A 23 años de la inundación de 2003, la Universidad Nacional del Litoral (UNL) recuerda el rol clave que asumió durante la emergencia, cuando impulsó una red de asistencia inmediata con participación de estudiantes, docentes, no docentes y graduados, en un contexto que marcó profundamente a la ciudad de Santa Fe.
A partir de aquella experiencia, la institución consolidó iniciativas que perduran hasta hoy, como el programa de voluntariado universitario, la planta de alimentos nutritivos y el desarrollo de proyectos de extensión e investigación vinculados a la gestión del riesgo hídrico. Además, gran parte de la currícula académica incorporó la problemática, mientras que desde 2007 comenzaron a generarse aportes concretos para el diseño de políticas públicas en materia de resiliencia y prevención.
Convivir con los humedales
Desde la UNL señalan que la inundación dejó una enseñanza central vinculada a la necesidad de comprender el territorio que habita la ciudad. En ese sentido, remarcan la importancia de sostener la memoria colectiva y fortalecer la educación sobre el comportamiento de los humedales, en una región atravesada por los ríos Paraná y Salado.
En este marco, el decano de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas (FICH), Felipe Franco, quien en 2003 participó desde el ámbito académico en el análisis del evento, destacó que la tragedia “fue producto de errores, entre ellos la falta de acceso a información científica que ya advertía sobre el comportamiento del río Salado”.
El especialista señaló además que a lo largo del tiempo se sumaron factores que agravaron la situación, como obras inconclusas y decisiones de infraestructura, y subrayó que “vivimos en un ambiente de humedales y debemos aprender a convivir de manera armoniosa y respetuosa con la naturaleza”.
Franco también remarcó la importancia del trabajo interdisciplinario y de la continuidad de las mediciones y estudios hidrológicos: “No debemos descuidar el análisis de nuestros recursos hídricos ni la información científica disponible”.
En ese sentido, recordó que incluso en períodos de bajante extrema surgieron dificultades en el acceso al agua potable, lo que refuerza —dijo— la necesidad de comprender integralmente el sistema hídrico.
Finalmente, el decano destacó el concepto de seguridad hídrica como eje central, que incluye la vulnerabilidad, el acceso al agua segura y el saneamiento, y advirtió que aún existen desafíos estructurales, como la falta de cobertura cloacal en distintos sectores de la ciudad.
“La Universidad tiene un rol fundamental en formar profesionales y concientizar a la sociedad sobre dónde vivimos y qué riesgos debemos gestionar”, concluyó.





