Cada vez que comienza un Mundial, los kioscos se llenan de chicos y adultos haciendo fila para conseguir figuritas. Lo que parece una moda pasajera, o un gasto más, esconde algo que pocos padres advierten: una oportunidad de aprendizaje difícil de replicar en otro contexto.
El médico pediatra y neonatólogo Flavio Serra lo viene señalando hace tiempo, y su mirada generó más repercusión de la que esperaba. «Lo hice sobre todo porque hay pocas cosas hoy que generen esta transversalidad entre todos los miembros de una familia», contó en diálogo con EME.
«A veces en la mesa nos encontramos con temas que no podemos charlar porque no hay un tema en común. El álbum invita al diálogo y a volver a la unidad familiar con una participación conjunta», aseguró el especialista santafesino radicado en Corrientes.
El álbum no es un gasto, es una excusa para aprender sin darse cuenta
Serra es claro desde el arranque: comprar el álbum no debe ser una obligación. «Hay chicos que pueden, chicos que no. Padre que quiere, padre que no. Y también es una enseñanza tomar la decisión de hacerlo o no hacerlo», añadió. Lo que le interesa destacar es otra cosa: cuando se da la oportunidad, el proceso de juntar figuritas activa una experiencia de aprendizaje compleja que pocas actividades cotidianas logran.
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«Una experiencia compleja de aprendizaje tiene tres patas: la motivación, la participación activa y la repetición», explicó.
«No estamos hablando de comprarle 200 paquetes de figuritas para que llene el álbum de una sentada. La idea es hacerlo progresivamente y lentamente», mencionó.
Cuando tu hijo abre un sobre, su cerebro está trabajando.
Cada vez que un chico busca, clasifica, espera y negocia figuritas, está entrenando lo que Serra llama funciones ejecutivas: organizarse, planificar, tomar decisiones, sostener la atención y filtrar distractores. Pero hay una en particular que le preocupa especialmente. «La memoria de trabajo —retener lo que uno tiene, ver lo que uno necesita y actualizar la información permanentemente— es algo que estamos viendo que falta en los adolescentes y en adultos jóvenes», comentó. El álbum, en papel y físico, la ejercita de manera natural.
Y eso, subraya, no es menor en un contexto dominado por pantallas. «Aprovechando que es un álbum en papel, físico, no digital, no marcando las cosas con un dedito y moviendo una pantalla solamente con el dedo», detalló.
Para Serra, la diferencia entre un juguete que hace todo solo y uno que deja lugar a la imaginación es la misma que entre una pantalla y un álbum: «Cuando uno le regala un avión de madera, que no tiene absolutamente nada más que la forma de un avión, ese tipo de cuestiones se aprenden y se fomentan en las uniones entre las neuronas cerebrales».
Cambiar figuritas es una de las primeras negociaciones reales de la infancia
El intercambio cara a cara con otros chicos tiene un valor que las redes sociales no pueden dar. «Ahí se rompen los círculos habituales. En general todos repetimos el mismo círculo y a veces no abrimos nuestra socialización para tener vínculos con otras personas, y sobre todo cara a cara», precisó.
Pero la negociación no es solo con pares. También es con papá y mamá. «Papá y mamá tienen que poner las reglas de juego para ir sabiendo cuáles son las posibilidades de obtener las figuritas. Y ahí va a aprender el niño a respetar los turnos, a esperar, a tener que hacer sus cosas medianamente bien para que papá entienda que es un merecimiento lo que le da», describió.
Frustración incluida, y está bien que así sea.
No completar el álbum no es un fracaso. Es parte del aprendizaje. «Hoy estamos en una etapa donde la inmediatez parece necesaria en la vida de todos los chicos y de muchos adultos. Esta incertidumbre de qué figurita me va a salir, la voy a poder obtener, no la voy a poder completar… es algo que uno aprende», agregó.
Ahí, dice Serra, entra el rol de los padres: no resolver, sino acompañar. «La tolerancia a la frustración es donde los padres tenemos que aprender a validar las emociones y enseñarles que la vida es volver a empezar permanentemente. El haberlo intentado siempre deja un aprendizaje para que en el futuro puedan lograr mejores cosas», concluyó.






