La Casa Rosada fue durante décadas mucho más que un lugar de trabajo para Víctor Bugge. Fue el escenario donde construyó una carrera profesional de casi medio siglo y desde donde registró buena parte de la historia política argentina. Aunque hace aproximadamente un año dejó sus funciones, reconoce que “la vida retumba, retumba en mis oídos. Retumba en mi cuerpo y en mis oídos la Casa Rosada”.
Bugge comenzó a trabajar allí en 1978, antes del Mundial de fútbol, después de una relación temprana con la fotografía que estuvo marcada por su padre, también reportero gráfico y uno de los fundadores de la entidad que nucleó a los profesionales del sector. Antes de llegar a la Casa de Gobierno había trabajado en el Ministerio de Economía y había comenzado a vincularse con el mundo de la prensa.
Fotografiar el poder, sin invadir
Durante su extensa trayectoria, Bugge retrató a presidentes de distintas épocas y atravesó escenarios políticos de enorme relevancia. Alfonsín, Menem, De la Rúa, Néstor Kirchner, Cristina Fernández y, más recientemente, Javier Milei forman parte de un archivo que funciona también como testimonio visual de la Argentina contemporánea.
El fotógrafo asegura que mantuvo una relación de respeto con los distintos mandatarios y que aprendió a interpretar rápidamente la personalidad de cada uno: “Yo tardo horas y casi previo a la asunción ya sé qué formato de fotografía tengo que ir fabricando”. Esa capacidad de adaptación, explicó, era indispensable para trabajar cerca del poder. Pero también había límites que, según Bugge, un reportero debía reconocer: “Si vos sabés que no tenés que estar, tenés que darte media vuelta y correr”.
Las imágenes que quedaron en la memoria
Entre las fotografías que repasó durante la entrevista apareció una de Carlos Menem y Raúl Alfonsín que suele asociarse al Pacto de Olivos. Bugge aclaró que la imagen corresponde en realidad al momento en que Menem había sido electo y ambos dirigentes analizaban el adelantamiento de la entrega del poder. También recordó una fotografía de Menem en el cementerio, durante la despedida de su hijo Martín, y una de las imágenes más significativas de su carrera: la última fotografía de Fernando de la Rúa antes de su renuncia.
Según relató, aquel episodio ocurrió cuando el país esperaba la salida del presidente pero todavía no había una confirmación pública. “Yo bajé al despacho y me dice: ‘Vení, Víctor, haceme la última foto’”, recordó. De la Rúa, quien había sido reticente a las fotografías en distintos momentos de su gestión, lo tomó del hombro y lo llevó hasta el escritorio. “Yo me quedé de lado porque el país entero estaba esperando la renuncia”, contó.
También destacó la transformación del vínculo entre los presidentes y la sociedad. Alfonsín, Menem, De la Rúa y Néstor Kirchner tuvieron estilos diferentes frente a las cámaras y al público. Sobre Kirchner, Bugge recordó especialmente una escena en Rosario: “Néstor rompió el molde”, resumió al señalar que el entonces presidente comenzó a tener un contacto mucho más directo con la gente y a quebrar ciertos protocolos tradicionales.
Pionero de la fotografía digital
Bugge también fue protagonista de una transformación tecnológica que modificó para siempre el trabajo de los reporteros gráficos. Asegura haber realizado la primera fotografía periodística digital que llegó a la Argentina: una imagen de Menem recibiendo a Bill Clinton. “Los píxeles eran de un metro cuadrado”, recordó sobre aquella experiencia, que inicialmente sorprendió incluso a los editores del diario al que envió la imagen. Con el tiempo, aquella fotografía terminó en tapa y marcó para él el ingreso a una nueva era.
Sin embargo, después de décadas de experiencia, Bugge tiene una preocupación que va más allá de la tecnología: la posibilidad de que millones de fotografías digitales terminen perdiéndose. Por eso recomienda recuperar una costumbre que parece antigua pero que considera fundamental: imprimir las imágenes. “Cuando saquen una foto en el teléfono, les guste porque es de su hijo, de su pareja, de su papá, de su abuela, la vuelquen al papel”, pidió. Y explicó el motivo a partir de una experiencia personal: encontró recientemente una fotografía de su bautismo que había tomado su padre. “Tengo 70 pirulos. Si eso no estaba en papel, no la hubieras encontrado”, reflexionó.
Escuchá la entrevista completa:






