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Resultados e imágenes de la 6° Maratón de Tostado

En el marco de los festejos por el 127° aniversario de Tostado, el pasado domingo se corrió la 6° Maratón de 10 kilómetros, que tuvo también la modalidad Caminata de 3 kilómetros.

Arde la reventa: las astronómicas cifras que piden por una entrada para la Superfinal entre Boca y River en el circuito ilegal

El fervor por la Superfinal de la Libertadores entre Boca y River no tiene límites. Hoy recién comenzó la venta de entradas para los socios abonados del Xeneize de cara al primer encuentro, pautado para el 10 de noviembre desde las 17 en la Bombonera. Sin embargo, hay sitios en los que ya ofrecen ilegalmente tickets en cifras astronómicas.

Las plateas oscilan entre los 50.000 hasta los 180.000 pesos, cuando los precios oficiales están entre 1.300 y 2.700.

La oferta de las supuestas entradas para el Superclásico
La oferta de las supuestas entradas para el Superclásico

Pero no conforme con eso, también hay oferta de entradas para la revancha en el Monumental, tanto populares como plateas, a un costo de entre 30.000 y 90.000 pesos. El encuentro que definirá al campeón de la Libertadores se jugará el sábado 24 de noviembre, también a las 17.

San Javier: se realizó la primera siembra de juveniles de pacú de la temporada

En el marco del Plan Provincial de Piscicultura que impulsa el Ministerio de la Producción, el equipo de trabajo que lleva adelante la iniciativa realizó en San Javier la primera siembra de juveniles de pacú de la temporada 2018 – 2019 en jaulas flotantes sobre el arroyo San Joaquín.

Los especímenes, producidos en la Granja Piscícola de San Javier, fueron sembrados en conjunto con tres familias de pescadores con las que se viene trabajando por tercera temporada consecutiva; las mismas se encargan del cuidado de los animales y de registrar datos diariamente.

La continuidad de estas actividades permite ajustar las técnicas de manejo y la medición de distintos parámetros, tanto en el agua y como en los peces, para generar información imprescindible en el desarrollo del Plan.

Entre los principales objetivos de esta experiencia se destacan la capacitación a emprendedores, entre los que se encuentran pescadores; y la generación de información mediante registros de parámetros productivos y económicos.

Durante esta temporada se pondrán en marcha emprendimientos desde Tacuarendí hasta Barrancas con la meta de llegar a un total de 30. Los mismos tendrán capacitación y seguimiento en distintas modalidades de cultivo, especialmente en jaulas flotantes de río, y serán complementados con ensayos en estanques y baletones de arroceras.

Se trata de una modalidad de investigación participativa, que permite a los emprendedores involucrarse y participar activamente en todo el proceso productivo.

Luis Miguel: anunciaron la venta de entradas para sus shows en Argentina

Luis Miguel pasará por la Argentina con su gira «¡México Por Siempre!», que incluirá dos shows. El 26 de Febrero se presentará en Orfeo Superdomo de Córdoba y el 1° de marzo en el Campo Argentino de Polo.

Los tickets estarán disponibles a partir de este jueves 8 de noviembre, con Preventa Exclusiva para Clientes BBVA Francés y 3 cuotas sin interés a través del sistema de Tu Entrada, en Buenos Aires, y en Córdoba a través del sitio oficial del Orfeo.

Luis Miguel siempre ha establecido récords sin precedentes, no sólo por su extraordinaria voz, su versatilidad para realizar diferentes géneros de la música pop, bolero, mariachi, Big Band y baladas románticas, sino también por su preparación, elegancia y su esencia verdadera de artista, que en última instancia lo ha convertido en uno de los más grandes íconos de la música y el artista latino de mayor venta en el mundo.

Con 36 años de carrera, el cantante lanzó 33 discos, vendió más de 100 millones de discos en todo el mundo, cosechó múltiples discos de Oro, Platino y Diamante.

Ganador de seis premios Grammy y cuatro Grammy Latino. Tiene su estrella en el paseo de la fama en Hollywood. La Asociación de Prensa Internacional de Las Vegas lo honró con su más prestigioso premio, el Galardón Diamante. Después de una extensa gira de 3 años y medio logra la gira con más altos ingresos en la historia de un artista Latino.

Continúa incrementándose la ayuda social por la situación económica

La ultima semana del mes de octubre tuvo un incremento en la ayuda social desde el municipio, reflejando esto la difícil situación que atraviesan familias de nuestra ciudad.

Continuará en prisión preventiva un hombre investigado por abuso sexual

Así lo resolvió el juez Hugo Tallarico en una audiencia de revisión de la medida cautelar a raíz del pedido de la fiscal Favia Burella.

Duro mensaje de la Iglesia por la crisis social, el aborto y «los ataques personales» al Papa Francisco

En un mensaje de fuerte contundencia política, la Iglesia alertó hoy que la Argentina transita una crisis social y económica que «golpea a todo el pueblo argentino», y que «va resintiendo la confianza en la dirigencia política aumentando el mal humor social, el enojo y la intolerancia que hace muy crispada la convivencia».

No sólo ello: el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, monseñor Oscar Ojea, también denunció los «ataques personales» al Papa Francisco «desde dentro y desde fuera de la Iglesia de un modo que no tiene precedentes», dijo el máximo referente eclesiástico en relación a las críticas que recibió el Sumo Pontífice por su postura en contra del aborto y en virtud de los guiños que, según Cambiemos, da a algunos sectores del peronismo crítico.

Durante la homilía de apertura de la Asamblea Episcopal Argentina que se reunió hoy en Pilar, el obispo de San Isidro y cabeza de la Iglesia fue más allá en esta crítica elíptica al Gobierno y apuntó directamente a un tema que enfrentó a la Casa Rosada con la Iglesia: el debate por el aborto que habilitó en el Congreso el presidente Mauricio Macri.

«Estamos terminando un año sumamente difícil. Muchos acontecimientos que hemos vivido en los últimos meses nos han provocado perplejidad, y al mismo tiempo nos plantean grandes desafíos pastorales para ser iluminados a la luz del Evangelio. Son situaciones complejas y conflictivas, que esconden un mensaje que tenemos que descubrir», dijo Ojea.

Así, enumeró entre esos acontecimientos que generaron un cimbronazo en la Iglesia a «la habilitación del debate sobre el aborto y su repercusión en muchos de nuestros jóvenes, incluso de nuestros colegios y comunidades a quienes hemos visto tomando partido con su pañuelo verde», destacó el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina.

A la vez, el máximo referente de la Iglesia en la Argentina que tiene línea directa con el Papa Francisco se refirió a las denuncias de abuso de menores en el mismo seno eclisiástico que, refirió, «aumentan el dolor en lo más profundo del corazón de la Iglesia».

Pero en una alusión inédita para la historia reciente de la Iglesia Argentina también Ojea habló de los ataques «a la persona del Santo Padre desde dentro y desde fuera de la Iglesia de un modo que no tiene precedentes, lo que genera la escasa difusión de su pensamiento y de su prédica». Para el presidente de la Conferencia Episcopal estos ataques se extienden «a la Iglesia toda ya que parecería que decir algo bueno sobre ella no es políticamente correcto».

Aquellos prelados que estuvieron en la apertura de la Asamblea Episcopal que comenzó hoy y que se extenderá hasta el viernes próximo entendieron que en la homilía de Ojea hubo una clara alusión a varios referentes del Gobierno y de la oposición que están a favor del aborto y que durante el debate de ese proyecto de ley cuestionaron con suma dureza al Papa Francisco. Aunque también hubo algunos obispos que recordaron las críticas que recibe desde Cambiemos el Papa Francisco por recibir en el Vaticano a referentes del kirchnerismo o el gremialismo opositor.

En los corrillos de la reunión de obispos que se desarrolla en Pilar hubo reiterados mensajes de malestar hacia el Gobierno y a los referentes de la oposición que defendieron el debate del aborto desde una mirada muy crítica hacia la figura del Papa.

Así, varios obispos destacaron aquel mensaje que dio Francisco en junio pasado cuando a dos días de la media sanción del proyecto de ley de interrupción voluntaria del embarazo (IVE) en la Cámara de Diputados, pronunció un duro discurso contra el aborto, al que lo calificó de «moda» y lo comparó con «lo mismo que hacían los nazis para cuidar la raza, pero con guantes blancos».

Por otra parte, monseñor Ojea se refirió a la crisis económica que transita la Argentina y en un mensaje cifrado hacia Macri evaluó que esta situación «va resintiendo la confianza en la dirigencia política aumentando el mal humor social, el enojo y la intolerancia que hace muy crispada la convivencia».

No se descarta en este sentido, que haya un mensaje final en el documento de los obispos que se refiera directamente al incremento de la pobreza en la Argentina. De hecho, la Conferencia Episcopal ya tuvo acceso a los últimos informes del Observatorio de la duda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) que advierten sobre un aumento de los pobres e indigentes en el país. Este documento se presentará a fin de año y contrastará duramente con los números que dio el INDEC. Desde el Ministerio de Desarrollo Social que lidera Carolina Stanley expresaron a Infobae que el Gobierno seguirá reforzando los programas alimentarios para sectores vulnerables y que muchos de ellos son gestionados por la Iglesia a través de los comedores escolares.

En la misma homilía que emitió para los 94 obispos de todo el país que estaban presentes en el cónclave de Pilar monseñor Ojea detalló que frente a todas estas situaciones que denunció se puede reaccionar con «la ira, el enojo, la victimización o con la parálisis y la inmovilidad».

Sin embargo, Ojea instó a la Iglesia a actuar bajo «la unidad y la empatía» en función de la Carta a los Filipenses que leyó previo a la homilía donde el Evangelio llama a «tener un mismo sentir» e «invita a la humildad y a velar por los intereses de los demás».

También hubo en el mensaje de Ojea un señalamiento interno a la situación de la Iglesia frente a las denuncias de abuso de menores que golpean la imagen de la institución milenaria. Así, el Obispo de San Isidro pidió: «mirar nuestros pecados».  Y frente a los escándalos que se han dado en algunas comunidades de la Iglesia instó a «ahondar el camino de nuestra conversión personal y eclesial. Un serio compromiso en este sentido visibiliza el hecho de que estamos asumiendo nuestra responsabilidad como pastores«.

Así, el presidente de la Conferencia Episcopal dijo a los 94 obispos reunidos sin más vueltas: «Tenemos que aprender a desprendernos de un reconocimiento social que los Obispos teníamos en otro tiempo y que vamos dejando de tener».

Como adelantó hoy Infobae, desde la Casa de Ejercicios «El Cenáculo» en la localidad de Pilar, la 116° Asamblea Plenaria del Episcopado Argentino empezará a sesionar hasta el viernes próximo, cuando se espera un documento final.

(Foto: NA)
(Foto: NA)

«La agenda de la asamblea de la Comisión Episcopal es amplia pero seguramente el tema de la pobreza, el sostenimiento del Estado y la misa de Luján con los gremios liderados por Moyano que tanto malestar causaron en el Gobierno serán eje de los debates«, admitió un prelado cercano a Ojea.

Según pudo saber este medio, hasta ahora no se abordó el espinoso tema de la subvención estatal a los obispos aunque está acordado con la Secretaría de Culto del Gobierno que lidera Alfredo Abriani que el desprendimiento de esta ayuda estatal a la Iglesia se dará de manera «gradual y acordada».

Actualmente, en el presupuesto 2019 el Gobierno fijó en 126 millones de pesos los fondos destinados para la Iglesia y hay idea de ir reduciendo de a poco esta erogación estatal.

Tampoco se analizó hasta hoy el tema de la polémica que se desató entre la Iglesia y el Gobierno por la misa que ofició en la Basílica de Luján monseñor Agustín Radrizzani en la que participó el jefe del gremio de Camioneros Hugo Moyano y una veintena de sindicalistas críticos a la administración de Macri. Si bien los obispos que consultó Infobae dijeron que este es uno de los temas que se abordará en el retiro de Pilar aun no se analizó el tema abiertamente en la primera jornada de reflexión.

No se descartó que haya un mensaje final al papa Francisco aunque se aclaró que el Sumo Pontífice «no tendrá injerencia alguna en el desarrollo de la Asamblea Episcopal».

Tras sus polémicos dichos, Gerardo Romano y Cacho Castaña serán denunciados por el Instituto Nacional de las Mujeres

Gerardo Romano y Cacho Castaña serán denunciados en la Justicia por el Instituto Nacional de las Mujeres, después de las polémicas declaraciones que hicieron en distintas entrevistas en los medios.

Así lo confirmó la titular del instituto, Fabiana Túñez, que consideró que los artistas «han ejercido violencia simbólica recurriendo a la cosificación de la mujer, categorizándola como un objeto al que se le puede hacer cualquier cosa».

«Esta vez en ambos casos enviaremos una carta documento como hicimos con Gustavo Cordera, quien ya está camino a juicio oral», dijo en el ciclo radial Por si las moscas que se emite en La Once Diez.

«No puedo reproducir los dichos porque me siento afectada no solo como presidenta de este organismo sino como mujer», agregó, y se refirió puntualmente a los dichos de Cacho Castaña: «En el caso de Cacho Castaña encima es la segunda vez que incurre en dichos misóginos, en febrero hicimos un llamamiento del cual no recibimos respuesta», aseveró.

«Yo creo que ya después de la última advertencia que tuvo es claro que esto es lo que piensa y no piensa modificar su actitud. Va a tener que hacer un curso de concientización, según lo que la Justicia determine, porque nunca es tarde para cambiar», destacó sobre el cantante.

Por último, se refirió a la «indicencia social» que tienen tanto Castaña como Romano cuando declaran públicamente: «Tienen que tener una responsabilidad a la hora de hablar frente a la gente».

Los antecedentes

Cacho Castaña, el fin de semana, opinó del Bailando 2018 y arremetió contra Sol Pérez: «Fue irrespetuosa con Laurita (Fernández) y con Flor (Peña), que se deje de joder… Me enoja que se peleen las minas. A las minas hay que volteárselas. La juventud es una enfermedad que se cura con el tiempo, esperá a que se les caiga la cola a todas», aseguró.

Gerardo Romano, por su parte, la semana pasada había contado que mantiene relaciones paralelas con cuatro mujeres a la vez que tienen 55, 48, 47 y 43 años. Cuando fue consultado por la diferencia de edad entre ellas a la hora del sexo, respondió: «Noto diferencia con la más grande porque, por la menopausia, se le seca la c… Digamos las cosas como son. Yo he escuchado mujeres decir en televisión ‘me la seca’ como los hombres decimos ‘me la baja’. Si igualamos, igualemos. La misma libertad y franqueza para referirnos a nuestras partes íntimas. El tema de la lubricación es…», aseguró el actor.

 

Falsa identidad, prisión y condena social: así fue el desembarco de la viuda de Pablo Escobar en la Argentina

Editorial Planeta publicó el libro «Pablo Escobar: mi vida y mi cárcel», de Victoria Eugenia Henao, la viuda del capo narco colombiano. En el texto, cuenta cómo fueron sus años al lado del narcotraficante más peligroso del mundo.

A continuación, en exclusiva, el capítulo 10 completo, titulado «Argentina: una segunda oportunidad»: 

En el primer receso llamé a la casa como siempre lo hacía cuando iba a clase de coaching por las noches, pero esta vez nadie contestó a pesar de que allá estaban mi madre, Juana y la enfermera. Aunque me pareció raro, decidí esperar que terminara la jornada. No podía concentrarme porque desde el fin de semana estaba preocupada por las llamadas amenazantes de los abogados del contador, quienes decían que si no nos íbamos de Argentina y les dejábamos todo, revelarían nuestras nuevas identidades.

Finalmente dieron las once de la noche y la clase terminó. Insistí en llamar a casa, pero seguían sin contestar. Una compañera se ofreció a llevarme y me dejó en la entrada principal del edificio de la calle Jaramillo 2010, del barrio de Núñez, al norte de Buenos Aires, donde vivíamos hacía dos años. Subí al apartamento 17N, pero cuando toqué el timbre la empleada se asomó por la puerta lateral, no la principal, e hizo señas desesperadas para que me fuera.

Di media vuelta y caminé hacia el elevador, pero uno de mis perros se salió. Lo alcé y bajé asustada al primer piso. En el hall del edificio lo único que se me ocurrió fue entrar al salón social y meterme a uno de los baños. Saqué el celular y llamé a la notaria.

Henao y Escobar se conocieron en 1973. Ella tenía 13 años, él 24.
Henao y Escobar se conocieron en 1973. Ella tenía 13 años, él 24.

—Algo raro está pasando en mi apartamento, le dije angustiadísima. La empleada me dijo que me fuera. No sé quiénes están, por favor llama al abogado y que avise en Colombia por si nos pasa algo. He tratado de llamarlo varias veces, pero no contesta. Por favor, ayúdame—.

Colgué y en medio de la tribulación decidí que lo mejor era salir del edificio por la puerta trasera. Cuando llegué a la salida le timbré varias veces al portero, pero no abría. Insistí, pero en segundos estaba rodeada de policías federales que gritaban:

—¡Alto ahí! ¡Las armas! ¡Las armas!—.

—¿Cuáles armas?, respondí aterrada. Es un perro y mi maletín—.

Les mostré que solo llevaba libros y papeles. Ahí me di cuenta de que estaban más asustados que yo.

—Subamos al apartamento señora, dijeron sin dejar de apuntarme—.

Cuando entré, vaya sorpresa la que me llevé. Varios policías llevaban algunas horas esculcando y buscando «algo» que realmente no sabían qué era. Mi mamá, de visita en aquellos días, estaba aterrada. Juana, que justo había invitado a una amiga aquella noche a dormir en casa, estaba en su cuarto sin entender lo que pasaba. Ángeles y Sebastián —que habían llegado hacía poco porque los había invitado a cenar— vigilaban a los policías mientras hacían la requisa, para evitar que no fueran a meter droga en algún lugar y luego dijeran que la habían encontrado en casa. Ya varios casos de ese tipo se habían dado en Argentina.

Le pregunté a Sebastián qué pasaba y uno de los policías respondió que estábamos detenidos por falsedad de documentos. Los agentes no sabían muy bien qué hacer, pedían un papel y luego otro, pero se notaba que no tenían claro el objetivo de todo aquello. En ese momento me calmé un poco y dije que me iba a bañar y a cambiarme de ropa. Me encerré de nuevo en el baño y volví a llamar a la notaria y al abogado.

Alisté algo de dinero, mis documentos y mi cepillo de dientes y me dispuse para irnos. Después de varias horas de allanamiento, me dijeron que no me asustara, que era solo una indagación. Me preocupaba más la angustia por la que estaban pasando mi mamá y Juana, y cómo íbamos a explicarle a los papás de la amiga de mi hija la presencia de la policía en casa. Pensé en el contador. Sin duda estaba detrás de todo aquello. ¿Hasta dónde llegaba la codicia desmedida de una persona a la que no le importaba destruir una familia por dinero?

Mientras aquello sucedía, en la televisión transmitían en directo la detención de «La viuda blanca». Todos los canales daban la noticia de último minuto.

24 de diciembre de 1991. Navidad en la cárcel La Catedral junto a su marido Pablo Escobar quien había construido su propia prisión en acuerdo con el gobierno colombiano
24 de diciembre de 1991. Navidad en la cárcel La Catedral junto a su marido Pablo Escobar quien había construido su propia prisión en acuerdo con el gobierno colombiano

Ángeles se despidió de Sebastián muy afligida porque la policía no quiso contestarle adónde nos trasladaban. Enseguida bajamos. Nos metieron en patrullas separadas y nos llevaron, manejando como locos y en contravía por la avenida Libertador, a la Unidad Antiterrorista de la Policía Federal Argentina, Cavia 3302 Buenos Aires, cerca de la avenida Figueroa Alcorta. A las patrullas las seguían un sinnúmero de carros que hacían sonar sus sirenas; parecía una película. Ángeles envió a la empleada de servicio en un taxi para poder saber dónde nos dejaban.

Sebastián me contó que estuvo a punto de lanzarse del carro porque temía que no fueran policías de verdad, pues el primero que se le acercó a notificarlo de que quedaba detenido estaba en evidente estado de embriaguez y su chapa de policía era de tan mala calidad que parecía falsa.

Después de discutir con los agentes sobre qué identidades anotarían en su registro de ingreso de detenidos, nos quitaron el dinero, los papeles y el cepillo de dientes. Nos querían obligar a firmar con nuestros nombres originales, Escobar Henao, mientras mi hijo y yo les decíamos que nuestra identidad legal era la actual, Marroquín Santos. Si firmábamos con nuestros antiguos nombres, eso sí podría ser considerado falsedad de documentos. Eran cerca de las cinco de la mañana del 16 de noviembre de 1999. Enseguida nos metieron en unas celdas con barrotes, piso de cemento, amplias. Cada uno en una.

Yo estaba tranquila en cuanto a lo de falsedad de documento porque el cambio de identidades había sido legal en Colombia. Además, yo era la estafada y extorsionada por el contador y sus abogados y ya los había denunciado. Si éramos las víctimas, ¿por qué estábamos encerrados?

De manera que creí que aquello solo iba a ser un trámite de tres días, a lo mucho. No tenía idea de lo que se nos venía encima. La luna de miel que había comenzado cuando llegamos a Argentina, estaba a punto de terminar.

  ***

A las tres de la mañana del 24 de diciembre de 1994 entramos al Hotel Bahuen Suite, en la avenida Callao 1856, en el corazón de Buenos Aires. Alfredo Astado lo había reservado apenas le avisamos que no nos quedaríamos en Mozambique. El sitio me pareció desolador y oscuro. Más tarde habría de saber por qué no me gustó: había sido el centro encubierto de operaciones de la Secretaría de Inteligencia del Estado, SIDE.

Decidí que no nos quedaríamos. Después de un día y medio de viaje, y a pesar de la hora, nos fuimos con Sebastián a buscar algo mejor. Subimos a un taxi y le pedimos al conductor que nos llevara a un apartotel bien ubicado. Un rato después nos dejó en la calle Guido, en Recoleta, frente a un edificio antiguo donde encontramos un lugar con salita, cocineta y dos habitaciones. Era lo que buscábamos. Pagamos un mes por adelantado. Teníamos un lugar seguro por lo menos para los siguientes treinta días, lo que nos parecía una eternidad. Hacía una década vivíamos como nómadas, sin saber dónde estaríamos la siguiente noche.

Ya juntos los cuatro, dormimos todo el día hasta que Astado llamó a las cinco de la tarde. Por el cambio de horarios creíamos que el 24 ya había pasado, pero no, era la Nochebuena de 1994. Había pasado un año desde la muerte de Pablo y sentíamos una profunda tristeza. Nos repartimos las cartas de Navidad, una tradición familiar, un ritual que todavía conservamos. A pesar de la aflicción, salimos a caminar la ciudad decorada y entramos al centro comercial Buenos Aires Design, repleto de gente feliz. Nadie sospecharía jamás que la familia de Pablo Escobar estaba en ese lugar. Nos sentamos en una mesa de las terrazas del lugar y cenamos. Puse el poco de fuerza y el amor que me quedaban para acompañar la incertidumbre y finalmente logramos pasar un rato afectuoso y lindo. Seguíamos con nuestra premisa de vida: un día a la vez.

“Pablo Escobar: mi vida y mi cárcel” muestra fotografías inéditas de la vida familiar de los Escobar
“Pablo Escobar: mi vida y mi cárcel” muestra fotografías inéditas de la vida familiar de los Escobar

Los dos primeros meses en Buenos Aires dormimos muchas horas seguidas. El agotamiento acumulado de tantos años, de tantas angustias y miedos, persecuciones, allanamientos y atentados, nos pasó la cuenta. Astado entraba a las doce del día al hotel y nos decía que saliéramos a conocer la ciudad, pero no teníamos ánimo. Lo único que queríamos era cerrar los ojos y olvidar nuestra realidad.

Las pocas veces que salía a la calle, recibía toda la publicidad que repartían sobre clases de canto, de baile, de filosofía, de historia del arte, de cocina… la idea era ir mirando cómo empezábamos a hacer una vida. Sebastián se quejaba del papelerío que se acumulaba, pero mi prioridad era organizar una vida normal, lo que no era tan fácil porque nunca habíamos llevado una vida normal.

Con todo, Argentina nos parecía un paraíso. Para nosotros era extraña esa sensación de tranquilidad en las calles. Tratábamos de abrazar la paz del ambiente, el verde y la majestuosidad de sus parques. Sin embargo, el desasosiego no pasaba. Cuando veía un policía, cambiaba de acera. ¿Hasta cuándo duraría aquello?, era una pregunta constante.

Antes de que terminara el verano me puse en la tarea de buscar colegio para Juana. Visité varios y al final la matriculé en el Jean Piaget. Para ingresar tuvo que tomar clases de nivelación y por ello dos veces por semana la acompañé sin falta. Siempre la esperaba afuera para no dejarla sola ni un momento; la adaptación a un nuevo país y a un nuevo nombre le costaba mucho trabajo. Mientras tanto, Sebastián y Ángeles se dedicaron a buscar universidad y a tomar cursos de computación.

Cuando salimos de Colombia estaba en furor la novela Café con aroma de mujer, así que decidimos basarnos en ella para «armar» la historia que le contaríamos a la gente. Así, cuando nos preguntaran, éramos colombianos, oriundos de Manizales, dedicados al cultivo del café, habíamos tenido que dejar el país por amenazas de secuestro y mi marido, Emilio Marroquín, había muerto en un accidente de tránsito.

A partir de entonces, todas las noches nos reuníamos e íbamos recreando esa historia con más detalles conforme los necesitábamos. En Argentina la gente hace muchas preguntas y eso nos incomodaba. En Colombia no pasa tanto. Ese fue uno de los primeros choques culturales que tuvimos: cualquier persona pregunta a qué viniste, de dónde, con quién, por cuánto tiempo, por qué. Eso nos aterraba. Con la paranoia que vivíamos, lo tomábamos muy personal. Así que la preparación fue más intensa porque debíamos afianzar nuestras nuevas identidades.

La pareja antes de la muerte y el exilio
La pareja antes de la muerte y el exilio

Por otro lado, Argentina fue el lugar donde tuvimos que poner los pies en la tierra. La época de los lujos y los gastos desmedidos había terminado y ahora teníamos que cuidar el dinero que nos habían permitido sacar de Colombia. Como cualquier otra persona, teníamos que mirar cómo ganábamos dinero para solventar los gastos del día a día. Además, en aquella época el país calificaba como uno de los cinco más costosos del mundo porque el peso estaba a la par con el dólar. Era como vivir en Suiza.

Fue en Buenos Aires donde Sebastián aprendió a montar en bus por primera vez en su vida. Ángeles se ocupó de prácticamente todo: las compras, el pago de facturas, los útiles de Juana, porque ya no teníamos el séquito de empleados. Cuando ella se fue a vivir con Sebastián, de nuevo tuve que hacer todo sola, y admito que aún me cuesta.

Sebastián y Ángeles finalmente encontraron las carreras que querían estudiar. Él entró a diseño industrial en el Instituto ORT y su novia a publicidad en la Universidad de Belgrano. Antes de que ellos y Juana empezaran a ir a clases, me dediqué a buscar un apartamento en alquiler, pero era imposible porque no teníamos cuentas bancarias ni tarjetas de crédito que nos respaldaran.

Por fortuna conocimos a Ingrid, una chica argentina, que nos prestó un departamento muy pequeño por un par de meses y luego nos prestó la escritura como respaldo ante una inmobiliaria. Así, en marzo de 1995, rentamos un apartamento en las calles 11 de Septiembre y Juramento, en Belgrano, donde vivimos dos años. Tenía dos habitaciones y un estudio donde acomodamos dos camas dobles y un escritorio con biblioteca, un sofá negro y unos sillones que se convertían en cama. Usábamos como comedor una mesa de la cocina, único mueble que dejaron los dueños. Optamos por dejar todo en el estado en que lo encontramos porque recordábamos que en la época de las caletas cada vez que empezábamos a decorar teníamos que salir corriendo.

Lo único que compramos fueron tres bicicletas, que duraron escasos dos meses porque un vecino que estaba de trasteo se las llevó del estacionamiento. Como no queríamos llamar la atención, no dijimos nada y mucho menos pensamos en denunciarlo.

Acoplarse a Argentina incluyó un episodio que raya entre la risa y el drama. Un día, subí a un bus y cuando iba a mitad de camino entre Belgrano y Santa Fe, el conductor hizo una parada y empezaron a bajar y subir pasajeros. En ese momento escuché un ruido queme pareció de bomba, de metralleta, y lo único que atiné a hacer fue cerrar los ojos muy fuertemente. Pensé que me habían matado. Pasó un largo rato y el chofer se acercó y preguntó en qué estación me quedaba, porque pensó que estaba dormida. Miré a los alrededores y no entendía por qué no estaba herida. Bajé en la calle Juramento, a una cuadra de donde vivía y llegué a mi casa llorando. Solo cuando les conté a mis hijos lo que acababa de suceder, entendí que en realidad el ruido que escuché había sido producido por los trenes que pasan por encima de las avenidas, algo muy común en Buenos Aires.

A Juana le empezó a costar mucho trabajo asimilar nuestra nueva vida. Varias veces llegó del colegio preguntando por qué no podía llamarse Manuela, como antes. Aunque trataba de explicarle que se debía a las amenazas de secuestro, era muy difícil que una niña de diez años lo entendiera. Como a veces lloraba toda la tarde y se deprimía bastante, en el colegio me recomendaron llevarla a clases de musicoterapia. Lo hice y resultó eficaz porque gracias a su voz pudo participar en varias presentaciones y conciertos infantiles, con lo que recuperó algo de su alegría y por algún tiempo hizo amigos y llevó una vida medianamente normal.

No obstante, una vez llegó del colegio muy asustada porque un compañero había leído en el periódico que esa institución había recibido amenazas de bomba por ser un centro académico judío. En esos días, Ángeles la recogió una tarde y la profesora le dijo que en un simulacro de evacuación Juana se había puesto muy mal, tal vez porque no estaba acostumbrada a algo así; pero cuando salían del plantel, la niña preguntó que si las amenazas eran por ella.

Pese a nuestros esfuerzos por encontrar un lugar en este mundo, las cosas no marchaban de la mejor manera. La tensión entre nosotros en un apartamento tan pequeño se volvió pan de cada día y peleábamos mucho. La presión llegó a un punto tal que un día Sebastián dijo que teníamos que dejar atrás la «escobaritis aguda» y empezar a mirar la nueva vida que teníamos por delante.

Vacaciones en Brasil. Fueron con unos 20 familiares. Fue luego de que Pablo Emilio Escobar Gaviria fuera elegido diputado nacional. La alegría duraría poco
Vacaciones en Brasil. Fueron con unos 20 familiares. Fue luego de que Pablo Emilio Escobar Gaviria fuera elegido diputado nacional. La alegría duraría poco

Por esa razón decidí que fuéramos donde un sicólogo, aunque no dejaba de ser muy extraño ir a hablar de una vida ficticia, algo que Sebastián cuestionó varias veces. Igual yo no lo veía así porque entre líneas había cosas de mi vida que sí podía ir sanando, como el duelo de Pablo. Finalmente lo hicimos, pero no sin antes asegurarnos de que nuestra historia era coherente. Por eso, una hora antes de la cita entramos a una cafetería a repasar los datos: éramos de Manizales, mi esposo había muerto en un accidente, etcétera, etcétera. Sebastián entró a regañadientes al consultorio y todo el tiempo hizo mala cara, como si quisiera salir corriendo. Pero bueno, de algo sirvió.

Ese primer año en Buenos Aires fue muy duro tratando de acoplarnos. No teníamos auto, llevábamos una vida bastante sencilla y extrañábamos sobremanera la comida colombiana, entre otras tantas cosas. Mirábamos con detenimiento cada verdulería buscando nuestras frutas y algunas verduras, pero no aparecían por ninguna parte. Hasta que un día entré a un supermercado Jumbo y me emocioné de tal manera cuando vi plátanos que compré como seis cajas. Es que hacía más de un año que no veía uno. Preparé tantos patacones para congelar que no cabían en ningún lado y hasta tuve que hacerme amiga del portero del edificio para pedirle que me guardara patacones en su refrigerador.

A comienzos de 1996, mi madre e Isabel, una de mis hermanas, nos visitaron. Por precaución, viajaron a otro país y allá compraron los pasajes a la capital argentina. Durante mucho tiempo mis parientes no llegaron directo desde Colombia para evitar que los siguieran, y en ocasiones hicieron hasta tres escalas en sitios diferentes antes de aterrizar en Buenos Aires.

Cuando nos visitaban, lo de los nombres era un lío porque también había que cambiarles el apellido. Aquella vez con Isabel, una amiga preguntó extrañada por qué nos habían puesto el mismo nombre a las dos. Claro, no nos habíamos dado cuenta de ello hasta ese momento y tuvimos que inventar una historia y un nombre compuesto para ella.

Durante una de las estadías de mi mamá sucedió un episodio muy simpático que retrata cómo era de difícil adaptarse a otra cultura. Un sábado en la noche varias amigas me invitaron a una discoteca y mi madre, complaciente, dijo que ella e Isabel se quedaban con los chicos. En Buenos Aires se acostumbra salir de rumba a la medianoche e ir a varios lugares. Estábamos en una conocida discoteca cuando llevaron a la mesa chocolate y pan de hojaldre. Extrañada pregunté la razón y la respuesta me dejó muda:

—Porque ya está amaneciendo, María Isabel—.

No lo podía creer. Salí a la calle y en efecto el sol resplandecía. Conociendo a mi madre, inmediatamente pensé que estaría furiosa porque según ella una mujer viuda jamás podía llegar a la casa a la madrugada. Corrí hacia la casa, pero entre más corría más salía el sol, más brillante se ponía. Llegué a las nueve de la mañana, me quité los zapatos, subí muy despacio las escaleras, pero en el segundo piso me estaba esperando. Intenté darle una explicación, pero no me dejó hablar:

—No tengo nada que escucharte, eres una desvergonzada—, gritó y cerró la puerta de su habitación.

A pesar de mis 35 años, todavía le tenía miedo a mi madre. Por fortuna, media hora después llegaron la doctora Hebe San Martín y otro colega, con quienes había concertado una sesión de terapia familiar. Ellos se enteraron de lo sucedido y enfocaron su charla hacia la falta de valores y el respeto a los hijos. De esa manera le explicaron a mi madre que así se comportaba la cultura gaucha y que era normal que los jóvenes y los mayores llegaran a mediodía después de salir a una noche de diversión. Enhorabuena, porque mi mamá estaba tan furiosa que pensaba regresar ese mismo día a Colombia.

En nuestro apartamento de 11 de Septiembre y Juramento también tuve uno de los grandes sustos de mi vida, cuando una tarde sonó el citófono y un policía federal preguntó por Sebastián.

1976. Victoria Eugenia Henao está embarazada de Pablo Emilio Escobar Gaviria (Álbum personal de la autora del libro “Pablo Escobar: Mi Vida y Mi Cárcel”, Editorial Planeta)
1976. Victoria Eugenia Henao está embarazada de Pablo Emilio Escobar Gaviria (Álbum personal de la autora del libro “Pablo Escobar: Mi Vida y Mi Cárcel”, Editorial Planeta)

—Ya bajo—, respondí muy asustada y de inmediato le dije a mi hijo que se escondiera en el estacionamiento mientras averiguaba de qué se trataba.

Bajé por el elevador presa del pánico, y lo único que pensaba era que ya nos habían descubierto.

—Señor, buenas tardes, le dije al uniformado—.

El policía debió verme pálida y con la voz entrecortada, pero no debía saber nada porque se limitó a explicar que había ido a cobrar una cuenta que Sebastián y un amigo no pagaron en el Club de Tiro Federal, a donde fueron una vez a practicar. El policía dejó la factura y le aseguré que iría a saldar la deuda cuanto antes. Sentí que el alma me volvía al cuerpo. Después de que nos pasó el susto, le dije a Sebastián que tuviera cuidado que cualquier descuido de esos podía ponernos en evidencia y arruinar lo que tratábamos de construir. Era la primera vez que iba a ese lugar y lo hizo para complacer a un conocido que lo había invitado varias veces, pero habíamos quedado en que sería la primera y única porque no nos convenía que lo vieran manejando armas, así fueran deportivas.

Rigurosamente, cada dos años nos mudábamos de apartamento para cambiar de vecinos, de relaciones, de todo, y evitar que nos descubrieran. En cuanto a la correspondencia con mi familia creamos una línea de correo que iba primero a Estados Unidos, luego a Canadá y de ahí a Colombia. En cada lugar le quitaban los sellos de procedencia y les ponían nuevos para borrar nuestro rastro. Además, llamábamos muy pocas veces y siempre desde cabinas públicas. Intentábamos desaparecer del mundo y cada paso que dábamos buscaba preservar nuestro gran secreto.

Precisamente, uno de los asuntos de mayor cuidado era el de mantener en regla la estadía temporal en Argentina y para hacerlo cada tres meses cruzábamos a Uruguay y reingresábamos con un nuevo visado de turismo. Pero esos paseos no dejaban de ser un riesgo y por eso decidimos que lo mejor sería iniciar el proceso migratorio para obtener el permiso de residencia. Ahí conocí al abogado Tomás Lichtmann, recomendado por mi terapeuta. Pero el trámite en la Dirección de migraciones era muy complicado porque nos dimos cuenta que los documentos que solicitábamos a Colombia no tendrían ninguna utilidad si no les ponían las nuevas identidades, así que algunos los gestionamos con el aval de la Fiscalía en Colombia y otros, como las calificaciones de los colegios de mis hijos, hubo que arreglarlos con la copia de la escritura pública del cambio de identidad para solicitar que con la máxima discreción se hicieran las correcciones correspondientes. Además, cada vez que hacíamos fila para llevar algún papel a una oficina pública nos moríamos de susto de que alguien nos reconociera o de que al poner la huella dactilar saltara alguna alerta roja en las bases de datos de la Interpol. Aun así, corrimos el riesgo porque estábamos decididos a pedir la residencia y a echar raíces en el país austral.

En esas estábamos cuando un día llamó mi madre desde Medellín y la oí muy desesperada por el inmanejable estado de adicción a las drogas de mi hermano Fernando, quien llevaba en esas más de cuarenta años. Desde siempre sentí mucha culpa por su drogadicción y por el infierno que él y su familia vivían. Varias veces lo acompañé a clínicas de recuperación y pude comprobar el drama tan espantoso de quienes están involucrados en esa tragedia.

Sin pensarlo, le dije a mi madre que enviara a Fernando a Argentina para ver cómo le ayudábamos y de inmediato me puse en contacto con el famoso psiquiatra Kalina, quien me dijo que lo llevara, que él lo sacaba adelante.

Mi hermano llegó días después y fuimos a consulta con el doctor Kalina, quien le ordenó toda una serie de exámenes para evaluar su ingreso a la clínica.

Pero todo se fue al traste cuando Fernando supo que sería hospitalizado. Oír hablar de esa opción lo descomponía, lo ponía furioso y empezaba a decir cualquier cosa. Fuera de sus cabales, buscó la manera de hablar con el especialista y sin medir las consecuencias le reveló que su hermana era la esposa de Pablo Escobar.

Inmediatamente el doctor Kalina me citó a su consultorio y me contó lo que le había dicho mi hermano. No caí desmayada en el piso porque estaba sentada, pero entendí que la situación era muy peligrosa. Afortunadamente, el médico fue compasivo y escuchó mi explicación:

—Doctor, a cualquier persona que ve, mi hermano le dice que somos familiares del presidente, que tenemos que ver con la guerrilla, que pertenecemos a la mejor familia de Colombia… las drogas lo tienen así y ya no sabemos qué más hacer—.

El doctor Kalina me veía llorar desconsolada y cuando hice una pausa dijo: —Tranquilícese, señora, si usted no es la esposa de ese Escobar no sufra, déjelo que hable—.

Salí de la clínica, llamé a Colombia y dije desesperada que vinieran por Fernando porque podía delatar nuestras identidades. Tres días después una de mis hermanas y su esposo llegaron y lo llevaron a La Habana, Cuba, y como tampoco aguantó terminó regresando a Medellín.

Victoria Eugenia Henao era 14 años menor que Escobar Gaviria
Victoria Eugenia Henao era 14 años menor que Escobar Gaviria

Superado semejante peligro, poco tiempo después me recomendaron una sicóloga entrenadora, dueña de una institución llamada Escuela de vida, en la avenida Independencia. La sicología siempre me había gustado, así que comencé a hacer el proceso de coaching, pero al principio no era fácil porque tenía que reflexionar sobre una vida que no podía hacer pública y hablar frente a mis compañeros con los datos inventados. Toda una odisea. La gente se daba cuenta de que yo hablaba muy poco, en voz muy baja, y me lo decían. Aseguraban que yo parecía ausente de este mundo y tenían razón porque el miedo me impedía hacer contacto con mis emociones, a pesar de mis 35 años. El pavor de que alguien nos reconociera seguía siendo real, pero por encima de todo eso acabé mi carrera de Liderazgo y Coaching Ontológico.

Con el paso de los meses también llegó la necesidad de trabajar y hacer algo que nos proporcionara ingresos para vivir mejor. Mi abogado en ese entonces, el doctor Tomás Lichtmann, me aconsejó presentarme como migrante con capital. Para ello tenía que hacer una inversión de cien mil dólares y desarrollar un proyecto que generara empleo para los nacionales. Fue entonces cuando Lichtmann me presentó al contador, que además era propietario de una pequeña inmobiliaria, para que llevara la contabilidad que yo necesitaba, según la ley, requisito indispensable en las peticiones de residencia.

El contador empezó a orientarnos y a través de su inmobiliaria busqué un lugar en las afueras de la ciudad. Sentía que mi familia necesitaba un lugar propio para estar alejados del ruido de la gran metrópolis y encontrar algo de paz en la naturaleza, así que llegué diciéndoles «Invertí en salud, invertí en salud,» mientras me miraban sin entender de qué se trataba. De esa manera compré una casa en el Club Campos de Golf Las Praderas de Luján, donde pasamos un par de veranos y todos los fines de semana durante dos años. Sebastián me decía que cómo se me había ocurrido esa locura de comprar una casa en las afueras sin tener siquiera un carro para ir, pero no me importaba. Al principio alquilamos uno para ir los fines de semana y luego compramos en cuotas un pequeño Mazda 121 en el que nos acomodábamos con cuatro perros y más personas de las permitidas.

La compra de la casa no estuvo exenta del engaño, lamentablemente una práctica común de la que hemos sido víctimas muy a menudo en Argentina. Había convenido con sus antiguos dueños que la casa me la venderían amoblada, y acordamos y marcamos algunos pocos objetos que se llevarían, pero quedaría el resto del mobiliario entre el que se encontraba un piano de cola negro gigante de la reconocida marca Steinway & Sons. La pareja dueña de la casa no dudó en reemplazarlo por una baratija hecha en china que ni se le parecía siquiera al original que estaba incluido en el precio. Por más que intenté reclamarle, el dueño fue tan irrespetuoso, maleducado y grosero que una vez concretamos la venta decidí dedicarme a disfrutar de mi familia en ese nuevo espacio.

Con su actitud de servicio y el compromiso de ayudar a una familia extranjera, el contador se fue ganando nuestra confianza y amistad y empezamos a consultarle cada paso que dábamos. Solíamos invitarlo a casa, adonde iba con su esposa, su hija y sus dos empleados de la inmobiliaria, y pronto hizo parte de nuestro círculo íntimo. Juana en especial le tomó mucho cariño, algo que después, cuando llegaron los problemas, se convirtió en un gran lío porque la manipulaba con facilidad a sabiendas de que se trataba de una menor de edad.

En virtud de que Migraciones me exigía presentar un plan de inversión en el país mepuse a mirar opciones de negocio con el contador, y decidí comprar un lote que en apariencia no tenía ningún futuro porque estaba en una zona llena de personas en situación de calle, recicladores de cartón y camioneros por la que a nadie le gustaba pasar. Siempre sentí que tenía visión para los negocios inmobiliarios y pude advertir con antelación que en unos años escasearía la oferta de los lotes en Puerto Madero debido al boom de viviendas de lujo, restaurantes y oficinas corporativas que lo mostraban como el mejor lugar para vivir en la ciudad cerca del río de La Plata. Supe que ese era el lugar indicado y el tiempo corroboraría que no me equivoqué. Compré el terreno más pequeño de la manzana con escasos 223 metros cuadrados, en la esquina de la avenida Ingeniero Huergo con la calle Estados Unidos. Pagué una suma cercana a los doscientos mil dólares estadounidenses y tiempo después me enteré que el contador había subido el precio de venta para sacar un beneficio personal extra, además de su comisión inmobiliaria.

No obstante, el dinero que teníamos alcanzó para el predio, pero no para desarrollar el proyecto que pedía inmigración, así que lo dejamos congelado hasta 1998 cuando decidimos venderlo. Fue así que empezamos negociaciones con la multinacional Shell que se mostró interesada en adquirirlo, según una carta de intención por la suma de quinientos mil dólares. Pero justo en ese momento empezaron a publicitar por la ciudad un documental que el canal People & Arts presentaría sobre la vida de Pablo Escobar. Entramos en pánico, temíamos que nuestros rostros aparecieran en el especial de TV.

