Los comercios de cercanía continúan sintiendo el impacto de la caída del consumo. Así lo advirtió el presidente del Centro Unión de Almaceneros de Rosario, Juan Milito, quien aseguró en EME que las ventas acumulan una disminución cercana al 10% en los últimos doce meses y que la pérdida del poder adquisitivo sigue condicionando las compras de las familias.
Según explicó, el descenso del consumo se mantiene de manera sostenida y está directamente vinculado a la evolución de los ingresos.
«La caída en consumo es permanente, acompasada por los ingresos de la población. Esto se ve reflejado claramente en nuestros negocios y en los tickets de compra», sostuvo.
Milito señaló que, si bien a fines de junio y principios de julio se observó un leve alivio en las ventas, ese movimiento estuvo relacionado con el cobro del aguinaldo y el clima generado por el Mundial, aunque aclaró que fue un efecto pasajero.
«El ingreso del aguinaldo se destinó principalmente a pagar deudas de tarjetas de crédito y, en algunos casos, a darse un gusto. Eso permitió un pequeño respiro para nuestros negocios, pero fue algo temporal», indicó.
Cambios en los hábitos de consumo
El dirigente explicó que una de las consecuencias más visibles de la crisis es la sustitución de productos por opciones más económicas y, en muchos casos, la reducción directa del consumo.
«Se dejaron de comprar gaseosas de primera marca, cervezas, vinos, fiambres y quesos. Además, la gente come menos y eso marca el dramatismo de la situación», afirmó.
También advirtió sobre la fuerte caída en el consumo de leche, especialmente en los sectores de menores ingresos.
«En los últimos cuatro años el consumo de leche cayó alrededor del 30%. En algunos barrios periféricos directamente hay familias que dejaron de consumirla porque no les alcanza el dinero para comprar un alimento básico para los chicos», remarcó.
Milito agregó que el comportamiento de los consumidores se vuelve más evidente hacia el cierre de cada mes.
«A medida que nos acercamos al fin de mes, los tickets se enflaquecen cada vez más. Se nota claramente en nuestros negocios», señaló.
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Menos gastos en higiene y más uso de tarjetas
La pérdida de ingresos también modificó los hábitos vinculados a la limpieza y el cuidado personal. Según el representante de los almaceneros, muchos hogares comenzaron a reemplazar productos tradicionales por alternativas más económicas.
«Los suavizantes prácticamente dejaron de consumirse y fueron reemplazados por vinagre o bicarbonato. Incluso la gente usa menos cantidad de dentífrico para cuidar el bolsillo», explicó.
Otro fenómeno que creció en los comercios de barrio es el uso de tarjetas de crédito, aunque muchas familias ya no pueden acceder a ese financiamiento.
«Antes casi no se usaban tarjetas en los negocios de proximidad y hoy son habituales. Pero también encontramos muchos clientes con las tarjetas bloqueadas porque la deuda se volvió impagable», afirmó.
«No es mala administración, es falta de ingresos»
Finalmente, Milito rechazó las afirmaciones que atribuyen la situación económica a una supuesta mala administración de las familias y aseguró que la realidad responde a la pérdida del poder adquisitivo.
«No es que la gente no sepa administrar su economía. Cuando no alcanza para comer y necesitan comprar un kilo de arroz, hacen lo que pueden para llegar al día. Es una cuestión de desesperación, no de mala administración; lo que falta son ingresos», concluyó.





