Cada 4 de agosto se celebra en la Argentina el Día del Panadero, una fecha instituida por el Congreso Nacional en 1957 para homenajear a uno de los oficios más tradicionales del país y recordar la creación de una de las primeras organizaciones sindicales del sector.
En Santa Fe, la jornada encuentra a la actividad atravesando un escenario complejo, marcado por la retracción del consumo y la necesidad de adaptarse a nuevos hábitos de compra. Así lo expresó en diálogo con el móvil de EME el referente del Centro Industrial de Panaderos de Santa Fe, Marcos Carignano.
Menor poder de compra y cambios en el consumo
Carignano explicó que, si bien el invierno representa una de las épocas de mayor movimiento para las panaderías, la situación económica continúa impactando en las ventas.
«El sector está en un momento un poquito complicado. Hay varios factores que afectan la actividad. Ahora estamos en temporada alta, así que no se nota tanto, pero hay mucha competencia y una caída del poder adquisitivo de nuestros clientes», señaló.
Según indicó, el consumo se concentra principalmente en los productos básicos.
«Se vende lo que tiene más rotación, como el pan o los bizcochos. Se hace un poco más difícil comercializar productos con mayor valor agregado», explicó.
La inflación dejó de ser el principal problema
En relación con los costos de producción, sostuvo que la situación es hoy más estable que en años anteriores.
«A principio de año hubo un movimiento fuerte en la margarina y los derivados del sebo, pero en relación con otros años la inflación se calmó mucho. Las listas de precios se actualizan en períodos más amplios y eso nos da mayor previsibilidad. Hoy el problema principal es el poder adquisitivo del cliente», afirmó.
La competencia informal y la reinvención del rubro
Otro de los factores que preocupa al sector es el crecimiento de la venta informal de productos panificados.
«Los clientes son los mismos y ahora se reparten entre más opciones. Con las redes sociales mucha gente vende desde su casa con otros costos. No es lo mismo sostener un local, empleados y aportes que una economía de subsistencia. Uno entiende esa realidad, pero inevitablemente afecta la actividad», indicó.
Frente a este escenario, muchas panaderías ampliaron su oferta para mantenerse competitivas.
«Cada comercio busca la vuelta según el lugar donde está. Algunos incorporaron cafetería, otros comidas elaboradas. La panadería de hoy ya no es la misma que hace 20 o 25 años; cambió muchísimo la variedad de productos y servicios», remarcó.
Tecnología sin perder el trabajo artesanal
Carignano también hizo referencia al avance de la tecnología dentro del sector y advirtió que su incorporación debe realizarse sin resignar calidad.
«La tecnología tiene dos caras. Permite producir más rápido y de manera más eficiente, pero si no se usa con cuidado puede afectar la calidad. No es lo mismo un pan elaborado respetando los tiempos de fermentación que uno industrializado. La panadería artesanal sigue necesitando tiempo porque trabaja con levadura», explicó.
Un oficio que pasa de generación en generación
Más allá de las dificultades económicas, el referente del Centro Industrial destacó el fuerte arraigo familiar que caracteriza a la actividad.
«La mayoría de los panaderos venimos de familias de panaderos. Somos hijos, nietos o bisnietos de personas que trabajaron en este oficio. Incluso muchos empleados son hijos de trabajadores que ya estuvieron con nuestros padres o abuelos. Es una actividad que se transmite de generación en generación», comentó.
Un saludo para todo el sector
En el Día del Panadero, Carignano envió un mensaje de reconocimiento para todos los que forman parte de la cadena productiva.
«Quiero saludar tanto a los propietarios como a los obreros, a los proveedores y a toda la gente vinculada con la actividad. Siempre aparecen nuevos desafíos: un día la inflación, otro la caída de las ventas, pero seguimos de pie y trabajando todos los días», concluyó.