En medio de ese agite, el contador me citó una noche al restaurante Cló Cló, sobre la costanera, con el pretexto de que quería conversar conmigo. Para mi sorpresa, durante la cena subió el tono de la voz y de manera agresiva dijo que lo habíamos engañado y que ya sabía quiénes éramos; agregó que se había enterado por una entrevista que años atrás nos habían hecho en el Hotel Tequendama en Bogotá y que salió publicada en una revista de Argentina.

Quedé helada con lo que acababa de escuchar y busqué una excusa para ir al baño. Llamé a Sebastián y dijo que no quedaba otra, que me las arreglara para llevar al contador al apartamento. Una vez allí, mi hijo narró toda nuestra historia con lujo de detalles. El contador se conmovió sobremanera, lloró a la par conmigo y aseguró que nos ayudaría de manera incondicional.

Pocos días antes de la emisión del documental sobre Pablo decidimos cerrar el apartamento y mudar nuestros muebles a una bodega previendo que pasara cualquier cosa. Les dijimos a los pocos amigos que teníamos que saldría de viaje con mi madre —de visita aquellos días—, mis dos hijos, los perritos y el equipaje de la familia para instalarnos en la costa hasta el fin del verano. De nuevo le tocó a Ángeles hacer sola la mudanza porque nosotros sentíamos la necesidad de permanecer lejos de la ciudad por seguridad. Así que ella llegaría después de que todo estuviese en orden.

En medio de esas horas de incertidumbre, antes de irnos a la costa cometí uno de los peores errores de mi vida: le dejé l contador un poder y documentos firmados en blanco para que a través de su inmobiliaria adelantara el proceso de venta del lote y de la casa de Luján. No sabía entonces que sus intenciones ya no eran buenas y que en realidad estaba maquinando una estrategia para quedarse con todo.

En la costa, alquilamos una pequeña casa en Cariló, a 360 km de Buenos Aires, muy retirada de la playa, y nos fuimos a pasar allá el fin de año de 1998 para evitar que los conocidos nos relacionaran con la historia de Pablo. Por suerte mi madre nos acompañó. Para mis hijos era un regalo poder estar con ella, que tenía un gran humor y le gustaba jugar a las cartas; durante ese corto tiempo nos entretuvimos mucho, cocinamos, salimos a caminar por los bosques, jugamos con los perros y esperamos a ver si algo pasaba. La casita no tenía televisión por cable, así que no supimos qué pasó con el documental, pero sí veíamos las noticias por si acaso decían algo.

Pero esos días de esparcimiento fueron cortados de tajo por una visita inesperada del contador, que llegó a hablar con Sebastián y conmigo. Fue ahí cuando salieron a la luz sus negras intenciones porque exigió un pago mensual de veinte mil dólares para «cuidar» de nosotros y de sí mismo, dado el peligro que podía acarrear trabajar con una familia como la nuestra.

—Usted sabe que no tengo de dónde sacar esa suma de dinero. ¿Qué le está pasando? Además, no tiene porqué cuidarme de nada, mi seguridad está en el cambio de identidad—, le repliqué.

Pablo Escobar con su hija Manuela
Pablo Escobar con su hija Manuela

El contador respondió que no nos preocupáramos, que después hablábamos del asunto, y se fue. Él especulaba con que nuestras nuevas identidades fueran falsas, ignorando que justamente el procedimiento legal por el cual las obtuvimos era nuestra única fortaleza. Pero empezó a pasar el tiempo y él no aparecía por ningún lado, no contestaba el teléfono y se hacía negar en todos lados. Mi preocupación era enorme. En sus manos estaba nuestro dinero y por eso decidí ir a buscarlo personalmente a su oficina, donde me esperaban sus socios y cómplices, quienes dijeron que estaba en una clínica muy enfermo, con un pico de estrés y no podía atender a nadie. Desconsolada y a punto de salir, se me ocurrió pedir prestado el teléfono de la oficina y llamé al contador al celular. Contestó. Todo era mentira.

—¿No dizque estabas en cuidados intensivos?

—María Isabel, te pido que comprendas que solo estoy tomando un recaudo mientras se aclaran las cosas. Habla con el abogado Lichtmann.

—Entrégueme las cosas y no nos volvemos a ver; usted nos ha llevado la contabilidad unos pocos años, así que no tengo nada que temer—.

Aun así, me comuniqué con el doctor Lichtmann, pero respondió que las «papas estaban calientes» y que de ninguna manera le interesaba ayudarme a sabiendas de quiénes éramos. Fui a su oficina, le lloré, le supliqué que no me dejara sola, que tenía dos chicos adolescentes y una niña, pero insistió que no quería saber nada de nosotros. Literalmente nos abandonó y no quiso siquiera hacerse cargo de la situación en virtud de que fue él quien me recomendó al contador, a quien presentó como un buen «chico de barrio».

A pesar de que la situación estaba muy tensa, el 25 de mayo de 1999 decidí celebrarle los quince años a Juana. Sebastián, mi madre y mis hermanos se opusieron porque no les cabía en la cabeza que en medio de las amenazas del contador yo hiciera una fiesta. Pensé que después de tantos años de dolor y zozobra podía ser una buena idea y con unos pocos amigos y parte de mi familia que llegó de Colombia, festejamos el cumpleaños de mi hija en el Círculo Italiano. Ya resignado, Sebastián había dedicado horas y horas a aprender a bailar el vals, de manera que fue conmovedor verlo bailando con su hermana. Juana también cantó durante la celebración. Por unas pocas horas amainó la tormenta que se avecinaba.

Recuerdo que la profesora de música de Juana era muy amiga de los directores de la orquesta sinfónica del Teatro Colón de Buenos Aires y gracias a ella logré que tocaran el vals por un precio muy razonable. El director de la agrupación me dijo que nadie en la capital lo había contratado para interpretar ese clásico y como él solo tenía hijos varones nunca le había dado ese gusto a alguien.

Cuando estábamos en plena celebración me llevé otro gran susto, porque a medianoche llegó un policía a la puerta del Círculo Italiano. Una tía que había venido de Colombia se acercó y en voz baja me dijo que saliera, que me necesitaba un federal. Mientras caminaba a atenderlo, sentí que el corazón se me salía.

—Señora, buenas noches. Es para avisarle que hay unos autos mal estacionados en el lugar—.

De ahí no pasó a mayores. La celebración se terminó en paz, pero ver crecer a Juana y saber que a su edad yo ya estaba casada con Pablo, fue todo un choque emocional. ¿Cómo había sido posible que siendo una niña sostuviera una relación con un hombre tan mayor? Solía mirarla detenidamente y me sorprendía su inocencia, su manera de hablar, de comportarse. Ahí entendí los reclamos de mi mamá, mi rebeldía y el dolor de mis padres al verme viviendo esa relación siendo tan niña.

Las cosas con el contador se pusieron peor. Durante buena parte de 1999 intenté negociar con él, con la mediación de los abogados, pero a cada acuerdo que llegábamos terminaba cambiándolo. Su ambición era desmedida y cada día quería un poco más. Así que al final todo fue inútil porque hice hasta lo imposible por preservar la nueva vida que habíamos construido con tanto cuidado y evitar que nuestra verdadera identidad saliera a la luz, pero el contador me puso de tal manera entre la espada y pared que una noche hablé con Sebastián y con Ángeles y les dije:

—Tenemos dos opciones: irnos del país o denunciar al contador. ¿Qué opinan?— —¿Madre estás dispuesta a ir a una cárcel? —, preguntó mi hijo.

—Sí, Sebas, porque no hemos hecho nada por fuera de la ley. No vamos a ir a la cárcel por eso—.

Al día siguiente busqué a mi abogado y le pedí que me acompañara al Juzgado. Así, me lancé al agua y en octubre de 1999, en el Juzgado 65 de la Capital Federal, demandé al contador y a sus socios. En el despacho judicial me atendió una jueza, a quien le revelé que yo era la viuda de Pablo Escobar, que el Estado colombiano nos había cambiado las identidades y que desde hacía once meses era objeto de amenazas de los sujetos  anteriormente mencionados, y que me habían robado varias propiedades.

En el despacho judicial también relaté que desde el momento en que supo quiénes éramos, el contador se dedicó a cortar mis relaciones con las personas que nos rodeaban. Lo primero que hizo fue hablar con las mamás de las compañeras de Manuela en el colegio y luego de contarles mi historia les dijo que yo era un peligro, que no se acercaran a mí. Luego visitó a la notaria, Susana Malanga, y la aterrorizó de tal manera que salió corriendo. Igualmente dije que en un momento de desesperación compré un teléfono con grabador de llamadas para dejar prueba de que el contador acudía a todo tipo de artimañas para atemorizarme, entre ellas que sus principales clientes eran narcotraficantes dispuestos a declarar en mi contra. Yo guardé en sobres lacrados las grabaciones de todas las barbaridades que me dijo y luego las llevé a dos notarías de Buenos Aires para dejar constancia de lo que me estaba sucediendo.

En respuesta, el contador contrató a un abogado muy controvertido en Argentina, quien varias veces me amenazó con revelar nuestra identidad si seguíamos reclamando lo nuestro.

Mientras esto sucedía entre el contador y nosotros, la noticia llegó a las autoridades. Según se pretendió justificar en el expediente, a comienzos de octubre de 1999, Roberto Ontivero —un policía de rango medio— aseguró que me había identificado por casualidad en el pare de un semáforo en el cruce entre Cabildo y Juana Azurduy, a partir de unas fotos ue había visto veinte años atrás en la División de Drogas Peligrosas de la Policía y allí aparecía que yo era Victoria Eugenia Henao, la esposa de Pablo Escobar. Dice la investigación que Ontiveros apuntó las placas de la camioneta en la que me movilizaba y que luego indagó a quién pertenecía: la compañía uruguaya Inversora Galestar S.A., de mi propiedad, que lo llevó a mi nombre, María Isabel Santos Caballero. Por eso sospechó que me había cambiado la identidad ilegalmente. Con esos datos, Ontiveros, quien «por coincidencia» estaba cerca de mi apartamento, pudo averiguar que allí vivía una señora colombiana, con su hija y una pareja joven.

Con la información recogida, Ontiveros puso al tanto al comisario Jorge ‘el Fino’ Palacios, su superior, jefe del Departamento Unidad Investigación Antiterrorista, DUIA, de la Policía Federal Argentina, quien a su vez le notificó la novedad al juez federal Gabriel Cavallo. Así, la justicia se empeñó en justificar un supuesto origen lícito de la investigación que buscaba «todas las diligencias investigativas tendientes a corroborar la existencia o no de actividades ilegales especialmente en lo que respecta el lavado de dinero u otra conducta tipificada en la ley de estupefacientes».

El expediente señala que Cavallo tomó la decisión de capturarnos a Sebastián y a mí el lunes 15 de noviembre de 1999, cuando supo que un programa de televisión revelaría esa noche que en Buenos Aires residía la viuda de Pablo Escobar. El operativo fue realizado por el Fino Palacios junto con otros quince agentes.

