Las intensas lluvias de los últimos días provocaron un fuerte impacto en el cordón frutihortícola del centro-norte santafesino, con pérdidas que alcanzan hasta el 90% de la producción, según confirmó Guillermo Beckmann, presidente de la Sociedad de Quinteros, en diálogo con EME.
El dirigente calificó la situación como “muy complicada” y detalló que, de acuerdo a un relevamiento preliminar, ya se registran unas 1.200 hectáreas afectadas. “Es agua con barro y, a medida que pasan los días, se van perdiendo las verduras. El agua no llega a impregnarse en la tierra y no sabemos cuándo vamos a poder volver a trabajar”, explicó.
Beckmann advirtió que el problema no solo responde a la magnitud de las precipitaciones, sino también a deficiencias en la infraestructura hídrica. “Los desagües están desastrosos y no evacuan el agua. Las vertientes están a flor de tierra y las bombas no están funcionando. No responde ni Monte Vera, ni Recreo, ni Santa Fe”, cuestionó.
En ese contexto, señaló que muchas quintas continúan anegadas y sin posibilidad de recuperación en el corto plazo. “El agua no sale de las quintas. Todo quedó bajo agua durante días y eso termina destruyendo la producción”, indicó.
Además del impacto productivo, el referente alertó por las consecuencias económicas tanto para los productores como para los consumidores. “Los productores se quedan sin mercadería, sin ingresos y sin saber cómo seguir. Y viene el invierno, que es una etapa más difícil”, sostuvo.
En esa línea, anticipó una suba en los precios de frutas y verduras debido a la menor oferta local. “El mercado no va a dejar que falte mercadería, pero habrá que traerla de otras zonas y eso encarece todos los costos. Es una cadena que repercute en el bolsillo de todos”, explicó.
Desde el sector estiman que unos 300 pequeños productores fueron afectados por el temporal, lo que agrava el panorama en una actividad clave para el abastecimiento regional.
Mientras continúan las tareas de evaluación, los quinteros advierten que el impacto se sentirá en las próximas semanas, con menor disponibilidad de productos frescos y un inevitable aumento en los precios.






