El Gobierno de Brasil encendió las alarmas ante la posibilidad de que el fenómeno climático de El Niño alcance una intensidad fuerte o incluso “extrafuerte” durante los próximos meses, una situación que podría generar importantes consecuencias ambientales, económicas y sociales en distintas regiones del país.
La advertencia surge a partir de un informe elaborado por el Centro Nacional de Monitoreo y Alertas de Desastres Naturales (Cemaden), que fue remitido a la Presidencia brasileña. Según las estimaciones actuales, existe cerca de un 70% de probabilidades de que el fenómeno alcance niveles de gran intensidad durante el segundo semestre de 2026.
Los especialistas indicaron que el escenario proyectado podría presentar características similares a las registradas durante el episodio de El Niño de 2023-2024, considerado uno de los más intensos de los últimos años. Sin embargo, aclararon que las previsiones deberán confirmarse con mayor precisión a partir de julio, cuando se disponga de nuevos datos climáticos.
Sequías e incendios en el norte
Entre los principales riesgos identificados, el informe destaca una posible disminución de las lluvias en las regiones Norte y Nordeste de Brasil, acompañada por un incremento de las temperaturas. Estas condiciones podrían agravar los períodos de sequía y generar una mayor presión sobre los recursos hídricos.

La preocupación también alcanza a la Amazonía y al Pantanal, donde el ambiente más seco y las olas de calor favorecerían el desarrollo y la propagación de incendios forestales. Además de los daños ambientales, este escenario podría afectar la salud de millones de personas debido al deterioro de la calidad del aire.
Preocupación por lluvias extremas en el sur
Mientras algunas regiones podrían sufrir la falta de agua, el sur brasileño enfrenta una amenaza opuesta. Las proyecciones señalan la posibilidad de precipitaciones más frecuentes e intensas, capaces de provocar inundaciones, deslizamientos de tierra y otros eventos asociados a fenómenos hidrológicos extremos.
Ante este panorama, las autoridades recomendaron reforzar el monitoreo meteorológico y garantizar el funcionamiento pleno de radares y sistemas de alerta temprana. También sugirieron revisar las zonas más vulnerables, especialmente aquellas ubicadas en márgenes de ríos y áreas de laderas.
Planes para minimizar los impactos
Frente a la amenaza climática, el Gobierno brasileño intensificó las reuniones entre ministerios y organismos técnicos con el objetivo de elaborar planes de contingencia y fortalecer la capacidad de respuesta ante posibles emergencias.
La estrategia incluye una mayor coordinación entre el Gobierno federal, los estados y los municipios, buscando reducir los daños económicos, sociales y ambientales que podrían derivarse de un episodio de El Niño de gran magnitud.