Así terminamos detenidos Sebastián y yo. Las dos primeras semanas de cautiverio nos llevaron a varios calabozos en la ciudad y se notaba que no sabían qué hacer con nosotros. Una noche nos dejaron en Tribunales, un edificio antiguo, sucio y lleno de roedores. Hasta ese momento no nos habían dejado bañar. Le supliqué al juez que nos permitieran llevar ropa y comida, y accedió. Una noche me metieron a una celda gigante, enorme, y a las dos de la mañana pude bañarme con agua helada que me reconfortó notablemente.

Como a las cuatro de la mañana empezaron a llegar varias mujeres, una más aterradora que la otra. En medio de la furia y los insultos que les gritaban a los guardias, comenzaron a contar las razones que las habían llevado a aquel lugar: maté a mi esposo porque estaba con otra, le robé a fulanito, le di una cuchillada a zutanito… cada cuento era peor que el anterior. Yo escuchaba horrorizada y pensaba «Dios mío, qué historia voy a contar cuando me toque el turno de hablar». Por fortuna, aparecieron los guardias para llevarme a declarar a los Juzgados Federales de la calle Comodoro Py.

En ese lugar los calabozos eran más pequeños, con una puerta de barrotes de hierro  de techo a piso, una plancha de cemento que hacía las veces de cama y en la que no podía estirarme pues no medían más de 1,3 metros de largo. Ahí permanecíamos el día entero esperando que nos llevaran a declarar. Varios días me ofrecieron mate cocido, pero no lo acepté. En las tardes nos daban hamburguesa, pero la carne se veía descompuesta,de color morado. Era horrible. Me dediqué a tomar agua, pero el hambre me llevó a  aceptar el mate cocido con pan. Mi hijo Sebastián no probó bocado en cuatro días porque le daba temor que lo envenenaran. Cuando ya no aguantó pidió agua, que los guardias le sirvieron en un cenicero. Todo era a los gritos, cada que entrábamos a una nueva celda nos querían hacer firmar con nuestros antiguos nombres y siempre nos negábamos; eran discusiones eternas y horribles que nos hacían sentir cada vez como animales.

La situación era desesperada. En forma insistente le pedí al juez que no nos enviara a una cárcel común porque nuestras vidas podían correr peligro y recalqué que si eso ocurría el culpable sería él y así se lo harían saber nuestros abogados a los periodistas. Fue tal mi persistencia que el juez aceptó enviarnos a la Superintendencia de Drogas Peligrosas en la Avenida Belgrano, cerca del Palacio del Congreso Argentino en la Ciudad Buenos Aires.

Durante los tres primeros meses no me permitieron salir de la celda, que tenía dos metros de largo por uno y medio de ancho, una fría banca de cemento de sesenta centímetros, y una letrina. En las deterioradas paredes se podían leer frases escritas por personas que debían estar muy desesperadas. Durante mi cautiverio, las luces estuvieron prendidas todo el tiempo para vigilar mis movimientos y seguramente para deteriorar mi psiquis, porque ¿quién podría descansar con una intensa luz blanca dentro de un calabozo?

El ambiente era tenso y deprimente. Al principio me trataban muy mal y me insultaban. Idéntica situación vivía mi hijo a quien podía verle los ojos y hablarle a la distancia a través de un pequeño rectángulo de la puerta por donde los guardias vigilaban a los internos de vez en cuando en sus rondas. Era como si en esa celda estuviera el mismísimo Pablo Escobar y no yo. Esos primeros meses muchos policías y funcionarios de la ciudad pasaron a «mirarnos». ¿Cómo perderse el espectáculo de ver presa a la viuda de Pablo Escobar? Cuando me observaban me sentía como un mono de zoológico dentro de su jaula.

Desesperada con el encierro, les propuse a los guardias que me dejaran lavar los calabozos que quedaban vacíos cuando se llevaban a los presos para otras cárceles. Por fortuna accedieron. Así, a eso de las once de la mañana salía de mi celda, iba a un baño a recoger agua en baldes y luego limpiaba cada celda con jabón. A veces hacía hasta cincuenta viajes, pero no me importaba porque en esa tarea tardaba hasta tres horas. Agradecía no estar encerrada. Además, cuando terminaba me dejaban dar un baño que yo trataba de alargarlo que más podía.

El trabajo intenso y continuo me permitió conocer a los guardias, que poco a poco se dieron cuenta que yo no era una loca ni una criminal y comenzaron a verme como a un ser humano. Mientras Sebastián estuvo preso conmigo, me asomaba por la ventanita de su celda y le decía que me ayudara a hacer oficio para que no se quedara encerrado, pero respondía que no, que estaba tranquilo leyendo.

—Madre, usted fue la que se ofreció, yo no les voy a limpiar el lugar a los que nos metieron acá injustamente—.

Mientras en el penal intentaba sobrellevar mi dura situación, afuera las cosas estaban muy, muy complicadas. El bullying de la prensa argentina era inmisericorde con nosotros. Los medios publicaban todo tipo de infamias y falsas noticias, y nadie en mi familia estaba preparado para ello.

La más afectada era Juana, porque fue por una noticia de un periódico que se enteró de que la «millonaria familia cafetera» era en realidad la familia de un narcotraficante. Claro, nunca le habíamos contado qué hacía su padre. En cuestión de días los alumnos del colegio empezaron a hacerle bullying y los padres de familia exigieron que le cancelaran la matrícula o retirarían a sus hijos. Al mismo tiempo, los profesores de Juana se negaron a darle clases por ser la hija de Pablo Escobar. La sacaron del colegio sin compasión. Mi hija entró en choque emocional. No entendía por qué los adultos la rechazaban. Juana no conocía su historia, se había escondido durante años por pedido de sus padres, pero nunca preguntó por qué tenía que ocultarse. Solo obedecía. Era muy niña cuando Pablo desencadenó nuestra tragedia. La crueldad de los adultos la ha llevado a un desorden emocional doloroso.

Juana entró en una depresión muy aguda y su situación se tornó tan preocupante que el sicólogo le pidió al juez que me dejara recibir sus llamadas. A partir de ese momento hablábamos hasta cinco veces al día y ella, atacada llorando, hacía todo tipo de reclamos: que qué bruta, que cómo se me había ocurrido casarme con un hombre así, que a quién había escogido como marido, que por qué le había mentido durante tantos años. Yo no sabía qué hacer. Toda la vida había tratado de protegerla evitando que supiera la verdad y ahora me daba cuenta de mi terrible equivocación. Lo cierto es que nunca tuve el valor suficiente para explicarle la tragedia que habíamos vivido en Colombia.

El drama familiar que vivíamos era inenarrable. Ángeles tuvo que lidiar durante unos días con Juana y con mi mamá hasta que dos de mis hermanas llegaron de Colombia a apoyarnos. Mi mamá ya padecía diabetes y había tenido varias isquemias cerebrales y la angustia del día a día no la ayudaba mucho. La presión mediática también hizo que Ángeles perdiera a sus amigos de la universidad. La gente huía de nosotros.

Hasta los cuatro perros que tenía —unos French Poodle que habíamos traído desde Colombia para que Juana no se deprimiera tanto— también se estaban muriendo de la tristeza. Por recomendación del veterinario debía dormir con camisetas y enviárselas luegopara que sintieran mi olor.

A medida que pasaban los días, el proceso judicial continuaba su marcha. Sebastián y yo rendíamos indagatoria durante largas horas, explicando uno por uno los documentos que la policía había incautado el día de la captura; la mayoría eran folletos de edificios que yo visitaba para no perder el contacto con la arquitectura y la decoración, pero el juez aseguraba que eran de mi propiedad, llegando al extremo de citar a todas las constructoras y arquitectos que aparecían en los folletos que me daban en la calle. La enorme fantasía que el Juez había construido con su imaginación sobre mí y mi familia, hacía imposible que fuera imparcial con nosotros.

Otra foto inédita del jefe del Cártel de Medellín con su hija
Otra foto inédita del jefe del Cártel de Medellín con su hija

Cada vez que el juez Cavallo me citaba a declarar, me miraba con cara de furia y me llamaba por mi nombre anterior, Victoria Eugenia, como queriendo decir que yo era una mentirosa y que tenía un nombre falso. Nunca usó el de María Isabel. Me decía que los había engañado, que si le informaba sobre mis cuentas bancarias en Colombia y en otros países me dejaba en libertad. Mi impotencia era mayor cada vez que escuchaba lo absurdo de sus pedidos. No le podía dar esa información porque no existía.

Los días empezaron a alargarse y el proceso de instrucción de la causa armada también. Mi hermana Isabel fue a verme, pero no aguantó estar en la celda y tuvimos que pasar a un habitáculo adecuado para recibir visitas. No olvido su cara de espanto cuando entró al calabozo. Mi mamá también me visitó varias veces antes de regresar a Colombia. Un día ella estaba conmigo y empecé a grabar un casete para que se lo llevara al psiquiatra de Juana, pero me demoré más de una hora y cuando salió los guardias la retuvieron porque pensaron que la grabación contenía información que podrían usar en mi contra. Y para colmo de males, uno de mis abogados comentó muy imprudente que mis hermanas también serían detenidas. El resultado fue que una de ellas salió corriendo para Colombia y se llevó a mi mamá.

Mes y medio después de nuestra detención, por fin llegó una buena noticia: el 29 de diciembre de 1999, Sebastián salió de la cárcel. Más que justo porque nunca debió estar ahí. No trabajó con el contador ni realizó operación alguna con él. Fue muy duro para él dejarme sola en ese lugar. Lloramos juntos por largo rato. Lo abracé y le dije que tuviera valor, que todo se arreglaría y agregué que el mejor regalo que me podía dar era llevarme el carné de estudiante de arquitectura de la Universidad de Palermo. Replicó que cómo iba a ponerse a estudiar con la cantidad de problemas que teníamos. Sin embargo, un día cualquiera me llenó de orgullo porque apareció en la cárcel con su carné.

A Ángeles, que ha sido otra hija para mí, le hablé de lo importante que sería hacer la carrera de coaching para aprender a fortalecerse en momentos tan duros como los que vivíamos, y también para renovar su círculo de amistades. Esgrimió el mismo argumento que Sebastián, pero al final me escuchó.

Las habilidades que adquirí con el coaching me permitieron, además, establecer relaciones más amables con los guardias. Solía preguntarles por sus vidas y escucharlos con atención, de modo que de un momento a otro pasé de delincuente a terapeuta consejera. Producto de esa cercanía me permitieron bajar al segundo piso del penal, a un calabozo más grande que tenía sanitario decente, lavadero pequeño y cocineta; además, pude poner mi colchón en el suelo. Las cosas se tornaron más llevaderas.

Por el encierro y la difícil condición emocional, comía de manera desenfrenada. Tanto, que le pedía a Ángeles que me llevara más y más comida. A los cinco meses ya pesaba 120 kilos. Preocupada, Ángeles me dijo un día que si no paraba de comer, la próxima ropa que llevaría eran sábanas para que me enrollara en ellas porque ya nada me cabía. Así empecé a tomar conciencia del grave daño que le estaba haciendo a mi salud y por fortuna un preso de la celda de enfrente me dio la receta de una sopa para bajar de peso; así, entre sopa, mate y sesiones de yoga que hice todos los días en la mañana y en la noche cuando me permitieron ver televisión, logré bajar casi la mitad del peso que había ganado.

