La problemática del acceso a la vivienda continúa agravándose en Argentina. Un reciente informe de la Fundación Tejido Urbano expone que más de seis de cada diez inquilinos recurren a préstamos, tarjetas de crédito o ahorros personales para afrontar el pago del alquiler, las expensas y otros gastos básicos, en un contexto marcado por la pérdida del poder adquisitivo y la precarización laboral.
En diálogo con EME, el investigador de la Fundación Tejido Urbano y autor del trabajo La Nación Inquilina, Matías Araujo, explicó que el país atraviesa un proceso creciente de “inquilinización” que se profundizó desde comienzos de siglo.
“Desde los años 2000 Argentina volvió a tener cada vez más inquilinos y cada vez más hogares. Esto tiene que ver con la falta de emancipación de los jóvenes, la ausencia de crédito hipotecario y las dificultades económicas que atraviesan las familias”, señaló.
Jóvenes que no pueden irse y jubilados cada vez más vulnerables
Entre los datos más preocupantes del informe, Araujo destacó que cuatro de cada diez jóvenes no lograron independizarse y continúan viviendo con sus padres, una tendencia que se mantiene desde hace una década.
Además, remarcó la situación de los adultos mayores: “El 82% de los jubilados que alquilan son pobres y la cantidad de jubilados inquilinos se duplicó en los últimos años”.
Según el especialista, la crisis habitacional no afecta solamente a quienes alquilan, sino que alcanza a gran parte de la población. “Siete de cada diez hogares argentinos tienen algún problema habitacional”, afirmó.
Más oferta, pero menos posibilidades de acceso
Respecto del mercado inmobiliario, Araujo sostuvo que la derogación de la Ley de Alquileres permitió una mayor oferta de propiedades, aunque aclaró que eso no resolvió el problema de fondo.
“Hoy hay más oferta, pero por la falta de ingresos sigue siendo inaccesible para muchas familias. Vemos cada vez más hogares endeudándose para poder seguir alquilando”, indicó.
También advirtió sobre el impacto de las nuevas modalidades contractuales. “La mayoría de los contratos pasaron de actualizarse una vez por año a hacerlo cada tres meses, pero los salarios no aumentan con esa misma frecuencia”, explicó.
El sueño de la casa propia, cada vez más lejano
Para el investigador, una de las mayores frustraciones de los argentinos es la imposibilidad de acceder a una vivienda propia, aun cuando el esfuerzo económico para alquilar es muy elevado.
“Hoy pagar la cuota de un crédito hipotecario puede ser más barato que pagar un alquiler. La pregunta es por qué alguien que puede afrontar ese gasto no puede acceder a una vivienda”, planteó.
Araujo consideró que el problema es estructural y está vinculado a la falta de financiamiento, la informalidad laboral y la ausencia de reglas estables a largo plazo.
“Ser inquilino hoy significa estar en una situación de inestabilidad. Todo cambia permanentemente y nunca el techo es seguro”, resumió.
Finalmente, sostuvo que la discusión habitacional debe dejar de plantearse como una confrontación entre propietarios e inquilinos. “Hay que construir reglas claras que protejan a ambas partes y generen previsibilidad. El acceso a la vivienda sigue siendo una de las grandes deudas sociales de la Argentina”, concluyó.





