La crecida del río Paraná golpea a los productores del norte santafesino y obliga a trasladar colmenas, ganado y pertenencias para evitar pérdidas mayores. En la zona de El Rabón, departamento General Obligado, el apicultor Dante Sandrigo atraviesa días de incertidumbre: gran parte de su producción ya está perdida y ahora concentra sus esfuerzos en salvar las abejas.
En diálogo con EME, Sandrigo describió la rapidez con la que avanzó el agua y alertó que la situación podría agravarse en los próximos días. “Hoy andábamos en el camino, hay dos metros de agua. Se está viniendo y todavía no llegó el repunte que tiene que venir”, relató.
El productor explicó que hasta el viernes pasado podían ingresar en vehículo hasta la costa del Paraná, pero que el avance de la inundación modificó por completo las condiciones de acceso. Desde el miércoles habían tenido que trasladarse en lancha por los riachos y, apenas dos días después, encontraron los caminos cubiertos por el agua.
La zona también enfrenta dificultades de conectividad: el puente conocido como El Dorado fue arrasado por una creciente anterior y actualmente los habitantes dependen de una barcaza para cruzar hacia el otro lado.
La floración quedó bajo el agua y la producción está perdida
Sandrigo trabaja con sus abejas desde hace décadas y comparte la actividad con sus tres hijos. Aunque mantiene parte de las colmenas en terrenos altos, tiene una porción importante de su producción en las islas del Paraná, donde la floración se desarrolla en distintas épocas y permite obtener buenas cosechas.
Sin embargo, la inundación amenaza con arrasar ese recurso natural. “El 90% de la flor está abajo, y esa la tapa el agua. Al tapar el agua perdemos toda esa flor. Mínimamente dos o tres meses van a estar tapados. No sé hasta cuándo, pero esa floración ya está perdida”, explicó.
Ante ese escenario, el objetivo dejó de ser sostener la cosecha y pasó a ser preservar las colmenas. “Yo me conformo con que se salven las abejas, ya está. La producción en la isla ya la tengo toda perdida”, sostuvo.
El apicultor señaló que la pérdida de una colmena implica mucho más que dejar de producir miel: también pueden desaparecer los cajones, los marcos, la cera y las propias abejas. Por eso, ante una creciente, la prioridad es evitar que los enjambres queden sumergidos.
Las colmenas sobre balsas, una estrategia para enfrentar la inundación
Para reducir los riesgos, los productores apícolas de la zona adaptaron sus instalaciones a las condiciones de las islas. Sandrigo explicó que antes colocaban las colmenas sobre estructuras elevadas conocidas como zarzos, pero que actualmente utilizan balsas con tambores debajo para mantenerlas a flote.
“Es una estructura y se ponen tambores abajo para que floten, y están amarradas. Entonces, el agua que venga, tres o cuatro metros, van subiendo”, detalló.
Aun así, el sistema no elimina todos los riesgos. El productor recordó que en otras crecientes logró salvar parte de las colmenas, mientras que en otras perdió muchas por el avance del agua.
“Basta que las abejas lleguen otra vez al invierno bien, ya la doy por ganada. Que no se me ahoguen, ya está”, afirmó.
Sandrigo también se refirió al costo de reponer el equipamiento y estimó que cada cajón completo puede rondar los 100.000 pesos, aunque aclaró que se trata de un cálculo aproximado, porque ellos mismos reproducen las abejas y cuentan con parte de la estructura necesaria para la actividad.
En ese contexto, lamentó que no reciben asistencia para afrontar las pérdidas. “Nosotros nos remangamos solos, no tenemos ayuda de nadie. La verdad que nunca”, aseguró.
“No va a quedar nada”: la preocupación por el repunte del río
El productor sigue de cerca las alturas registradas en Corrientes, especialmente en Empedrado y Bella Vista, para anticipar cómo puede evolucionar la situación en El Rabón. Según explicó, el comportamiento de esta creciente resulta difícil de interpretar y el nivel del agua todavía no reflejaría todo lo que se espera para los próximos días.
“Esta creciente es rarísima, porque con la altura que está Corrientes tendría que haber más agua. Todavía no llegan acá los siete metros de Corrientes. Pero yo creo que entre mañana y pasado esto va a ser una sola pampa de agua, no va a quedar nada”, advirtió.
Sandrigo recordó que también atravesó la creciente de 2015 y 2016, pero señaló que hoy cuentan con más información para seguir la evolución del río. Aun así, consideró que la extensión de las zonas inundadas continuará aumentando y que el agua avanzará hacia el sur.
Animales atrapados en las islas: “Están esperando a morir”
Uno de los aspectos que más angustia al productor es la situación de la hacienda que quedó atrapada en sectores bajos de las islas. Sandrigo contó que muchos animales no pudieron ser trasladados a tiempo y permanecen con el agua hasta la panza, sin posibilidades de salir.
“Si yo te cuento lo que vi, te vas a largar a llorar. El animalaje quedó encerrado allá, los animales están hasta la panza en el agua esperando a morir. No te imaginás lo que es morir un animal en el agua: muere, pero sufre”, expresó.
Según su relato, entre lo que observó durante los últimos días había alrededor de 200 animales que, a su entender, ya no podrían ser rescatados. También explicó que algunos productores consiguen sacar parte de la hacienda, pero otros enfrentan dificultades económicas y logísticas para trasladarla.
Sandrigo contó que él mismo tiene animales y que intentó retirarlos de las zonas comprometidas. Algunos quedaron en terrenos elevados que preparó para que puedan resguardarse del agua.
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El pedido a quienes todavía permanecen en la zona
Ante el avance de la inundación, el apicultor pidió que las personas que continúan en las islas abandonen el lugar antes de que las condiciones empeoren. Explicó que algunos habitantes dependen de la pesca o de puestos rurales, pero consideró que la situación ya no permite permanecer allí con seguridad.
“No queda más nadie acá, hay que salir todo porque ya no hay más nada que hacer”, advirtió. Y agregó: “Hay que salir, porque acá se viene grave todo esto. No está boqueado nada acá en la isla”.
El productor destacó que, mientras las condiciones lo permiten, los vecinos y propietarios de campos se ayudan entre sí. Sin embargo, insistió en que esa colaboración no alcanza para compensar el avance del agua.
“Siempre hay alguno que se empaca y quiere quedar, por ahí cree que no. Que hagan caso, que salgan nomás”, concluyó Sandrigo, con la preocupación puesta en una creciente que todavía podría extender sus efectos sobre la producción, los animales y las familias del norte santafesino.