Como la luz de la celda siempre estaba prendida, escribía y leía mucho. Y para no estar encerrada, hacía lo que fuera. Por eso me ofrecí también para pintar las celdas con todo y barrotes, lavar las cortinas y en ocasiones hasta hacer la comida de los guardias. Por las noches, cuando terminaban de hacer las rondas para verificar que los detenidos estuviesen completos, invitaba a comer al comisario y al subcomisario. A las guardias mujeres las ayudaba con el maquillaje cuando tenían algún evento especial después del trabajo. Llegó un momento en que mi celda parecía un consultorio terapéutico porque al finalizar la jornada de trabajo llegaban a hacerme todo tipo de preguntas los guardias de la Superintendencia de Drogas Peligrosas.

Entre tanto, el accidentado proceso judicial en mi contra avanzaba muy lentamente. De resaltar, varias cosas: el fiscal de instrucción Eduardo Freiler se enteró por una llamada de su esposa que lo habían designado fiscal titular del caso; la Fiscalía argentina le solicitó a la Fiscalía colombiana toda la información relacionada con nuestras identidades. La respuesta llegó rápido y fue concluyente: el cambio de nombres había sido legal y concertado para que pudiéramos salir del país; y los medios de comunicación aseguraron que hubo un acuerdo entre los gobiernos de los dos países para que entráramos en forma encubierta a Argentina. Desde luego, no era cierto.

El viento de la verdad empezó a soplar a nuestro favor porque el Fiscal Federal Eduardo Freiler estudió los documentos  incautados y nuestras declaraciones y le notificó al juez Cavallo que no halló elementos suficientes para avanzar en la causa procesal y pidió el sobreseimiento.

Presionado, Cavallo elevó una consulta a la Sala I de la Cámara Federal para que analizara si se continuaba con la investigación y, en ese caso, remplazar al fiscal Freiler, y a cuanto fiscal se atreviera a cuestionar sus violaciones al debido proceso.

Así fue como en tiempo récord mi caso pasó por las manos de siete fiscales. El fiscal Carlos Cearras se vio forzado a elevar la causa a Juicio Oral, pero con serias reservas que dejó por escrito ante las tremendas inconsistencias y falta de evidencias condenatorias; por eso cambió la acusación en mi contra, lo que facilitó mi excarcelación, al no considerarme jefa de la asociación ilícita de la que me acusaba con vehemencia el juez Cavallo. Fue así como el viernes 5 de abril de 2001, no le quedó más opción que dejarme en libertad.

Lo que sucedió después nos favoreció ampliamente porque el reconocido fiscal del juicio oral, Jorge Aguilar, no solamente ratificó nuestra inocencia ante los tres jueces que componían el Tribunal Oral Federal No. 6, sino que fue mucho  más allá al acusar al propio juez, Gabriel Cavallo, de privación ilegítima de la libertad, abuso de poder y prevaricato. Sostuvo que se habían vulnerado todos nuestros derechos.

Uno de mis abogados, Ezequiel Klainer, llamó a Sebastián a contarle la buena nueva, justo en el momento en que se dirigía a la universidad a suspender su semestre de arquitectura para dedicarse de lleno a mi causa. No obstante, el abogado le aclaró que el juez había impuesto una fianza de doscientos mil dólares y si no los consignábamos no podría salir de prisión, a lo que mi hijo respondió agradecido que por lo menos ya mi libertad estaba concedida, y que comenzaría a ver cómo reunía el dinero para pagar la salida.

Feliz por la noticia, pero preocupado porque no teníamos el dinero de la caución, Sebastián llamó numerosas veces a la cárcel, pero no pudo comunicarse conmigo porque el teléfono siempre estaba ocupado.

El día transcurría normalmente, hasta que de un momento a otro un guardia me dijo que tenía una llamada desde Medellín. Era Astado, quien quería felicitarme por recobrar la libertad. Extrañada, le dije:

—Cuál libertad, Alfredo, si no me han dicho nada—.

Quedé sumida en la incertidumbre, pero como no sabía nada oficialmente y en los noticieros no parecían estar enterados, me distraje con dos compañeras de coaching que habían ido a estudiar conmigo.

Mientras tanto, las horas pasaban y no teníamos el dinero de la fianza. Pero según me contó después Sebastián, providencialmente se encontró en las escaleras del juzgado con Ricardo Solomonoff, otro de mis abogados, quien acababa de regresar a Buenos Aires proveniente del sur de Argentina.

Mi hijo le contó que había sido imposible conseguir la suma establecida por Cavallo, pero este le dijo que no se angustiara, que él la prestaría.

—Doctor, sepa que si me presta el dinero de la caución no tengo manera de garantizarle que se la puedo pagar y no quiero quedarle mal. Sé que se trata de la libertad de mi madre y cualquiera aceptaría sin pensar—, le dijo, consciente de nuestra realidad económica.

—Su mamá sale hoy Sebastián, sino Cavallo se le inventa otro delito para el lunes con tal de dejarla encerrada sin justificación. Ya subo a notificar que el pago de la caución se hace oy mismo. Espéreme acá para que vayamos juntos por la plata—, respondió sin titubeos.

Pero el juez Cavallo le dijo de mala manera a mi abogado Solomonoff que no le recibía el dinero porque era viernes y no podía dejarlo en la oficina.

Muy disgustado, Solomonoff, escribió una carta a mano en la que le pidió a Cavallo que le ordenara al Banco Nación Argentina recibir el dinero, o de lo contrario lo demandaría por privación ilegítima de la libertad. El juez accedió a regañadientes y pidió reabrir la Casa Central del Banco fuera de horario para que se depositara el dinero en una cajilla de seguridad, una vez lo contaran.

A las diez de la noche, el abogado y mi hijo llegaron a la Superintendencia de Drogas Peligrosas, donde yo estaba detenida. Se veían agotados. No lo podía creer. Sebastián me abrazó y lloramos juntos en un momento de emoción muy fuerte y luego me dijo que me vistiera y organizara mis cosas porque nos íbamos. Oré. Le agradecí a Dios.

Ahí tuve oportunidad de contarle a Solomonoff que Cecilia Amil Martin, secretaria del Juzgado de Cavallo, había ido a mi celda a interrogarme por el origen del dinero de la fianza. El abogado entró en cólera, no podía creer las arbitrariedades a las que era sometida aún a punto de recobrar mi libertad.

Más de dos horas duró el papeleo, hasta que finalmente firmé la boleta que me daba la libertad. Bajé a mi celda, la miré por última vez, cerré la puerta, puse el candado y me fui. Me fui de otro encierro, uno muy distinto de los que ya había vivido al lado de Pablo, pero quizás el más doloroso que había afrontado.

Victoria Henao con su hija Manuela, en el primer aniversario de la muerte del jefe del Cartel de Medellín
Victoria Henao con su hija Manuela, en el primer aniversario de la muerte del jefe del Cartel de Medellín

Salí con libertad condicional hasta el 14 de noviembre de 2005, cuando el tribunal oral nos sobreseyó y el 31 de agosto de 2006 la Cámara de casación penal confirmó el fallo. Todo se resumía en que alguien había querido canjear nuestro anonimato por dinero y por puestos en la rama judicial. Viví los dieciocho meses más dolorosos de mi vida. Fui castigada sin condena alguna por la justicia y privada de mi libertad durante ese tiempo por ser la viuda de Pablo Escobar.

Lo más irónico es que a nadie le importó el acoso moral que sufrí a manos de cuatro hombres: un abogado, un contador y dos empleados. Durante diez meses fui víctima de sus intimidaciones porque me vieron muy vulnerable, con una niña y dos adolescentes. Encima, de tonta e ingenua le firmé documentos en blanco con los que facilité que me quitaran lo mío. Me extorsionaron, me amenazaron de muerte, me dieron días para salir del país, prometieron «cargar» mis autos con cocaína para que nos apresaran…

El contador también cayó preso, pero acusado de lavado de activos. Lo enviaron a la cárcel de Devoto, donde los reclusos casi lo linchan por haberse atrevido a robarle a la viuda de Pablo Escobar. Luego tuvieron que trasladarlo al edificio donde estábamos nosotros, pero un piso más arriba. Fue muy desagradable saber que estaba en el mismo lugar.

Un día, tuve que subir y lo vi con los ojos muy rojos porque fumaba mucho y su cara reflejaba la congoja por estar en esa situación. No quise hablarle. Estaba muy dolida con él, sentía mucho rencor, seguía sin entender cómo había llegado tan lejos. De lo que sí estoy segura es que nunca imaginó que también sería detenido. Se supone que había hecho un trato con el juez Gabriel Cavallo para entregar a la viuda de Pablo Escobar con sus millones de dólares y por ello no lo iban a tocar. El juez, decepcionado por no poder encontrar tal fortuna, tuvo que apresarlo.

El contador usó la misma estrategia que yo para no estar encerrado y se ofreció como voluntario para pintar las paredes. Afortunadamente nunca nos cruzamos ni nos dirigimos la palabra. Él alcanzó a estar cerca de dos años en la cárcel y salió dos meses después que yo. Hace un tiempo lo vi a la salida de un supermercado y aunque me llamó, le di la espalda y seguí mi camino.

¿Qué quedó del supuesto fraude y la estafa? El Estado argentino nos devolvió dos propiedades que nos habían quitado el contador y sus socios.

La noche que recobré mi libertad regresé al departamento de la calle Jaramillo. Otra vez estaba bajo el mismo techo con mis hijos y con mis cuatro perros. Abrazar a Juana por largo rato fue inolvidable. Sebastián estaba tan agotado por lo que había tenido que lidiar aquel día, que apenas se mantenía en pie. Se presentaron en casa varios amigos para saludarme. Recibí mil llamadas de Colombia. Esa noche decidí no acostarme porque llevaba casi dos años sin ver el amanecer, así que esperé con paciencia que saliera el sol. En la madrugada le tomé fotos al paisaje y le di gracias a Dios por estar libre otra  vez. No obstante, me sentía muy extraña de estar en la casa y de poder dormir de nuevo con la luz apagada.

Tragedia en el deporte: murió en un accidente la «joya» del padel argentino

El deporte argentino vuelve a estar de duelo. Gonzalo Salías, una joven promesa del pádel argentino, murió en un accidente múltiple en la ruta 205, a la altura de Saladillo. El chico de 23 años viajaba junto a su papá y su hermana de 9, que también sufrieron heridas, aunque están fuera de peligro.

En el accidente se vieron involucrados dos autos y un camión. En el Citroën C3 color gris viajaban 4 personas, de las cuales dos eran menores que fueron trasladados a la Plata y un Toyota Corolla también gris en el que viajaban Gonzalo y su padre y un camión cuyo conductor se encuentra estable.

El mudo, como le decían sus amigos, venía de jugar la fase previa a la Final del Máster Pádel que se realiza en Buenoa Aires. Había caído junto a su pareja, Federico Chiostri, ante Jerónimo González Luque y Gabriel Reca por 6-2 y 6-1. Tras la derrota tenían posibilidades de pasar como Lucky Loser, pero no se dio y ambos tuvieron que dejar el torneo.

Gonzalo Salías era el número seis del ranking nacional de la Asociación de Jugadores Profesionales de Pádel. Fue campeón del Open de Sevilla y campeón panamericano en pareja y equipos, entre tantos otros logros.

Santo Tomé: Solicitan aumentar 20% la tarifa de remises

Con tan solo dos sesiones por delante en el Concejo Municipal de Santo Tomé, los remiseros de la ciudad se reunieron frente al edificio deliberativo para que se trate la actualización de la tarifa.

Atilra no llegó a un acuerdo en paritarias y anunció un cese de actividades

El gremio lechero exige que las empresas reconozcan la inflación total de 2018 y no solamente la de septiembre. Como protesta, se abstendrán de trabajar horas extras y/o feriados.

