Rosario Central volvió a festejar un título. El conjunto rosarino derrotó este sábado por 3-1 a Estudiantes de La Plata en el estadio Único Madre de Ciudades de Santiago del Estero y se consagró campeón de la Supercopa Internacional 2026, luego de revertir un partido que había comenzado cuesta arriba.
El gran protagonista de la tarde fue Ángel Di María, autor de dos goles fundamentales para cambiar la historia. Alexis Castro había adelantado al Pincha prácticamente desde el vestuario, pero el campeón reaccionó, encontró la igualdad mediante una exquisita ejecución de tiro libre del Fideo y pasó al frente con un penal convertido por el propio rosarino en un extensísimo primer tiempo.
Ya sobre el cierre del encuentro, y con Estudiantes completamente jugado en busca del empate, Julián Fernández aprovechó un contragolpe y estableció el 3-1 definitivo con el arco desprotegido.
El título, sin embargo, terminó rodeado por un clima de máxima tensión: hubo discusiones dentro del terreno, enfrentamientos entre integrantes de ambos planteles y fuertes reclamos contra el arbitraje de Darío Herrera.
Estudiantes golpeó de entrada
El equipo conducido por Alexander Medina tuvo un comienzo ideal. Apenas transcurría el primer minuto cuando una llegada por el sector izquierdo terminó encontrando a Alexis Castro, quien apareció dentro del área para establecer el 1-0.
Central recibió el golpe prácticamente sin haber entrado en partido y durante los primeros minutos tuvo dificultades para imponer su juego.
Estudiantes, además, atravesó rápidamente dos contratiempos físicos. Gabriel Neves debió abandonar el campo tras una fuerte caída en la que se lesionó el brazo izquierdo y fue reemplazado por Jalil Elías.
Poco después, el propio Elías sufrió una molestia muscular y tampoco pudo continuar. Fabricio Pérez ocupó su lugar, lo que obligó al Pincha a utilizar dos modificaciones en el tramo inicial del encuentro.
Las interrupciones cortaron el ritmo de la final, pero de a poco comenzó a aparecer Di María.
El Fideo cambió la historia
A los 23 minutos, Central dispuso de un tiro libre en las inmediaciones del área y Di María volvió a demostrar toda su jerarquía.
Con una ejecución precisa, el campeón del mundo colocó la pelota junto al palo izquierdo de Fernando Muslera y marcó el 1-1, devolviendo al conjunto rosarino al partido.
Desde ese momento, la final se volvió mucho más equilibrada. Estudiantes tuvo alguna oportunidad para volver a ponerse en ventaja, mientras que Central comenzó a encontrar mayores espacios para atacar.
Las numerosas interrupciones llevaron a Darío Herrera a adicionar una importante cantidad de minutos al primer tiempo. Y fue justamente allí cuando llegó una de las acciones que encendió definitivamente el encuentro.
Penal, VAR y remontada de Central
En tiempo agregado, Leandro González Pírez derribó a Enzo Copetti dentro del área. En primera instancia Herrera permitió continuar la acción, pero posteriormente fue convocado por el VAR para revisar la jugada.
Luego de observar las imágenes, el árbitro sancionó penal para Rosario Central.
La decisión generó fuertes protestas del lado de Estudiantes y una reacción irónica de Juan Sebastián Verón, presidente del club platense, desde el sector donde seguía el encuentro.
Di María tomó nuevamente la responsabilidad. El Fideo enfrentó a Muslera y transformó el penal en gol para establecer el 2-1, resultado con el que Central llegó al descanso después de haber comenzado perdiendo desde el primer minuto.
Estudiantes buscó, Central resistió
En el complemento, el Pincha adelantó sus líneas y trató de instalarse cerca del área rosarina. El conjunto de Medina buscó principalmente mediante centros y pelotas detenidas, aunque le faltó claridad para transformar el dominio territorial en situaciones concretas.
La chance más peligrosa, de hecho, volvió a quedar del lado de Central.
Muslera tuvo una notable doble intervención para mantener con vida a Estudiantes: primero respondió ante una definición de Di María y segundos después volvió a intervenir para evitar otro remate peligroso dentro del área.
Con el correr de los minutos, el calor y el desgaste físico comenzaron a sentirse. Central entendió el escenario, bajó el ritmo cuando pudo y esperó los espacios que inevitablemente dejaría un rival cada vez más desesperado.
Del intento desesperado de Muslera al 3-1
En los minutos finales, Estudiantes volcó prácticamente todo su equipo al ataque. En la última acción incluso Muslera abandonó su arco y avanzó hasta el área rival buscando el empate.
Central recuperó la pelota y lanzó el contragolpe.
Con el arco vacío, Julián Fernández recibió y definió con la cara externa del pie para convertir el 3-1, desatando el festejo canalla y sentenciando definitivamente la Supercopa Internacional.
Pero el gol también encendió los ánimos.
Un final cargado de tensión
Tras el tercer tanto comenzaron fuertes cruces entre los protagonistas. La situación se trasladó hacia el sector de ingreso a los vestuarios, donde futbolistas de ambos equipos protagonizaron enfrentamientos y golpes.
El clima era tan tenso que Herrera debió interrumpir durante varios minutos el desarrollo antes de determinar el cierre definitivo del encuentro.
En medio de las protestas, Juan Sebastián Verón ingresó al terreno de juego y se dirigió hacia el árbitro para manifestarle personalmente su disconformidad con lo ocurrido durante la final.
Así terminó una definición que tuvo absolutamente de todo: un gol desde el vestuario, lesiones, VAR, un tiro libre formidable, un penal decisivo, una remontada y un desenlace repleto de tensión.
Pero en medio del caos hubo un ganador. Rosario Central dio vuelta la historia, venció 3-1 a Estudiantes y levantó la Supercopa Internacional, con un Ángel Di María determinante y nuevamente decisivo para el club de sus amores.





