El juez federal Aldo Alurralde, próximo a incorporarse a la Corte Suprema de Justicia de Santa Fe, publicó una extensa carta en la que reflexionó sobre el papel de la Justicia, la solidaridad y la necesidad de que los magistrados contemplen el impacto de sus decisiones sobre las personas.
El escrito, titulado “Cuando la justicia no mira al otro: del expediente a la solidaridad, la empatía y el sentido de comunidad”, fue difundido en un momento de fuerte debate en torno al reciente fallo del máximo tribunal provincial sobre el tope aplicado a las jubilaciones de privilegio.
Alurralde no menciona expresamente esa resolución ni identifica a los ministros que participaron de ella. Tampoco plantea una impugnación jurídica del fallo. Sin embargo, su reflexión sobre el vínculo entre las decisiones judiciales y las consecuencias sociales de esas decisiones adquiere especial relevancia en ese contexto.
Más allá del expediente
Uno de los ejes centrales de la carta es la idea de que detrás de cada expediente judicial existen personas, historias y situaciones concretas que no deberían quedar relegadas frente a la aplicación estrictamente formal de las normas.
En ese sentido, Alurralde sostiene que detrás de cada expediente hay “una historia, una necesidad y muchas veces una angustia que no puede ser ignorada”.
Para el magistrado, la tarea judicial no consiste únicamente en interpretar leyes y resolver controversias desde una perspectiva técnica, sino también en comprender las circunstancias humanas sobre las que esas decisiones tienen consecuencias.
La solidaridad, plantea, no debe reemplazar al Derecho ni modificar los derechos establecidos por las normas, pero tampoco debería ser completamente ajena al razonamiento de quienes tienen la responsabilidad de impartir Justicia.
Su reflexión sobre las jubilaciones
Alurralde dedica parte de su escrito al funcionamiento del sistema previsional y al principio de solidaridad que lo sustenta.
En su análisis, la jubilación no puede ser considerada solamente como el resultado de un ahorro individual realizado durante la vida laboral, sino como parte de un sistema colectivo en el que los trabajadores activos realizan aportes destinados a financiar las prestaciones de quienes ya se retiraron.
El magistrado destaca que el principio de solidaridad supone reconocer las distintas realidades que atraviesan quienes forman parte del sistema previsional.
De esta manera, plantea que las trayectorias laborales no son iguales para todos: existen diferencias salariales, períodos de informalidad y situaciones en las que determinados trabajadores llegan a la jubilación con una menor capacidad económica.
Desde esa perspectiva, sostiene que el sistema previsional debe ser entendido también como una herramienta de protección colectiva.
El recuerdo de su madre
Uno de los fragmentos más personales de la carta aparece cuando Alurralde recuerda una experiencia de su infancia vinculada con su madre.
Según relata, ella tenía un kiosco ubicado junto al Sanatorio Mayo de Santa Fe y, en distintas oportunidades, recibía en su casa a personas que llegaban desde otras localidades para acompañar a familiares internados y no contaban con un lugar donde quedarse.
Les permitía bañarse, cocinar, lavar su ropa y descansar, sin esperar una retribución a cambio.
Alurralde utiliza aquel recuerdo para explicar cómo esos pequeños gestos cotidianos contribuyeron a formar su concepción de la solidaridad y de la vida en comunidad.
La historia también le sirve para reivindicar prácticas que, según sostiene, todavía forman parte de la vida cotidiana en muchas localidades: vecinos que acompañan a otros al médico, comparten alimentos, prestan herramientas o ayudan a quienes atraviesan una situación de necesidad.
“La justicia que no mira al otro no es justicia”
Sobre el cierre de la carta, el juez profundiza su mirada sobre el rol de los magistrados y advierte sobre el riesgo de reducir la Justicia a una aplicación mecánica de las normas.
En ese marco, sostiene que una decisión puede ser jurídicamente correcta desde el punto de vista formal y, al mismo tiempo, producir consecuencias que merezcan ser analizadas desde una perspectiva humana y social.
En una de las definiciones más contundentes de su escrito, afirma: “La justicia que no mira al otro no es justicia: es solo burocracia con toga leguleya”.
La frase sintetiza el eje de toda su reflexión: para Alurralde, el ejercicio de la magistratura requiere mirar no solamente el expediente, sino también a las personas que están detrás de él.
En esa línea, advierte que una resolución que afecta a una persona en situación de vulnerabilidad puede tener consecuencias que exceden lo estrictamente jurídico y convertirse también en un problema para la comunidad.
Una definición antes de llegar a la Corte
La carta adquiere una dimensión particular por el futuro rol de Alurralde dentro del Poder Judicial santafesino.
El actual juez federal fue propuesto por el gobernador Maximiliano Pullaro para integrar la Corte Suprema de Justicia de Santa Fe y su pliego fue aprobado por la Legislatura provincial. Su incorporación forma parte del proceso de renovación del máximo tribunal, junto con las designaciones de Jorgelina Genghini y Diego Maciel.
En ese contexto, sus reflexiones permiten conocer parte de la concepción que el magistrado tiene sobre el ejercicio de la función judicial.
Alurralde no anticipa en su carta cómo debería resolverse el debate sobre las jubilaciones de privilegio ni formula una crítica directa al fallo recientemente conocido. Su planteo es más amplio: reclama una Justicia capaz de combinar el respeto por las normas con una mirada sobre las consecuencias concretas que sus decisiones tienen sobre la sociedad.
La reflexión vuelve así sobre la enseñanza que atribuye a su madre: la solidaridad comienza cuando se deja de mirar únicamente la propia situación y se reconoce al otro como un igual.