Entregan diplomas a jóvenes que terminaron sus pasantías laborales

Este martes los ministros de Desarrollo Social y Trabajo y Seguridad Social, Jorge Alvarez y Julio Genesini entregaron diplomas a jóvenes que completaron prácticas laborales en el marco del Plan Abre y el programa Nexo Oportunidad.

Abren la inscripción para adoptar a 14 niños y niñas

Entre este miércoles 7 desde las 8 y el jueves 15 de noviembre hasta las 17, la Provincia habilitará la primera convocatoria múltiple de adopción de hermanos. La medida es inédita: se trata de nueve casos que involucran en total a 14 chicos y chicas —la mayoría hermanos—, casi todos mayores de 10 años. También hay casos individuales, es decir, de niños que están solos. Así lo adelantó el secretario de Gestión Pública provincial, Matías Figueroa Escauriza.

Es la tercera convocatoria pública y nacional que hace Provincia, con la particularidad de que en esta ocasión será múltiple. “Las dos anteriores fueron para casos concretos: la primera para una nena de 14 años, y la segunda para tres hermanitas. Ahora, son 9 casos diferentes que representan a 14 chicos y chicas. Hay casos de chicos solos, de 16 años; otro es de cuatro hermanos; otro de tres. Y quien quiera adoptar, deberá postularse para cada caso concreto: podrá adoptar a esos grupos de hermanos, sin que éstos se separen”, precisó el funcionario.

Los 14 chicos y chicas que integran cada uno de los nueve casos son todos de la provincia. Hay de Santa Fe ciudad y de Rosario, pero también de otras localidades. Ya fueron visitados por especialistas del Registro Único Provincial de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos en los hogares donde actualmente residen. Los interesados de todo el país que quieran postularse para alguno de estos nueve casos deben inscribirse vía on line en la página www.santafe.gob.ar/convocaruaga/. Cada aspirante es evaluado.

Hasta ahora, las estadísticas oficiales muestran una repercusión positiva de estas convocatorias: en los primeros seis meses de 2018, fueron 91 los procesos de vinculaciones (adopciones), y de éstos 31 fueron mayores a 10 años de edad. Hasta octubre se registraron 102 vinculaciones en total.

Con esta nueva convocatoria múltiple, “nos pusimos como objetivo hacerla lo más rápido posible, y tratar de encontrarles familia a cada uno de los casos. Además, queremos que estos chicos y chicas puedan pasar una Navidad diferente, en el seno de una familia que los adopte en su hogar, y no en una institución. Y creo que si sale todo bien, los plazos nos darían (para ubicarlos en adopción). De lo contrario, pasados los 18 años quedarán institucionalizados, algo que no queremos que ocurra”, subrayó Escauriza.

Matias Figueroa en Radio EME

Transportistas de carga iniciaron un paro por tiempo indeterminado en Entre Ríos

Es por el incumplimiento de pago de la tarifa acordada con la Mesa de Enlace. La movilización se lleva a cabo a la altura del puente Victoria-Rosario.

Legislatura inaugurará un reconocimiento especial a los héroes de Malvinas

Durante la cena por los 20° aniversarios del Centro de Ex-combatientes y de Familiares de caídos en Malvinas, el Senador Felipe Michlig anunció que el próximo de 21 noviembre se descubrirá una distinción especial en la legislatura provincial a los héroes de Malvinas y que en el próximo periodo destinará una partida especial para que familiares del departamento San Cristóbal puedan viajar a las Islas”.

En el transcurso de un emotivo acto, el Senador Michlig manifestó que estamos todos consustanciados con nuestros héroes de Malvinas que ofrecieron sus vidas por la patria, por eso he presentado un proyecto que ya tiene consenso para que el próximo 21 de noviembre -en coincidencia con el feriado por el Día de la Soberanía Nacional-, en la Legislatura Provincial se realice un gran acto para que, por primer a vez, quede radicado en el palacio legislativo un reconocimiento a todos ellos. También nos parece justo, y a esto lo estuvimos hablando con el Intendente Rigo que muchos familiares directos de caídos en Malvinas puedan ir a las Islas, por eso dispondremos a partir del próximo año de una partida de $100 mil para apoyar ese objetivo”.

Por su parte, Sergio Manganelli, ex combatiente e integrante del Centro, dijo que “sabemos que estamos pasando momentos difíciles pero tenemos que poner el pecho para sacar esto adelante. Cada uno aportará lo que tenga que aportar, pero, sabiendo que nuestra patria es grande, tenemos muchas cosas para hacer, tenemos que dejar un futuro para nuestros hijos, para nuestros nietos como nosotros lo hicimos en 1982. Queremos el acompañamiento de todos porque si no nos juntamos nunca vamos a lograr nada, siempre decimos lo que queremos y unidos vamos a conseguir muchas cosas. Para sacar algo adelante tenemos que estar unidos, porque si no nos devoran como dice aquel dicho del Martín Fierro. Somos bastantes hombres, bastantes mujeres que sabemos defender lo que es nuestro, lo nuestro hay que defender con uñas y dientes, más allá de la forma que sea”.

“El agradecimiento a todos los que nos están acompañando, a disfrutar de esta noche que son los 20 años de aquel 1998, cuando éramos cuatro o cinco reunidos en la Sociedad Rural formamos nuestro grupo de Centro de Ex Combatientes y Familiares de Caídos en Malvinas.

En nuestro departamento hay dos caídos como son Julio César Lobos de San Cristóbal y Néstor David Córdoba de Ambrosetti y post mortem el señor Acosta y el señor Gorosito de Ceres.

Son las circunstancias de la vida, estamos de paso, pero, tenemos que dejar una semilla y que esa semilla deje un fruto que tenga futuro y no dejar un fruto para que otros vengan y lo entierren.

En nombre de todo el centro les damos las gracias a todos los que nos esán acompañando y a seguir disfrutando de este momento tan importante para nosotros, para los ex combatientes y para los familiares de los combatientes que día a día seguimos trabajando”.

El Concejo Deliberante no aprobó el aumento de UTM

Por mayoría, no salió aprobado el incremento de la tasa municipal. El proyecto del Concejal Diego Sartín que propone el congelamiento de todos los sueldos de funcionarios quedó en comisión y será tratado en la próxima sesión.

Festival de patinaje artístico en San Cristóbal

El pasado sábado por la noche, el Club Rivadavia de la ciudad de San Cristóbal se vistió de gala para recibir a gran cantidad de patinadores que realizaron hermosas presentaciones.

El encuentro estuvo organizado por el grupo de patín artístico de dicha institución que está a cargo de la Profesora Sandra Amable como cierre del año, aunque las actividades culminan oficialmente el día 30 de noviembre y se retoman en el 2019.
Como cada año, se hicieron diferentes demostraciones y los grupos deslumbraron con sus vestuarios, temáticas, maquillajes, música, iluminación, acrobacias, figuras y creativas coreografías, utilizando patines sobre ruedas.

En las instalaciones del club no entraba ni un alfiler ante la enorme convocatoria de público y de familiares que no se quisieron perder ni uno de los bailes, realmente el clima acompañó así que fue una noche de mucho color, brillo y alegría.

El grupo del club anfitrión está integrado por setenta y nueve nenas y un varón que comenzó este año a practicar esta disciplina. Todos brindaron un estupendo show, se lucieron y sus presentaciones fueron bellísimas.

“La verdad que fue una noche fantástica, resultó todo de diez y quisimos que sea rápido para no terminar muy tarde. Estoy muy contenta por la cantidad de gente que vino y todos los familiares que vienen a ver a los chicos”, comentó Sandra al semanario.

Además de los organizadores, estuvieron participando del festival el flamante grupo “Vanguardia” de la ciudad de Santa Fe junto con su equipo mundialista que estuvo presente este año en el campeonato internacional que se realizó en Francia. También dijeron presente el grupo de patín artístico del Liceo Municipal Ángela Peralta Pino de San Cristóbal, el Club San Lorenzo de Ambrosetti, el Club Libertad de Sunchales y el Club de Moises Ville.

“El equipo mundialista fue el broche de oro de una noche excelente, no nos falló ningún club y ahora le vamos a devolver la visita al Liceo Municipal y al club de Ambrosetti, porque a los otros lugares ya fuimos. Los chicos estaban ansiosos y nerviosos con la presentación y lo disfrutaron mucho. Fue un lujo”, agregó la profesora del club anfitrión.

¿Géneros en disputa? ¿Géneros violentados?: hacia una educación en igualdad

En la ciudad de San Cristóbal, principalmente en el Instituto de formación docente de la escuela Normal Superior Nº 40 “Mariano Moreno”, se está organizando la jornada de reflexión: “¿Géneros en disputa? ¿Géneros violentados?: hacia una educación en igualdad”.

La idea surge a partir de la jornada provincial de prevención de la violencia contra las mujeres, en el marco de la Ley Nacional Nº 27.234 sobre “Educar en igualdad: prevención y erradicación de la violencia de género” y una serie de actividades que se realizan desde hace varios años en espacios educativos.

Es importante que se desarrollen estos encuentros de reflexión y exposición para que el tema siga siendo visible en la sociedad. Lamentablemente, no se erradicó la violencia de género pero la lucha continúa, las mujeres no bajan los brazos y los hombres decidieron involucrarse y colaborar.

“Con un grupo de colegas pensamos la idea de adherirnos a una propuesta que hace la provincia de Santa Fe. Esto surge a partir de la realidad y pensamos en lo que podíamos hacer desde el instituto como espacio de investigación y extensión a la comunidad. La jornada tiene el carácter de ser de investigación, abriendo la posibilidad de que se puedan compartir reflexiones sobre el tema que es bastante amplio”, explicó la Profesora Laura Gatti.

Este encuentro se llevará a cabo el día jueves 8 de noviembre de 18:00 a 21:30 horas en el patio central del establecimiento y podrán participar docentes, estudiantes, representantes de instituciones, comunidad en general y quienes deseen compartir sus conocimientos, sentimientos, experiencias y puntos de vista, en calidad de disertantes o asistentes.

“Invitamos a asistentes, oyentes y a quien quiera compartir una producción. Pueden sumarse como disertantes y se pueden inscribir en la circular que está dando vueltas por las redes sociales y en la página del instituto. Se piden que se escriban como máximo tres carillas de hoja A4, van a tener quince minutos de exposición y pedimos que las envíen con anterioridad”, detalló la Profesora Lionela Abba.

Este proyecto que comenzó como una jornada institucional, tuvo una magnitud significante y será un gran encuentro, en donde también estarán presentes representantes de distintos sectores sociales y de instituciones que trabajan la violencia de género.
“Arrancó con algo pequeño, conversamos con distintas personas, pensamos en grande y resolvimos esta jornada con alcance a la comunidad y con personas que no viven en la comunidad pero que se propusieron compartir sus laburos sobre el tema”, agregó la docente Laura.

Tanto el establecimiento como la comunidad están comprometidos en trabajar y abordar esta preocupante temática y superar los obstáculos necesarios, porque lo primordial es la igualdad, la inclusión y la promoción de los derechos universales para una sociedad justa y equitativa.

“El objetivo es que estas jornadas tengan continuidad en el tiempo y el año que viene está previsto contar con distintas personas tanto a nivel provincial como a nivel nacional”, cerró la docente Lionela.

Tatuajes a beneficio de los animales

El evento “Tattoo Flash Day & Piercing” se llevó a cabo en la ciudad de San Cristóbal a beneficio de los animales indefensos y fue un éxito.