de películas especiales para los amantes del género del horror. Están disponibles en la plataforma Cementerios de animales, El origen del terror en Amityville, El proyecto de la Bruja de Blair, La llamada, Masacre en Texas: Herencia Maldita; y las sagas de Actividad paranormal, Halloween y El juego del miedo, entre otras.