El devastador terremoto que azotó a Venezuela transformó por completo la realidad de la región costera de La Guaira, dejando consecuencias y un profundo dolor. «La verdad que es una tristeza terrible y da mucha impotencia ver lo que ha pasado y poder ayudar muy poco y nada», manifestó el director técnico rosarino Héctor Bidoglio desde la zona afectada.
El sismo sorprendió al entrenador argentino en un día feriado mientras realizaba trámites logísticos vinculados a su reciente regreso para encarar la pretemporada. «Se empieza a mover la camioneta, nos bajamos inmediatamente y yo quedé paralizado», relató sobre el estremecedor inicio de un movimiento que se prolongó por cuarenta segundos eternos.
Aunque el hotel donde se aloja en Caracas sufrió rajaduras, el epicentro del desastre se concentró en la costa. «Tanto el aeropuerto como La Guaira son las zonas más afectadas y están devastadas», advirtió el director técnico respecto al foco donde los equipos internacionales de rescate concentran sus mayores esfuerzos de emergencia.
La tragedia golpeó directamente al entorno deportivo del club, con futbolistas incomunicados, un joven de las divisiones juveniles desaparecido y el duro impacto de ver a colegas removiendo escombros con sus manos. «Los jugadores todavía no se pudieron contactar con sus padres y algunos no pueden volver a ingresar a su edificio porque las estructuras quedaron muy débiles», detalló consternado por la realidad del plantel.
El temor colectivo se mantiene latente debido a las más de 400 réplicas que obligan a realizar constantes evacuaciones preventivas en las estructuras edilicias. «La gente todavía está con miedo por las réplicas y hoy todos están preparados con una mochila al lado de la puerta para salir corriendo con un documento», concluyó el técnico, quien atraviesa en completa soledad este duro proceso mientras su familia permanece en Rosario.






