Cada 6 de junio se conmemora el Día Mundial del Paciente Trasplantado, una fecha impulsada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para promover la donación de órganos y visibilizar la realidad de quienes reciben una segunda oportunidad de vida gracias a un trasplante.
En ese marco, Martín Palamedi compartió su historia en EME. Con 50 años y dos trasplantes renales en su haber, relató el largo camino que atravesó desde que una enfermedad genética cambió para siempre su vida.
“Soy un paciente trasplantado por segunda vez. Tengo una patología hereditaria congénita llamada Síndrome de Alport, que también padecen mis hermanos y mis primos. A los 17 años mis riñones dejaron de funcionar y desde entonces atravesé cirugías, diálisis y trasplantes”, contó al programa «Punto de Partida».
Su primer trasplante llegó cuando tenía 22 años. Desde entonces, asegura que la intervención significó un antes y un después. “Trasplantarse te cambia la vida completamente. No es lo mismo una persona que debe hacerse diálisis tres veces por semana durante cinco horas para seguir viviendo. Cuando uno se trasplanta recupera gran parte de su libertad y puede llevar una vida prácticamente normal”, explicó.
Palamedi destacó que, si bien el trasplante implica cuidados permanentes, no impide desarrollar una vida activa. “Mientras mantengas los controles médicos, la medicación y los cuidados necesarios, no hay límites para realizar actividades. Hoy tengo una vida normal y comparto actividades con personas de mi edad en igualdad de condiciones”, afirmó.
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Sin embargo, aclaró que el proceso no termina con la cirugía. Los pacientes trasplantados deben consumir medicación inmunosupresora durante toda la vida para evitar el rechazo del órgano. “El órgano trasplantado es un cuerpo extraño para el organismo y la medicación evita que el sistema inmunológico lo ataque”, explicó.
Además, señaló que ningún trasplante es definitivo. “Generalmente duran entre 10 y 15 años, aunque hay casos que superan los 25 años. La medicina avanza mucho, pero a veces el organismo termina rechazando el órgano y hay que volver a empezar”, indicó.
Ese fue su caso. Tras perder el primer trasplante, debió regresar a la diálisis y a la lista de espera. “La última vez estuve nueve años esperando un órgano. Para mí fue rápido, porque hay personas que esperan mucho más tiempo”, recordó.
Durante la entrevista también habló sobre el impacto emocional que genera la donación. “Mi primer donante tenía 13 años y había sufrido muerte cerebral tras un accidente. Eso me hizo mucho ruido en su momento”, confesó.
Respecto de la actualidad de la donación de órganos en Santa Fe, valoró el trabajo que realizan los equipos de salud, aunque consideró que todavía falta profundizar la difusión. “La provincia está trabajando muy bien en materia de ablación y trasplantes, pero no alcanza con hacer una actividad una vez al año. Hay que trabajar de manera permanente en la concientización”, sostuvo.
En ese sentido, remarcó que todavía persisten mitos y desinformación sobre la donación. “Hay muchos fantasmas que se han derribado, pero todavía quedan prejuicios y desconfianzas muy arraigadas”, advirtió.
Por último, dejó un mensaje dirigido a la sociedad y a los responsables de diseñar políticas públicas. “Hay que seguir difundiendo la donación, la ablación de órganos y el trasplante. La información y la concientización siguen siendo fundamentales para salvar vidas”, concluyó.






