La llegada de carne de burro a las carnicerías de Chubut abrió un intenso debate en la Patagonia, donde la necesidad de diversificar la producción choca con los tabúes alimentarios y las objeciones éticas de distintos sectores de la sociedad.
El proyecto es impulsado por un productor rural en la zona de Punta Tombo, y este mes dejó atrás su etapa experimental para comenzar a comercializar cortes en Trelew, con precios que rondan los 7.500 pesos por kilo.
La iniciativa surgió como una respuesta a la crisis estructural que atraviesa la producción ovina en la región y a las dificultades que presentan los suelos patagónicos para desarrollar de manera rentable la ganadería bovina tradicional.
Con el objetivo de acercar el producto a los vecinos y derribar prejuicios, para el próximo 16 de abril se organizó una degustación en una parrilla de la zona, donde se ofrecerán platos elaborados con esta carne.
Sin embargo, el emprendimiento enfrenta una fuerte resistencia cultural y ética. Organizaciones proteccionistas y vecinos cuestionan el sacrificio de una especie históricamente asociada al trabajo rural y al vínculo afectivo con las personas.
Más allá de la controversia social, el futuro de esta actividad también depende de cuestiones regulatorias. Si bien el proyecto cuenta con habilitaciones locales, necesita el aval del SENASA para poder expandirse a nivel federal, un paso clave que suele representar uno de los principales obstáculos para la comercialización de carnes alternativas en el país.





